Manuel Cruz: "Es osado decir que el proceso independentista es irreversible"

Manuel Cruz (Barcelona, 1951), catedrático de Filosofía contemporánea en la Universidad de Barcelona, columnista habitual de varios medios y autor multipublicado -más de 20 libros-, ha sido siempre partidario de un Estado federal como mejor opción de encaje entre Cataluña y el resto de España. Después de la Diada de 2012 y la convocatoria de elecciones anticipadas dio un paso al frente, acompañado de otros intelectuales y profesionales, para encabezar un colectivo que se propone difundir y argumentar las bondades del federalismo. Se trata de Federalistes d'Esquerra, que el próximo día 25 se presenta como asociación en un acto en Barcelona.

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Manuel Cruz, en una conferencia en Pontevedra
Carles Bellsolà
Viernes, 13.09.2013 19:17

Federalistes d'Esquerra se creó hace casi un año, justo después de la Diada. ¿Cómo ve la situación ahora, después de esta nueva demostración de fuerza del independentismo?

Ahora estamos en un momento de máximo ruido, pero en pocos días la situación será diferente. El mismo 11S, viendo tertulias donde participaban representantes de partidos políticos, era evidente que todos, y recalco este todos -quizás con la excepción de ERC-, decían que había que reconducirlo todo políticamente de una vez. Lo que importa de este tipo de expresiones populares es su repercusión política, hasta qué punto se avienen con una propuesta programática. Tendríamos que tomar un poco de distancia. El problema es cómo lo interpretamos.

¿Y cómo se tendría que interpretar, tanto la manifestación del año pasado y la Via Catalana de este año?

A fecha de hoy, gente que apoyaba el proceso [independentista], diarios que apoyaban el proceso, están reconociendo que este año ha sido un año perdido. Lo que vienen a decir es: "Nos equivocamos al interpretar aquella explosión popular". Nosotros surgimos como grupo precisamente porque nos inquietaba la manera como se había utilizado esta explosión democrática de la Diada de 2012, y pensábamos que es un error político interpretar aisladamente lo que está pasando en Cataluña. Cataluña es el epicentro de una crisis institucional que afecta a todo el Estado. La crisis de la clase política española también se manifiesta en la clase política catalana, evidentemente. Esto no es una cuestión bilateral, no es sólo Cataluña la que tiene un problema, lo tiene todo el país. Nosotros no somos la Assemblea Nacional Catalana federalista. No estamos para decir a Mas o a Rajoy que queremos la consulta para tal fecha y con tal pregunta. Lo que creemos es que había que hacer una reflexión, y lo que proponemos es una reforma federal de la Constitución. Evidentemente, hay que cambiar el encaje de Cataluña en España, pero no como algo aislado.

Todos estamos de acuerdo en que la democracia tiene que ser algo más que votar cada cuatro años, pero lo que no puede ser es que los partidos políticos hagan seguidismo de iniciativas que surgen de la calle. Si algún sentido tienen los partidos, es el de proporcionar dirección política. Lo que no puede hacer un partido es decir el día 10 que quiere A, y como el día 11 hay una manifestación, decir que ahora quiere B. No puede ser que se cambie no una cuestión de detalle, sino un objetivo estratégico, en función de una manifestación. Porque esto significaría, como poco, que el objetivo estratégico del día anterior no tenía ninguna garantía.

¿Está diciendo que las dos manifestaciones no se tienen que interpretar sólo en clave independentista?

Sí. Hay una secuencia que empieza en 2010 con la manifestación contra la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto. Fue un error político que el presidente [autonómico] José Montilla promoviera aquella manifestación, y que delegara la organización a una entidad [Òmnium Cultural] con un signo muy determinado. Y a Artur Mas le pasó lo mismo el año pasado. Él quería que sus tropas le apoyaran para su propuesta de pacto fiscal, pero las tropas pidieron otra cosa. Se abrió una dinámica que es cada vez más explícitamente independentista. En la manifestación del año pasado había una cierta ambigüedad, que este año no ha existido. Pero yo no descartaría en absoluto que mucha de la gente que se manifestó el miércoles, si ahora Mas les dice que ha negociado con Rajoy una alternativa que no es la independencia pero es muy beneficiosa para Cataluña, lo aceptara. La cultura política se ha debilitado mucho, y las adhesiones son cada vez más volátiles.

Cuando se creó, Federalistes d'Esquerra pidió el voto para las opciones federalistas en las autonómicas. Y finalmente estas, en conjunto, perdieron apoyo

Creo que es inaceptable la interpretación que se ha hecho desde el soberanismo. El tópico que dicen es que "no hay federalistas". En el año 74 no había autonomistas, y se creó un Estado autonómico que no es ninguna tontería. El presupuesto de la Generalidad es 10 ó 15 veces el de un país como Chile. En un reciente debate en el Congreso, todos los partidos estaban a favor de una reforma constitucional. Todos, incluso el PP, con el matiz de que decía que ahora no era el momento. El PSOE, que es el primer partido de la oposición, y también Izquierda Unida, ya están diciendo que están a favor de una reforma federal. ¿Es que esto no tiene ninguna importancia? Y miremos la encuesta de El País del pasado domingo: 40% del resto de españoles estaban a favor de una reforma federal. El soberanismo dice que no hay federalistas fuera de Cataluña, pero resulta que hay un 40%. Y en Cataluña, un 50%. El problema no es que la gente no vea con simpatía una salida federal. El problema es que esta salida federal no acaba de articularse políticamente. Por eso los adversarios castigan con un mensaje distorsionador, diciendo que no hay más respuesta que el unionismo.

Sobre las tendencias, es cierto que en las encuestas ha aumentado la simpatía por una opción federal en toda España, pero también lo es que en Cataluña ha perdido peso en favor del independentismo.

La gente no está absolutamente blindada a la manipulación. Se ha creado un clima político en Cataluña en el cual la nueva normalidad es el soberanismo. El rechazo al soberanismo es una anomalía. Desafío a quién quiera a revisar los nombres de participantes en debates en la televisión y la radio en Cataluña y ver qué sensibilidad política tienen. El mismo miércoles... ¿qué hace el Telenotícies  de TV3 cerrando con la foto fija de una estelada? Si insistes todo el día diciendo que lo único bueno para Cataluña es la independencia, el mensaje es que los no independentistas no quieren el bien de Cataluña. Este es un mensaje muy potente, que se está repitiendo constantemente, y que, obviamente, ha creado tendencia.

¿Esta dirección de la tendencia es reversible?

La historia indica que, del mismo modo que las personas se equivocan, los pueblos se pueden equivocar. La democracia implica respeto a las opciones mayoritarias, pero sería absurdo decir que, cuando una opción gana, esta opción pasa a ser la verdad. Las mayorías se pueden equivocar, y muchos procesos históricos pueden variar. Y, con la volatilidad extrema que hay ahora en la política, aún más. Además, la crisis es una máquina de triturar gobiernos. En el año 2000, cuando el PP ganó por mayoría absoluta, se creía que tendríamos PP para años. Decir que este proceso [independentista], que tiene todo este apoyo popular, es irreversible, me parece un poco osado. Otro ejemplo: ¿en que ha quedado el Plan Ibarretxe?

En nada.

Es más, el PNV vio muy claro que no le interesa estar cerca de la izquierda abertzale. Aunque Bildu sea la primera fuerza política, prefiere pactar con los socialistas, porque ve que pactar con Bildu es regalarles la hegemonía política. ¿Qué es lo que ha hecho Convergència? Le ha regalado la hegemonía política a ERC. ¿Cómo puede ser que le hagas la campaña política a tu adversario? Y si las cosas continúan igual, habrá un sorpasso. Mas se ha quedado sin iniciativa política. Lo máximo que ha llegado a hacer es intentar retardar un poco el proceso. Y al día siguiente ya salió a pedir perdón.

¿Federalistes d'Esquerra quiere que haya un referéndum?

Nuestra opción es que esto se plantee en el marco de una reforma constitucional, no aisladamente. Y tiene que ser un referéndum en el que se acepten de manera muy clara y nítida las consecuencias, no hacer una preguntita que no comprometa a nada. No tenemos ningún inconveniente en que se adopte el modelo de Canadá. No estamos a favor de que la aparente salida del proceso sea un acuerdo entre las dos derechas, la española y la catalana, para volver a un tipo de neogradualismo. No queremos que se haga una consulta que quede en nada y que la derecha catalana continúe con el peix al cove y la amenaza de la independencia. No, esto no es una salida. El día que el pueblo catalán pueda decidir si quiere continuar en España o no, hay que hacer antes un debate democrático bien hecho. Después, es necesario que las consecuencias sean claras. No tengo ningún interés en hacer una consulta de juguete en la que votar independencia no comprometa a nada, en la que, como no es vinculante, se vote independencia para dar una patada a Madrid. Este presunto radicalismo retórico que conduce a un pacto entre las dos derechas, sinceramente, no me interesa.

En el supuesto de que hubiera referéndum, ¿cuál cree que sería el resultado?

Si las dos opciones son el mal llamado unionismo, es decir, dejarlo todo tal y cómo está, o la independencia, que no se ha concretado, y que ahora se plantea como el mejor de los mundos sin un debate sólido y honesto, me parece muy probable que ganaría la independencia. Pero ni me parece deseable, ni sería un debate genuinamente democrático.

Entonces, ¿preferirían un referéndum con más de una pregunta, y donde se pudiera elegir la opción federal?

Si las cosas se hicieran como nosotros decimos, en el marco de una reforma constitucional, la opción federal ya se daría por supuesta. Entonces la pregunta sería: "¿Usted quiere estar en el marco de este estado federal, o se quiere marchar"?

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