Mas, el aventurero que ahora habla de consenso

El bien a finalmente proteger, o recuperar, es la cordura colectiva de los catalanes, contra el que Mas ha cometido todas las maldades posibles, como las cometió Perón en Argentina, Haya de la Torre en Perú y tantos otros demagogos o tiranos en todo el mundo. Ha sido el equivalente, o todavía peor, a destrozar una docena de obras maestras, creando un daño imposible de recuperar en su totalidad.

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El presidente de la Generalidad, Artur Mas
Alfons Quintà
Lunes, 16.09.2013 00:46

Creo que podría argumentar fácilmente que el futuro de Cataluña pasa por instalarnos en un cruce de caminos diferentes y contradictorios.

Si lo efectuara posiblemente dibujaría un retrato realista, dado que efectivamente hay una fuerte posibilidad de que durante años -probablemente hasta 2016- no haya otro escenario que el de la confusión, el dar aburridas vueltas incomprensibles, como los asnos alrededor de las norias, irnos hundiendo en un fango irracional e insalvable.

Con toda franqueza, creo que Mas no contempla ningún otro escenario que este, y se encuentra a gusto, porque cualquier asunción de algún realismo implicaría el fin inmediato de su vida política.

Mas yendo a Canossa y volviendo, como si nada

En pocas semanas, la desgracia de presidente de la Generalidad que tenemos ha hecho todos los papeles del vodevil. Desde ir a Madrid, como el emperador germánico Enrique IV fue de penitencia a Canossa, en 1077, a pedir perdón al Papa, a volver a excitar a sus mesnadas, que cada día son más de ERC que suyas.

Lo ejemplarizó magníficamente el consejero Homs diciendo que este 11S había sido el día más feliz de su vida.

Vaya, tenemos que suponer que no leyó El Periódico de aquel mismo día. Publicaba una encuesta seria según la cual si ahora hubiera elecciones autonómicas CiU perdería otros diez escaños. Si para Homs esto es la felicidad, hay que aconsejarle que lea a Sacher von Masoch, un patético enfermo que está en el origen de la palabra masoquismo.

En enero, Mas no quiso hablar con Rajoy

Después ha habido la carta de Rajoy. Le ha dicho a Mas menos de lo que le quiso decir el pasado enero, cuando ambos coincidieron en la inauguración del AVE entre Barcelona y Gerona. Yo lo escribí y me ratifico al 100%. Entonces, repito, Rajoy vino trayendo en el bolsillo una propuesta de reducción plurianual del déficit fiscal catalán y otra para blindar, con una ley española, el actual sistema de inmersión lingüística en catalán.

Cómo revelé entonces, Rajoy no pudo ofrecérselo a Mas porque este se negó en redondo a hablar. Este es el Mas real. Un Mas que tiró deliberadamente toda la operación de mosaico territorial usando abusivamente el tema del desequilibrio fiscal y ahora lo quiere marginar.

Los grandes tiranos de la historia han actuado como Mas, planteando de cara a la galería unos problemas que para ellos sólo eran utilitarios. El tema de Mas sólo es su poder personal, en base a usar el conflicto y la tensión.

CDC continúa perdiendo escaños

No puedo imaginarme ningún otro país europeo donde el suicidio colectivo que impone Mas en Cataluña pudiera durar tanto. Por todas partes hay unos contrapoderes institucionales, académicos, mediáticos que literalmente se lo hubieran cargado, sin ninguna violencia ni ninguna ilegalidad. Sencillamente, le habrían hecho ahogar en su propio ridículo. Pero aquí no.

Mientras tanto, el cínico o tonto -o las dos cosas- Artur Mas va tanteando nuevas versiones de su grosera autocomplacencia. Intenta efectuarlo hasta 2016, cuando las encuestas anuncien que CDC obtendrá un par de docenas de escaños, y nadie recuerde que en Cataluña hubo una sanidad pública.

Entonces, para entender la marcha del mundo se tendrá que leer en cualquier lengua, menos en catalán, la economía catalana estará al nivel de la chadiana y el abandono escolar podrá superar el 50%. Con este balance, Mas quiere establecer un consenso. Habría que estar chiflado.

Mas, el gran problema catalán

Como la situación es muy grave, quizás se tendría que empezar a decir que hay un problema interno catalán y que es de fondo. Como he escrito muchas veces, requiere la salida de Mas de la vida pública. No es tolerable la tentación (que puede haber en un sector del PSC y quizás del PP) de ayudar Mas a encontrar una salida, aunque fuera paralela en un cambio de política.

Mas es un aventurero mesiánico que ha despreciado al Parlamento autonómico más que nadie antes. Ahora osa afirmar que quiere encontrar un consenso en el seno del Parlamento autonómico. Parece que se recochinee. Un Mas que sólo ha hecho aprobar una ley (y secundaria) en dos años y que todavía no ha informado de la voluntad de privatizar la gestión del Hospital Clínico de Barcelona, que ya ha iniciado por la vía de hecho, de la peor y más rebuscada forma.

Como siempre, su objetivo prioritario es suprimir los controles de la intervención, propios de la gestión pública. Muchos nos afeitamos hace años. Mas habla de Estado-nación, un modelo muy fracasado por todas partes, pero tiene en la cabeza una institución catalana de hecho: el Estado-masía.

Como Perón o Haya de la Torre

El bien a finalmente proteger, o recuperar, es la cordura colectiva de los catalanes, contra el que Mas ha cometido todas las maldades posibles, como las cometió Perón en Argentina, Haya de la Torre en el Perú y tantos otros demagogos o tiranos en todo el mundo.

Ha sido el equivalente, o todavía peor, a destrozar una docena de obras maestras, creando un daño imposible de recuperar en su totalidad.

Ya no se ve como poder recuperar la sanidad que teníamos, ni la comunicación social, ni la enseñanza, ni la cultura, ni la serenidad. Si la broma dura hasta 2016, casi nada será posible. Mas lo sabe y lo quiere, porque si este país volviera a tener alas, las usaría para huir de sus incompetentes zarpas.

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