Operación de los poderes establecidos para perpetuar el bipartidismo

Las cúpulas de PP y PSOE admiten que hace falta corregir las prácticas políticas pero sin cambiar radicalmente el sistema. Además, apuestan por "atenuar" los casos judiciales abiertos, porque largos procesos y condenas severas implicarían un descalabro político.

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Felipe González y Mariano Rajoy, charlando con el Rey
Alfons Quintà
Miércoles, 4.09.2013 21:55
Las relaciones entre la cúpula del PP y del PSOE son mejores de lo que parece. Las une el miedo a que se acabe el bipartidismo. Para evitarlo, existe una fuerte posibilidad de que los principales casos de corrupción política o institucional tengan una solución judicial más bien suave. Estos puntos, y otros complementarios, son el resultado de conversaciones con altas fuentes económicas y algunas políticas españolas.

Sintetizando, el sistema surgido de la Transición y de la actual ley electoral ha optado por defenderse, más que reformarse. Hay que estar muy atento a los hechos que se puedan producir. De momento, ha retomado su trabajo la Comisión de la Ley de Transparencia.

Las mejores fuentes provienen de empresarios y financieros del más alto nivel. Estas fuentes no tienen adscripción política, pero sí acceso a la Moncloa y a la cúpula del PSOE, en particular a Felipe González.

Las instituciones básicas del Estado

Todo empezó con su inocente deseo de querer tomar el pulso a la situación económica. Llamé a una fuente muy importante que me expuso el núcleo de este artículo. A continuación hablé con un puñado de fuentes, esencialmente económicas y financieras.

Es evidente que estamos en una crisis política y otra económica, o viceversa, entrelazadas. Afectan a instituciones básicas del Estado, desde la Corona al modelo autonómico, pasando por el modelo (o carencia de modelo) judicial, la honestidad (o deshonestidad) en relación al dinero público, la creación de líderes, el sistema electoral y todo lo que se quiera.

En cuanto a la locura secesionista surgida en Cataluña, todas las fuentes han coincidido en remarcar que no incide. En cambio, Mas incomprensiblemente confiaba en que Rajoy le necesitaría. Ahora pasa exactamente lo contrario: muchos quieren una entente entre el PP y el PSOE. La operación que expongo, no tiene que ser la única, ni todas tienen que tener el mismo sentido. En todo caso, no tiene en cuenta la situación catalana, cosa muy comprensible. Si te instalas en el extremismo, te quedas solo, en un extremo, enterrado bajo tus propios escombros.

Ante la situación que vivimos, no se ve un modelo transversal de reforma. En cambio, lo que expongo es una visión transversal destinada a evitar cambios radicales. "No tenemos -me dice una de las fuentes- un marco institucional que nos entusiasme, pero las fuerzas políticas que esperan poder sustituirlo podrían ser todavía peores; por eso creemos que no tenemos que ir a ningún cambio radical, sino intentar evitarlo. Queremos mantener el bipartidismo y pacificar los espíritus".

A otra fuente le digo que "no parece que queráis limpiar la casa, sino más bien esconder el polvo bajo la alfombra". Me responde que "es un poco eso, pero también sabemos que hay que evitar muchos errores del pasado reciente. Sin detener las turbulencias actuales no se puede hacer nada".

Todo empezó en mayo en París

Dos de las fuentes me dicen que "todo empezó en París, el 28 de mayo pasado", en la celebración de un encuentro del Instituto Berggruen sobre gobernanza para tratar de Europa, y en especial el paro juvenil. Dos personas, miembros de la dirección de aquel instituto, jugaron un papel intersticial, pero importante. Ahora continúan estando muy atentos. Son el multimillonario Nicolas Berggruen y el periodista Juan Luis Cebrián, consejero delegado del Grupo Prisa y de El País.

Berggruen tiene una fortuna personal estimada en más de 2.000 millones de euros y Cebrián es el periodista mejor pagado de Europa, si bien el grupo de El País tiene que encarar pérdidas fabulosas. La continuidad política de aquel encuentro está, según las fuentes, en manos de Mariano Rajoy, también participante de aquel encuentro, y del ex presidente Felipe González, miembro de la dirección de aquel instituto.

También forman parte de la cúpula de aquel instituto políticos, o ex políticos, como Tony Blair, Mario Monti, Guy Verhofstadt, Romano Prodi, Gerhard Schröder, Jacques Delors y el propio Felipe González, así como intelectuales, entre ellos Anthony Giddens, Nial Ferguson, Joseph Stiglitz y Alain Minc, hombre de grandes operaciones internacionales de La Caixa.

Conozco lo suficiente la vida política española como para saber que periódicamente surgen operaciones comparables. Ahora bien, en este caso resulta que hay personas de mucho peso que están interesadas. En todo caso, es lo que me dicen personas que, efectivamente, son económicamente prominentes.

Personalmente, podría creer que una operación de limpieza aparente -o de enjuague- puede implicar empeorar todavía más una situación política y social bastante delicada en sí misma. Aun así, ahora no se ve a nadie capaz de proponer y protagonizar cambios reales, como dar la vuelta a la tortilla en el tema de la corrupción o en el "desgobierno del mundo público", para decirlo usando el título de uno de los pocos intelectuales que va a fondo en la corrupción, el profesor Alejandro Nieto.

Evitar el caso italiano de mani pulite

El febrero de 1992 empezó en Italia el escándalo de Tangentopoli o de mani pulite. Serían detenidas muchas personas. Como consecuencia política, desaparecieron dos partidos clave: la Democracia Cristiana y el Partido Socialista Italiano. Aquel ejemplo exasperó a muchos políticos caseros. Personalmente oí expresiones de odio por parte del entonces secretario general de la Presidencia de la Generalidad, Lluís Prenafeta, como del fiscal Antonio Di Pietro, que se destacó en los procedimientos judiciales.

Mis fuentes declaran que actúan porque no quieren que España siga aquel camino. "Tenemos miedo de que aparezca un movimiento republicano fuerte", me dice una de las fuentes. "No queremos cambiar el sistema actual, sino sólo mejorarlo. En Europa predomina el bipartidismo y nosotros queremos que aquí también", me dice otra fuente.

Curiosamente nadie me habla del secesionismo catalán. Soy yo quien tiene que sacar el tema. "En Madrid el separatismo catalán no preocupa a día de hoy. Muchos creen -me dice una fuente- que Mas acabará haciendo el ridículo y nada más. En cambio sí que inquieta más que ERC pueda acceder a la Presidencia de la Generalidad. Pero todavía se ve lejos. Personalmente, creo que tendría que haber una política más activa respecto a Cataluña, pero no encuentro a gente que piense lo mismo. Creen que todo es tan irracional que se irá hundiendo por sí solo", señalan.

Es muy curioso que habiendo hablado con un buen número de personas y sabiendo, desde hace años, que soy catalán, nadie planteara el tema. Diría que son otras las cuestiones que les quitan el sueño.

La corrupción antes que nada

Las fuentes creen que se tienen que reformar leyes y cambiar prácticas políticas, pero sin introducir el delito de corrupción política. Consideran urgente "atenuar" los casos judiciales abiertos, porque largos procesos y condenas severas implicarían un descalabro político.

Les replico que tapar un mal real, muy dañino para la economía y para la moralidad de la vida pública, puede conducir a que la explosión en contra del sistema actual acabe siendo todavía mayor. Pero las fuentes lo ven de manera distinta, a pesar de que ninguno de ellos sea directamente corrupto, si bien ganan mucho dinero en un mundo que saben que es corrupto.

En el marco de lo que expongo, quieren que Mariano Rajoy haga que el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, aconseje más bien prudencia -por decirlo de forma edulcorada- a los fiscales. Quieren que Rajoy pueda mandar "con comodidad" y no tenga que estar paralizado por los escándalos. "Si Rubalcaba fuera presidente, también querríamos lo mismo para él", me dice una fuente.

Curiosamente, algunas de las fuentes muestran una clara antipatía respecto a Ruiz-Gallardón. Una de las fuentes cree que es la única persona que realmente aspira a sustituir a Rajoy. Me dice que la mayoría del PP está en contra de Ruiz-Gallardón, pero que en cambio podría llegar a una entente con Rubalcaba. A este último, le marginan, mientras hablan favorablemente de Felipe González y, en menor grado, de Javier Solana. Como creo que tengo que hacer de notario y no asustar, no insisto demasiado respecto de estas distinciones, esperando poder hacerlo en un futuro.

También evito entrar en consideraciones respecto a Nicolas Berggruen, de 52 años, de padre judío (creador del magnífico Museo Berggruen de Berlín), nacido en Francia y de doble nacionalidad, alemana y estadounidense. Destacan que tiene un gran peso económico en Francia y en medios de una vieja organización que se declara "discreta" y a menudo fue más bien secreta. Quien esté interesado, puede encontrar fácilmente en internet artículos del propio Berggruen publicados en El País, diario al que está vinculado.

Todo está encarrilado

Si algo une todo esto es evitar un traspié, como hizo mani pulite en Italia. Les interesa, en el sentido indicado, el impresentable caso Nóos, el caso de José Blanco (resuelto hace muy poco y que sitúan el marco de lo que expongo), el caso Matas (también más bien resuelto, en Baleares), el caso Faisán (que parece que ya no puede afectar a Rubalcaba) y, por supuesto, el caso de los ERE de Andalucía y sobre todo el caso Bárcenas. Para decirlo sencillamente, creen que ir a fondo en estos temas implicaría trastornos imprevisibles, que quieren evitar.

Respecto al tema Bárcenas, una fuente me dice: "Creo que no tienen por qué producirse daños colaterales, que hagan daño a la cúpula del PP. Así, quedaría todo reducido a un delito fiscal afectando sólo a Bárcenas". Hace sólo dos días tuvo lugar la sorprendente aparición en un tema informativo delicado del presidente del diario La Razón, Mauricio Casals, personaje que parece que es muy poderoso y muy activo en la sombra.

Cuando se lo comento, una fuente me dice: "Hay muchas operaciones transversales para reducir el alcance del gran desbarajuste creado". Le advierto de que quizás sería mejor hacer reformas en profundidad, siempre en contra de la corrupción. Me contesta: "¿Tú te verías capaz?". Rápidamente le digo que, respecto a Cataluña, no me vería capaz de reformar nada, dado que hay un enloquecimiento muy grande. En Madrid quizás hay más campo por recorrer, si bien, con grandes posibilidades de que las reformas serias acaben fracasando.

En efecto, no estamos ante casos puntuales ni aislados, sino de un sistema. Como parece indicar lo que he expuesto, algunos empresarios que pueden perder mucho creen que con un cambio podrían perder más.

Una operación como tantas otras

Hay que afirmar que operaciones, o esbozos de operaciones, como la que honestamente he expuesto, siempre las ha habido en España. Desconozco el porcentaje de éxitos y de fracasos, pero todas las que he visto, con una cierta distancia y siempre sin implicarme, tienen un cierto valor en cuanto a indicadores de una realidad podrida. Las explica nuestra debilidad institucional, la gran resignación imperante y la falta de personas con coraje y competentes. En la medida en que tenemos parlamentos ineficaces e irreales, la realidad (a menudo aliñada de irrealismo) circula por otras vías.

Ahora parece que, mutatis mutandis, en cierto modo se quiera recuperar, discreta y encubiertamente, el Pacto del Pardo de 1885. Permitió la alternancia entre el conservador Cánovas y el liberal Sagasta. Realmente, ni en el conjunto de España, ni en Cataluña, se entienden los sentimientos de autosatisfacción (la maldita autocomplacencia catalana) que dominaban hasta hace poco.

Ahora se nos ve desnudos y enfangados. Por lo tanto, hay lugar para todo, incluso añorar un sistema que ahora se demuestra carcomido desde su inicio. Ciertamente, aún puede llegar a estarlo más, en sentidos diversos.