'Dragonslayer', un manifiesto de la generación 'skater'

La vida al límite del patinador Josh 'Skreech' Sandoval: fiestas, cerveza, maría, piscinas vacías pero también la lucha por la libertad individual y la resistencia a la vida moderna convencional centrada en el consumismo

3 min
Imagen del documental 'Dragonslayer'
Fco Javier Rivas
Martes, 15.10.2013 18:52

La vida de un skater punk-rocker sin tapujos: alcohol, fiestas, marihuana y las piscinas vacías y abandonadas que el estallido de las hipotecas sub-prime han dejado en el paisaje de los EE.UU. Esa es la vida del protagonista del documental Dragonslayer (hasta el 20 de octubre en el cine Zumzeig), Josh Skreech Sandoval, que muestra una parte de su caótica existencia. De hecho Tristan Patterson, el director, conoció a Skreech en un hangar con apariencia de estar desnutrido pero con cinco tabletas de ácido en el cuerpo. Ni siquiera era capaz de hablar pero sí de patinar.

Quizá estas tres pinceladas den a entender que éste es un film sobre la vida inmadura de un joven, con un hijo, que ya ha dejado atrás la adolescencia y no se ha enterado. Pues sí, es el retrato de una nueva generación perdida pero hay bastante más que eso y que una secuela de La Decadencia de la Civilización Occidental, premiada con el Mejor Documental del SXSW 2011.

Hay en este documental y en la vida de Skreech una feroz lucha por la libertad y por mantener el control de su propio hilo vital el máximo tiempo posible antes de caer en la convencionalidad. Una batalla en la que uno ha de estar dispuesto a perderlo todo, y Skreech no duda, porque es un superviviente nato criado en los suburbios de Fullerton, en el interior de California. Atención a la banda sonora: Best Coast, Bipolar Bear, Children, Death, Dungen, Jacuzzi Boys, Little Girls y Thee Oh Sees.

Es un skater que ha dejado a sus esponsors, vive en una tienda de campaña en el jardín de un amigo para patinar cuando y donde quiere y, en fin, hacer lo que le dé la gana. Una de las escenas más definitorias de la película, que además de estar adornada con bastantes borracheras y fumadas grabadas a pulso también tiene inusuales momentos de belleza extática, es cuando Skreech lleva a su hijo de pocos meses a ver una réplica de la Campana de la Libertad en un museo. La libertad individual para llevar su vida por donde quiera hasta que aparezca, ay... el amor.

Nuestro antihéroe se enamora de Leslie, una joven poco habladora y de apariencia sofisticada, por la cual no dudará en empaquetar sus pertenencias y, tal y como él dice, “hacer cosas y ver lugares”. Es decir, antes de que aparezca el monstruo de las obligaciones y responsabilidades en la forma de un trabajo y facturas, Skreech aprende a pescar o se va a bañar en unas cascadas en un Parque Nacional.

Disfruta de la vida mientras dura la rebeldía que, con el tiempo, se apaga y transforma en inconformismo que, a través de la voz de Leslie se puede escuchar en el siguiente manifiesto:

"Cómo derrocar al Gobierno y pasártelo bien. Pon agua en el depósito del coche de policía o mejor todavía, azúcar. El agua estropeará el depósito pero el azúcar joderá todo el sistema. Tira piedras a las ventanas, incendia vallas publicitarias, eso no es vandalismo, sino lo que hacen ellos destruyendo la naturaleza con cemento y acero. Compra alcohol clandestino o hazlo tú mismo. El alcohol legal tiene impuestos, cada vez que bebes, enriqueces al Gobierno. No trabajes o coge el trabajo más precario con el que puedas sobrevivir. Hazte insumiso fiscal, como Willie Nelson. Defiéndete, defiende a tus amigos y a tu familia. No cuentes con la policía. Vive tan al margen del Estado y las grandes corporaciones como puedas. Edúcate a ti mismo, entérate de lo que pasa. Cuánto más sepas, más peligroso eres para el Estado".