Miedo

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Jueves, 31.10.2013 08:04

Leo que el Gobierno autonómico no tiene intención de cambiar sus planes, "que no variará el calendario de la consulta pero que espera una propuesta española". Dicho de otra forma, cualquier propuesta se entenderá como un signo de debilidad que, lejos de acercar un acuerdo, lo que hara es ratificar el camino elegido. Entrar en esta lógica sería parecido a pagarle el abogado a quien amenaza con demandarte. Negociar, sí; pero no con quien de entrada te dice que hagas lo que hagas sólo servirá para fortalecer su opción. Eso no es negociar es rendirse.

Sólo se puede negociar si se vuelve al minuto cero y se suspende el calendario secesionista y se acepta que en caso de acuerdo este se adaptara a los acuerdos alcanzados. Y si el Gobierno autonómico no quiere hacerlo, los catalanes que sí quieren, que son mayoría según los últimos sondeos de La Vanguardia y El Periódico deben primero ponerse de acuerdo y después negociar con el Gobierno español. Ahí radica la responsabilidad de los partidos no independentistas y muy especialmente de aquellos que se reclaman partidarios de una tercera vía.

La encuesta demuestra que la política del miedo es la que han conseguido institucionalizar los nacionalistas, nada menos que casi 20 puntos más de miedo entre los no independentistas que entre los que lo son

Otra cosa sería ceder a las pataletas de Mas. Y cualquier manual explica que no se debe ceder a las pataletas. Porque el proceso segregacionista no nace de un discurso sostenido en el tiempo y debatido con rigor, sino que surge de las urgencias de un político incapaz de asumir la responsabilidad de gobernar en tiempos de crisis. Surge del populismo más descarnado, incompatible con una democracia formal. Y recuerden que, sin formas, no hay democracia. Hay vías de hecho.

Las últimas encuestas continúan manteniendo la ficción de que es posible una independencia no acordada de Cataluña sin salir de la Unión Europea (UE), porque es la única manera de mantener la apariencia de que el movimiento independentista es mayoritario. Pero todo el mundo medianamente informado sabe que la secesión no acordada implica la salida de la UE. La consulta ha dejado de ser el objetivo para convertirse en un mero argumento retórico, que pretende seguir tapando a un gobierno inexistente y permitir a los partidos nacionalistas presentarse a las elecciones sin rendir cuentas y practicando el victimismo que tanto les gusta. Un victimismo curioso pues va acompañado de un aire de superioridad, de prepotencia dirigido a mantener la moral de sus seguidores y atemorizar a los que no lo son.

La encuesta de El Periódico demuestra que la política del miedo es la que han conseguido institucionalizar los nacionalistas, nada menos que casi 20 puntos más de miedo entre los no independentistas que entre los que lo son. En concreto, un 28,6% frente a un 10,6%. Una parte de la población catalana no desdeñable vive atemorizada. Y los que más atemorizan, a la encuesta me remito, son los que pretenden ir de víctimas y denuncian presuntas campañas del miedo. Recomendar a los pacientes que se lean el prospecto de una medicina o los peligros de una intervención quirúrgica no es atemorizarlos. Es tratarlos como adultos. No hacerlo demuestra una carencia total de deontología. Una falta absoluta de ética. Crear las condiciones para que los ciudadanos piensen que no ser independentistas puede perjudicarles, eso si que es atemorizar.

Y el miedo nace tanto de la presión social como de la evidencia de que no ser independentista puede perjudicarte en tus relaciones con la administración pública. Es igual que seas empresario que funcionario. La neutralidad de la administración pública nunca es total. Ahora, simplemente, no existe y no se guardan ni las formas.

Lo que es demencial es la inacción del Gobierno central y de algunos partidos

Pero no toda la culpa de la situación la tienen los nacionalistas. Ellos, al fin y al cabo, aplican la lógica de que en la guerra todo es lícito. Lo que es demencial es la inacción del Gobierno central y de algunos partidos. Su silencio, al menos, hasta hace poco. Los no nacionalistas han tenido la impresión, bastante realista, de estar abandonados a su suerte.

Parece que una parte importante de la sociedad catalana, que hasta ahora ha estado en silencio o ha jaleado el movimiento independentista, por miedo, táctica o prudencia, ha decidido pasar a la acción. El editorial de La Vanguardia, o las declaraciones de Juan María Nin y Jaume Guardiola son una expresión de lo que digo. Bien está. Esperamos hechos, no sólo palabras.

Hay que negociar, sí. Pero con quien quiere llegar a acuerdos. No con quien los niega. No con los que quieren ganar tiempo para fortalecerse. No con los que pretenden concesiones que quieren utilizar no para acabar con el conflicto sino para estar en mejor disposición de ganarlo. No con los que atemorizan a parte de la población. Con miedo, no hay democracia. La democracia no puede ceder a chantajes. La historia nos demuestra que cuando lo ha hecho ha acabado sucumbiendo.

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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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