Qué mal pinta esto

6 min
Miércoles, 23.10.2013 08:09

El nacionalismo catalán ha necesitado para su supervivencia un enemigo imaginario durante estos 35 años de democracia, cuestión esta que se expuso con aparente naturalidad en los años 80 con motivo del caso de Banca Catalana. Aún tenemos vivos en nuestros recuerdos las distintas manifestaciones que, en lugar de defender a la justicia y que los corruptos fueran a la cárcel, estas se hacían contra de España, comparando a Felipe González, entonces presidente de Gobierno, con Felipe V, el borbón que sofocó la rebelión de Cataluña en la Guerra de Sucesión, y como todo ello se hacía en nombre de Cataluña.

En realidad, de lo que se trataba era de depurar las responsabilidades de los administradores de Banca Catalana por diversos delitos, entre ellos, el de apropiación indebida. Entre los encausados estaba el propio Jordi Pujol, que entre otras minucias, se le acusaba de haberse apropiado de 516 millones de las antiguas pesetas y quebrar un banco que costó al erario público 20.000 millones de pesetas.

Estos episodios tuvieron una gran trascendencia para el futuro del nacionalismo y el encaje de Cataluña en España, pues esta es la forma de actuar del nacionalismo moderno y que se repite en la actualidad. El Gobierno de Felipe González prefirió no ahondar más en esas arenas y pactar distintos gobiernos de España con el nacionalismo catalán ya que a su juicio no ponían en riesgo la integridad del Estado español, cuando en realidad lo que querían decir es que estos nacionalistas de CiU eran necesarios para la gobernabilidad porque hacían de bisagra para la sostenibilidad de los sucesivos gobiernos.

No podemos dejar pasar por alto las imprudencias de Zapatero, con aquel "Pasqual, ¡apoyaré la reforma del Estatuto de Cataluña que apruebe el Parlamento de Cataluña!"

González es el primero en reconocer el hecho diferencial catalán, para así públicamente congraciarse con los nacionalistas, tanto los de su propia casa, PSC, como con el resto, Pujol y los suyos. Otros, después, decidieron "hablar catalán en la intimidad". Tanto es así que en la época de Aznar, los nacionalistas vascos y los catalanes se llenaban la boca diciendo que "hemos alcanzado mayores cotas de autogobierno con el Gobierno de Aznar, en una semana, que con el PSOE en doce años".

Esto nos da una idea de lo importante que eran y son los nacionalistas para los sucesivos gobiernos, con independencia del color del gobierno de turno. De aquí vienen todas las políticas mercantilistas de los nacionalistas y de los agravios inventados con tal de obtener ventajas sobre el resto de los pueblos de España. Este mercantilismo se llama hoy en día "tercera vía".

Además, no podemos dejar pasar por alto las imprudencias de José Luis Rodríguez Zapatero, con aquel "Pasqual, ¡apoyaré la reforma del Estatuto de Cataluña que apruebe el Parlamento de Cataluña!". Dio alas a los nacionalistas, incluidos a los del PSC, para proponer un Estatuto independentista.

A estos hechos y frases grandilocuentes hay que añadirles la acción de gobierno de los distintos tripartitos en Cataluña. ¡Claro que de esos polvos vienen los lodos que ahora padecemos! Ya no estamos por el bilingüismo, ahora estamos por la inmersión lingüística, para algunos no suficiente, ya que están pidiendo que el catalán sea lengua oficial única en Cataluña. Ya no estamos por un concierto económico a la vasca, o por las inversiones en infraestructuras, ahora estamos por la independencia.

Pues bien, si los vaticinios que prevén determinadas encuestas sobre la intención de voto se confirman, la fractura social será un hecho irremediable. Responsables, todos aquellos que teniendo como mandato de todos los españoles el hacer una España más igualitaria, prefirieron cerrar los ojos echándose en manos de la gobernabilidad con los nacionalistas, en lugar de estar por los pactos de Estado con las fuerzas políticas mayoritarias. Para eso, precisamente, sirve el bipartidismo; y no para deshacer lo que teje uno en un mandato y viceversa, en función del clientelismo de cada uno.

A la voz de Cataluña era atacada por las hordas marxistas de España. Gobernaban los socialistas. Pero, es lo mismo, en otra situación habrían sido los nacionalistas españoles

Las cuestiones de Estado, como la vertebración de España, la sanidad pública, la enseñanza, la vivienda, las situaciones de dependencia, están por encima de la política coyuntural ideologizante y, no solo eso, están consagradas en la Constitución.

Antes fue Pujol, que instrumentalizaba, a través de los sentimientos a los ciudadanos y los movilizaba en interés propio, para tapar la quiebra de una entidad bancaria donde estaba involucrado. A la voz de Cataluña era atacada por las hordas marxistas de España. Gobernaban los socialistas. Pero, es lo mismo, en otra situación habrían sido los nacionalistas españoles.

Actualmente, el nacionalismo que repentinamente profesa el jacobino presidente autonómico Artur Mas le viene como consecuencia de los múltiples procesos judiciales por corrupción, que afectan a su partido, a su familia, a la del ex presidente autonómico y a los nacionalistas de UDC.

Este nacionalismo sobrevenido es utilizado nuevamente para tapar el desgobierno y la corrupción, una vez más se están utilizando los sentimientos, sin tener en cuenta las consecuencias, y por eso nos preguntamos, ¿ahora qué? ¿Estamos dispuestos a que un iluminado que ha estado huyendo hacia delante, que nos ha llevado a una situación política y socialmente insostenible, nos lleve a la violencia? ¿Estamos dispuestos a apaciguar nuestros sentimientos, y a dejar que la inteligencia se imponga a la necedad de nuestros dirigentes?

Permitidme aquí que parafrasee un verso del poema Mío Cid: "Que buenos vasallos seriamos los catalanes, españoles, si tuviéramos buen señor".

Artículos anteriores
¿Quién es... Isidro Carpio?
Isidro Carpio

Secretario general del Partido Socialista y ex teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Mollet del Vallès (Barcelona) con el PSC.