Veremos si el Parlamento autonómico nos engaña

Sueldos y organización alucinantes en el Hospital Clínico de Barcelona

Hay dudas sobre si la Generalidad asumirá la resolución parlamentaria respecto a que el Clínico sea un "consorcio público". El director, Josep Maria Piqué, se resiste, mientras aparecen insólitas prácticas internas. Los escombros de la moribunda sanidad pública asustan a todo el mundo. Estamos en el "sálvese quien pueda" sanitario. De pésimamente sólo podemos ir a peor. Todo el mundo reconoce que todo va a la deriva.

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El consejero de Salud de la Generalidad, Boi Ruiz, y el director general del Hospital Clínico de Barcelona, Josep Maria Piqué
Alfons Quintà
Lunes, 21.10.2013 10:12

El martes se celebra la penúltima reunión de la comisión parlamentaria de investigación de la sanidad. La semana pasada hubo una comparecencia del consejero Boi Ruiz en el Parlamento autonómico que fue ahogada por los medios oficialistas.

El Hospital Clínico de Barcelona (HCB) es ahora la piedra de toque de la destrucción sanitaria. Se expondrá su singular organización, con aspectos de cuestionable legalidad. Oficialmente no se privatizará la gestión. ¿Será porque ya lo es? ¿A cuánto va el kilo de camelos?

Hay que temer que la ley de acompañamiento del presupuesto y el aventurismo de ERC puedan permitir que, en la práctica y en realidad, se eche atrás una reciente resolución del Parlamento autonómico reafirmando que el HCB tiene que ser (es decir, continuar siendo) "un consorcio público". Si aquella resolución no se traduce en un giro copernicano dentro del Clínico, que es lo que cuenta, el Parlamento autonómico habrá asumido un gran engaño.

Sueldos fabulosos y poder privativo

De momento, en el Clínico continúa habiendo unos sueldos fabulosos para su cúpula médica, encarnación de un tipo de poder corporativista y privatista, sin parangón en ninguna parte. También hay una autoprotección de aquella pequeña cúpula médica, mediante una organización de dudosa legalidad que se expondrá en este papel.

En aquella cúpula no hay "mileuristas", sino "cienmileuristes" e incluso bastante más. Por lo tanto, de momento, la resolución del Parlamento autonómico viene contradicha por los hechos. Si la contradicción perdurara, el legislativo autonómico catalán todavía incrementaría su ya sustancial desprestigio.

La mencionada resolución parlamentaria devendría un camelo, si se mantuviera la actual estructura interna del HCB. Tiene más de paternalismo medieval (pero con sueldos de Wall Street) que de una sanidad pública moderna y equitativa. Ay, temer su supervivencia está bien justificado, mientras Piqué parece dispuesto a todo para sobrevivir.

El Parlamento autonómico, incluidos diputados de CiU que no son del núcleo duro, viven en el limbo, mientras la dirección del HCB lleva a cabo una presión política inmensa para mantener privilegios, junto con otras disfunciones que se expondrán. La dirección del HCB no quiere ser un "consorcio público". En esta presión juega un papel decisivo Xavier Pomés, antiguo consejero de Interior y de Salud, bajo Pujol, y ahora presidente del patronato del HCB. Falló en el mismo cargo con respecto al Hospital de San Pablo.

Echar atrás una resolución del Parlamento autonómico

Dicho claramente, el director general del Hospital Clínico de Barcelona, Josep Maria Piqué, está intentando echar atrás la resolución del Parlamento autonómico que, en principio, frenaba la privatización de la gestión de aquel centro, público por antonomasia, desde siempre. Pero ha pasado a estar muy marcado por la privatización de hecho llevada a cabo a hurtadillas por Piqué, en total entente con la Generalidad.

Estamos ante un caso muy típico en nuestra casa. Consiste en no cumplir una norma (o una resolución) superior basándose en disposiciones inferiores o bien sólo de hecho. Un político del siglo XIX lo describió gráficamente diciendo que dejaría a la oposición promulgar las leyes si él, desde el gobierno, podía redactar los reglamentos.

Piqué, hombre 100% al servicio de CDC, quiere desde siempre convertir el HCB en un ente de gestión privada, en beneficio de una pequeña cúpula de médicos con ganancias estratosféricas. Boi Ruiz creyó que el HCB sería un modelo de sanidad pública concertada, mientras que Innova -la del imputado Josep Prat- sería el modelo de la destrucción de la pública pura. Recordarlo da risa.

Una parte de aquel sueño (Innova) ha acabado siendo un maravilloso antimodelo. El modelo del San Pablo inspiró a Piqué y a Pomés. Decidieron aplicarlo al HCB a pesar de que también falló, fracasando estrepitosamente Xavier Pomés.

Lo que pase con el HCB será una señal fuerte. ERC o Piqué tienen que obrar en un sentido o en otro. Esto acredita que CiU y también Ruiz están siendo superados por un desastre que también ha recaído sobre ellos. Esto no atenúa nada su responsabilidad.

Maniobra preelectoral de ERC

Ruiz, Prat y Piqué creían que teniendo a su servicio el aparato mediático de la Generalidad todo iría como la seda. A pesar de esto, se ha conseguido mostrar que la destrucción de la sanidad ha hecho perder votos a CiU. Finalmente, ERC lo ha recogido y no quiere que le pase lo mismo.

El miedo de perder votos por la destrucción sanitaria, como le ha pasado, y le continuará pasando a CDC, hizo que ERC optara por votar la mencionada resolución parlamentaria. Fue para salir del paso, dado que en sanidad ERC es una mezcla de ignorancia (a niveles cósmicos en el caso de la diputada Alba Vergés) y de un gran hígado, como el que tiene CiU.

En ERC, de humanismo, de equidad, de sensibilidad o de amor al progreso, nada de nada. No hay ninguna certeza de que ERC, con su probable aprobación de la jurídicamente nefasta ley de acompañamiento del presupuesto, dé un paso, o más, en sentido contrario, olvidándose del "consorcio público". Siempre puede volver a decir que "es culpa de Madrit". No viene de un palmo.

En todo caso, con una resolución parlamentaria no es suficiente. Lo que hace falta es destruir la estructura de poder de Piqué y liquidar su insensata, pero interesada, aventura. Hablar de "consorcio público" para continuar como antes, no puede dejar de ser considerado una tomadura de pelo por parte de ERC. Esta maldad sí que le haría perder votos a ERC.

Un lingüista diría que en política es peligroso usar un lexema que es antagónico al semantema. Lo que pasa con el nombre de Piqué y con el concepto "consorcio público". A los nabos no se les puede llamar coles.

No es posible intentar que el HCB tenga tan sólo una apariencia de "consorcio público" confiándolo a una persona (Piqué) que ha dedicado su vida a luchar contra la naturaleza pública del HCB. Aun así, no hay que despreciar la sed de poder de Piqué ni su deseo de continuar en el Clínico. También está la dificultad de encontrar sustitutos en una sanidad que está en ruinas.

Actividad frenética de Piqué

La aprobación de aquella resolución del Parlamento autonómico, con los votos de CiU, ERC y PSC fue a continuación interpretada, creo que con satisfacción, como la derrota de la política privatista de Piqué y de Ruiz.

Con un sueldo oficial de, como mínimo, 180.000 euros (según la memoria de 2010) ahora Piqué podría estar cerca de los 250.000 euros con las dietas y percepciones del mencionado "multigrupo" del propio Clínico. Piqué es presidente o bien vocal nato.

Precisamente aquella memoria, 100% oficial, pero reservada, si bien tengo un ejemplar, muestra que hay 30 colaboradores de Piqué que cobran, como "total fijo, más variable, sin decremento", más de 100.000 euros al año. Es decir cerca de 17 millones de las antiguas pesetas por año y persona.

Por otro lado, las páginas 48 y 49 de otro documento, las Cuentas anuales del ejercicio finalizado el 31 de diciembre de 2012, detallan 21 empresas del "multigrupo" con Piqué como alto directivo.

Barnaclínic es la más importante empresa, sobre todo a la hora de mantener una cúpula fiel a Piqué, que en algunos casos gana incluso más que este mismo. Aparece reseñada en la lista la inefable Trasplant Services Foundation (TSF).

Trasplant Services Foundation

Esta merecería un largo artículo por sí sola. Resulta que en 2010 la Generalidad efectuó el siguiente y breve "diagnóstico de la situación", incluido en los Presupuestos de la Generalidad de 2011:

"Desde el pasado 29 de junio [de 2010] la Trasplant Services Foundation tiene el mandato por Decreto del Gobierno [de la Generalidad] de disolverse para traspasar al Banco de Sangre y Tejidos (BST) la gestión de sus funciones. Durante 2011 se espera concluir este proceso de traspaso y disolución".

Pero mira por dónde en las Cuentas anuales del ejercicio finalizado el 31 de diciembre de 2012 (sic), del propio HCB, en el epígrafe de inversiones financieras aparece el siguiente y curioso texto:

"Las participaciones a empresas del grupo corresponden, principalmente, a una participación del 70% en el capital social de Barnaclínic S.A. Durante el ejercicio 2012, el Clínico ha adquirido a la Trasplant Service Foundation 57 miles de euros de acciones de Barnaclínic S.A. [A] 31 de diciembre de 2012 no se han preparado cuentas anuales consolidadas dado que el impacto no será en ningún caso significativo".

¿Quién manda en sanidad?

¿Quién manda, Piqué o la Generalidad? Según me dice una fuente de CDC, Boi Ruiz sabe que incluso dentro de CDC se le ve con "asco" (palabra usada por la fuente). Esta me dice que muchos militantes lo acusan de haber causado un gran daño a CDC y que no es miembro del partido.

Le contesto que Ruiz siempre ha obedecido a Mas y a Mas-Colell, y aquí la fuente me da la razón. A ver si ocurre lo que en francés llaman una "guerra de cabecillas". De cabecillas radical y públicamente fracasados.

De la trayectoria del HCB en el terreno, a menudo muy rentable, de los trasplantes, sangre y tejidos también habría que escribir. Es un campo donde la distinción entre público y privado es legalmente importante.

La resolución del Parlamento autonómico calificando de "consorcio público" al HCB parece una broma, si se mira la actuación de Piqué. No se puede aplicar este nombre a un conjunto por el que Piqué ya ha optado, hace años, con la complicidad y el aplauso de la Generalidad, por una estructura de acreditada falta de equidad, junto con una alucinante singularidad sindical, que ahora se expondrá, todo en un marco de un severo privativo pero no jugando con dinero privado sino público.

Obrando así, si ganan, ganan, y si pierden, por algo debe servir tener amigos en la Generalidad. Todo es fácil de explicar y para algunos fácil de asumir.

El único programa de acción de Piqué y de toda la estructura organizativa que ha creado en el HCB es 100% privativa y sobre todo corporativista, en las peores y más extremas acepciones de las dos palabras. Es así documentalmente y también según las explicaciones de Piqué al personal, de las cuales tengo conocimiento muy detallado. Algunas de estas fuentes consideran que Piqué está tan ávido de poder que también podría optar por abandonar su plan privatitzador.

Convenio franja para los médicos

Un aspecto clave del poder de Piqué es la existencia de un convenio franja para los médicos, así como un sindicato, digamos, de la casa también para médicos (de nombre Asociación Profesional del Comité de Delegados Médicos, APCDM) y todo ello teniendo como elemento clave Barnaclínic.

Se trata de una muy cara clínica privada del propio Clínico, y situada dentro del mismo HCB. En ella trabajan periódicamente médicos del propio HCB, debidamente elegidos y autorizados, cobrando cifras fabulosas así como alquilando equipamiento y personal auxiliar también del HCB.

Obviamente, poder ser intervenido pagando, en Barnaclínic, no implica ninguna lista de espera. La falta de equidad es paradigmática. Como paciente del sistema público, podrías (ahora seguro) tener que esperarte por falta de sala de operaciones, o de equipamiento, o de personal, que está trabajando (y cobrando infinitamente más) en Barnaclínic.

Además, no se trata de una competición entre la sanidad privada (que ha requerido de una inversión de accionistas e implica un riesgo económico), sino del uso nada equitativo de medios públicos empleando personal formado y en plantilla en el sistema también público.

Al mismo tiempo, está el problema de la imposición -puesto que Barnaclínic tiene exacciones fiscales- y de las diferencias tarifarias.

Un tema particularmente clave y delicado consiste en que, según me informan varias fuentes, la afiliación a la citada asociación pretendidamente sindical (la APCDM) sería paralela o incluso podría ser iniciada con una posible unidad de facto con la firma del contrato del médico. Creo que todo esto se aclarará porque realmente precisa una aclaración jurisdiccional.

Todo continúa igual que siempre

Resulta grotesco que el Parlamento autonómico apruebe una resolución formal reiterando que el HCB tiene que ser un "consorcio público" y todo continúe cómo siempre.

Es decir, con una entente total entre, por un lado, Piqué, amparado por su pequeña cúpula, pero cada día más criticado por médicos jóvenes y otro personal y, por otro lado, Boi Ruiz y Xavier Pomés, que se identifican totalmente con Piqué. La proximidad a Piqué de miembros de sindicatos llamados de clase y no de clase también tiene interés.

La semana pasada, la comparecencia de Boi Ruiz en el Parlamento autonómico fue ignorada por la mayoría de medios informativos, a pesar de que algunas mentiras fueran desenmascaradas. El búnker sanitario de CDC no tiene rumbo ni norte. Los usuarios sufrirán todavía más, en un clima de desplante y cinismo.

Como había previsto, los hechos demuestran que lo que queda de la sanidad pública catalana está acabando de hundirse. Ahogado por su incapacidad, siempre aliñada de soberbia, Ruiz ha agotado el arsenal de mentiras.

De la siniestra máxima maoísta, "antes de construir, hay que destruir", ha cumplido la segunda parte, mientras no puede ni quiere encarar la primera. No es un juego de palabras, sino la realidad pura y demostrable.

La sanidad, modelo a escala de la Generalidad

Lo que fue la sanidad catalana es hoy una reproducción condensada y letal de la política general de la Generalidad. Es un desastre patente al que sólo le aplican un ungüento fallido, por sobredosis: "La culpa es de Madrit". Así empieza y acaba su discurso. No queda nada más. Continúan queriendo taparlo con el uso y abuso de la estelada. Pero ya no les puede servir ni de dodotis, de pañales. Están más desnudos que el rey del cuento de Andersen.

En cambio, si las mentiras se convirtieran en euros, se nos habrían acabado los problemas económicos. Aun así, un millón largo de catalanes conoce y sufre más o menos directamente la maldad sanitaria de la Generalidad. En efecto, finalmente la Generalidad reconoce que hay 80.000 personas en las listas de espera. Es menos falso que negarlas, negación en la que han hilado fino hace muy poco.

Pero continúa siendo mentira. Un alto facultativo, con carné de CDC hasta hace poco, me dice que el número real de espera es bastante más del doble, contando aquellos que no pueden ni entrar en las listas de espera por un atraso deliberado de pruebas diagnósticas.

Si añadimos a sus familiares, los de los 240.000 funcionarios de la Generalidad y sus familias, el personal sanitario despedido (hoy menos que mañana) y el recortado, junto con sus familias, llegamos o superamos de sobras el millón de personas.

Dos años de denuncias sanitarias

En cuanto al conocimiento del inmenso drama, estamos mejor que el 25 de octubre de 2011, cuando escribí el primer artículo en el Diari de Girona exponiendo quién era realmente Josep Prat. Entonces temía ser tomado por histriónico. Ahora ya se ve que los verdugos de la sanidad pública son Mas, Mas-Colell, Ruiz y los suyos.

Quienes se los creyeron, hoy son menos que ayer, más que mañana y muchos centenares de miles más de quienes se los creerán el día de las elecciones, probablemente anticipadas.

La han armado y tienen que pagar por ello. Todo indica que también lo tendrá que pagar ERC que ha estado tirando piedras y escondiendo la mano. Pero en cuanto a enfoques de superación real y efectiva del gran daño causado, todavía no hay nada.

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