"Las peores desgracias que ha vivido la humanidad en los tiempos modernos han sido el resultado de la ceguera de la obtusa visión y la violencia que forman la esencia misma del nacionalismo. Por eso tenemos que combatir el nacionalismo sin complejos de inferioridad, absolutamente convencidos de que el nacionalismo es la negación de la civilización, de la democracia, de todas las instituciones que han ido desbarbarizando la vida y humanizando al ser humano"

Mario Vargas Llosa, escritor y Premio Nobel de Literatura, en un discurso pronunciado este jueves, a la hora de recibir un premio de El Mundo:

"[...] Con frecuencia la verdad y la mentira tienen unas fronteras escurridizas y confusas, eso nos lleva muchas veces a pensar en verdades sospechosas y en mentiras sospechosas, es decir, en verdades que podrían ser mentiras y en mentiras que podrían ser verdades. Creo que basta abrir un diario, una revista, escuchar un informativo en la radio o en la televisión, para descubrir que prácticamente cada día tenemos que enfrentar esas verdades que podrían ser mentiras y esas mentiras que podrían ser verdades.

[...] La libertad antes que nada, la libertad y el periodismo son cosas inseparables, basta llegar a un país y ojear su prensa o escuchar sus informaciones para saber el grado de libertad que en ese país existe. ¿Se puede criticar al poder? ¿Se puede criticar a los poderes? ¿Hasta qué punto se los puede criticar? ¿Hasta qué punto el poder o los poderes pueden manipular los medios de comunicación? Responder esas preguntas es saber si en ese país la libertad existe, si la libertad está mediatizada o si ha sido totalmente conculcada.

Creo que no solamente la libertad, la civilización misma entra en peligro si el poder, los poderes, pueden manipular la información de tal modo que nos impongan como verdades las mentiras y conviertan a las verdades ante la opinión pública en mentiras, creo que es el gran desafío de nuestro tiempo.

[...] Yo creo que el nacionalismo es una de las grandes aberraciones de la historia, es un sobreviviente del estatismo y del colectivismo, es una doctrina que atribuye la importancia del individuo a su pertenencia a un colectivo, aberración absurda que niega la libertad individual, que niega la posibilidad de un ciudadano, de una ciudadana de elegir su propio destino y ser lo que quiere ser mediante una conducta determinada.

Es una aberración que convierte el pertenecer a una colectividad en un valor, en un valor cultural, en un valor político, en un valor ético. Las peores desgracias que ha vivido la humanidad en los tiempos modernos han sido el resultado de la ceguera de la obtusa visión y la violencia que forman la esencia misma del nacionalismo. Por eso tenemos que combatir el nacionalismo sin complejos de inferioridad, absolutamente convencidos de que el nacionalismo es la negación de la civilización, de la democracia, de todas las instituciones que han ido desbarbarizando la vida y humanizando al ser humano.

Es verdad que hay nacionalistas pacíficos, cultos, benignos y que parecen inofensivos. No nos engañemos, ésa es una apariencia, ésa es una postura fugaz, momentánea; basta escarbar lo que se esconde tras ella, y lo que se esconde tras ella es el prejuicio, es en última instancia la discriminación, el encono, la violencia. España es un país que hace muy pocos años dio al mundo un ejemplo que el mundo entero aplaudió y admiró, una transición pacífica de la opresión a la libertad, de la dictadura a la democracia, del subdesarrollo al desarrollo, del ensimismamiento nacionalista a la apertura y a una integración en el mundo. En muy pocos años España se convirtió en un país del primer mundo y en un ejemplo a seguir. Un ejemplo que, en América Latina, fue seguido. Probablemente la transición chilena, de la dictadura a la democracia, no hubiera sido lo que fue sin el ejemplo español. Probablemente sin el ejemplo español, América Central, que vivía en la guerra, en la revolución, en la división, en el encono, en la violencia, no hubiera vivido todos aquellos procesos de paz que han convertido, por primera vez en su historia, a Centroamérica en una región pacífica, de democracias más o menos libres.

[...] El periodismo es la historia que se va haciendo cada día y la historia que vamos conociendo a medida que se hace. El testimonio de esa historia no debe ser pesimista, no debe ser escandaloso, no debe ser mentiroso. Tampoco debe ser frívolo. Otro de los grandes desafíos que tiene la cultura de nuestro tiempo, y dentro de la cultura de nuestro tiempo, el periodismo, es el desafío de la frivolidad. Por desgracia, la frivolidad está ahí, es un protagonista central de la vida de nuestro tiempo. Y eso ha ido infiltrándose, incluso, en los órganos de comunicación tradicionalmente más responsables y más serios. La chismografía se ha ido abriendo paso en las columnas, el escándalo, las infidencias, todo aquello pequeño, sucio, vil, bajo ha entrado en la prensa que parecía más respetable, más creíble, empujado por una cultura que desgraciadamente ha perdido sus valores y ha perdido, sobre todo, ese sentido de la discriminación entre lo que es aceptable, lo que es digno, lo que es decente y lo que no lo es [...]".

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