"Si hay gente en algunas autonomías que desea la independencia de un territorio del resto lo que deben hacer es convencer a la mayoría de los españoles de la necesidad de modificar la Constitución. La independencia de una parte de nuestro territorio es algo que nos afecta a todos"

Roberto Augusto, doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona, autor de los libros El nacionalismo ¡vaya timo! (2012) y En defensa del ateísmo (2012) y miembro del colectivo Puerta de Brandemburgo, en un artículo publicado este domingo:

"[...] La aceptación del derecho a la secesión unilateral conduciría al mundo al caos y podría generar multitud de conflictos armados. Allen Buchanan nos alerta de estos peligros cuando afirma lo siguiente: 'Un Estado que codicie parte del territorio de su vecino puede apoyar, estimular o incluso simular movimientos secesionistas entre sus connacionales del otro lado de la frontera, que "languidecen bajo una férula extranjera". En estos casos, una injusta anexión puede enmascararse tras las aparentemente legítimas banderas de la autodeterminación y los derechos de las minorías. Para encontrar ejemplos, no es preciso retrotraerse hasta la anexión de los Sudetes por parte de Hitler; los movimientos de secesionismo irredento en Kosovo, Crimea y Transilvania plantean riesgos similares' (La moral del nacionalismo, II, Gedisa, 2003, p. 158).

Un ejercicio del derecho a la autodeterminación como el que proponen los nacionalistas "periféricos" españoles solo podría ser aceptado en situaciones excepcionales: 'El derecho a la secesión se considera como un remedio al que ha de acudirse como último recurso para reparar graves injusticias, no como un derecho general de los grupos y tampoco como un derecho de ciertos tipos de grupos (las "naciones", los "pueblos", etcétera, en tanto que tales). Entre todos los agravios que considero capaces de proporcionar los fundamentos primordiales de la justificación de la secesión, los principales son estos: a) la existencia de persistentes y graves violaciones de los derechos humanos individuales, y b) una injusta apropiación de territorios no reparada'. (Allen Buchanan, op. cit., p. 170). Ninguna de estas dos situaciones se da en España.

El derecho a la secesión solo está justificado en circunstancias extremas, tal como señala Buchanan: 'Si un Estado persiste en cometer graves violaciones de los derechos humanos de una minoría en el interior de sus fronteras, es permisible que ese grupo trate de establecer su propio Estado como forma de obtener un santuario con el que protegerse contra la persecución, en caso de que no se disponga de ningún otro recurso. O bien, si, como sucedió en el caso de las repúblicas bálticas, un Estado soberano se ha visto injustamente anexionado, la secesión puede considerarse como una legítima rectificación de esa injusticia'.

Ya que no nos encontramos en España en ninguna de las situaciones de excepcionalidad que este autor señala acertadamente considero que no es legítimo que se ejerza ese derecho a la secesión unilateral. Si hay gente en algunas autonomías que desea la independencia de un territorio del resto lo que deben hacer es convencer a la mayoría de los españoles de la necesidad de modificar la Constitución. La independencia de una parte de nuestro territorio es algo que nos afecta a todos y, por lo tanto, todos los ciudadanos de España deben poder decidir democráticamente lo que quieren que sea su país en el futuro. [...]".

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