El ocaso de Madrid

Ruiz-Gallardón dejó una deuda de 7.500 millones de euros, un equipo municipal devaluado y una alcaldesa sin liderazgo. Esperanza Aguirre podría disputar a Ana Botella la candidatura a la alcaldía.

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Ana Botella, alcaldesa de Madrid
Rosa Paz
Lunes, 18.11.2013 08:33

Aún no habían pasado dos meses de la derrota olímpica de Buenos Aires, y la huelga de barrenderos, que ha durado trece días, devolvió a Madrid a las primeras páginas de la prensa internacional. Otra vez para mal. Los corresponsales extranjeros, que habitualmente se suelen mostrar satisfechos de vivir en una ciudad abierta y con tanta vida diurna y nocturna, afilaron sus plumas, al olor de la basura acumulada, para certificar la decadencia de Madrid y poner en la picota a la alcaldesa, Ana Botella. No fue un calentón coyuntural, contagiados por el hartazgo de los madrileños, fue un síntoma del ocaso que vive la ciudad.

La crisis ha colocado a Madrid en la pendiente de bajada. Sin dinero, sin liderazgo y sin autoestima. Las cosas no han llegado a este punto porque sí. Detrás hay excesos cometidos al calor del dinero de los años de gloria del ladrillo -que han dejado una deuda municipal de 7.500 millones- y un equipo municipal devaluado por forzadas dimisiones. Se suma la falta de previsión política de los dirigentes populares, convencidos de que no importa quién esté al frente de las instituciones porque siempre ganarán en Madrid, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento. Una convicción que ahora se resquebraja, porque los sondeos realizados a lo largo de 2013 vaticinan la pérdida de la mayoría absoluta del PP y, por tanto, el riesgo de quedarse sin los gobiernos municipal y autonómico. Ninguno de los dos, ni el Ayuntamiento ni la Comunidad, está presidido por las personas que fueron votadas para ello. Ni Alberto Ruiz-Gallardón, que dejó el Ayuntamiento para ser ministro de Justicia, ni Esperanza Aguirre, que alegó razones de salud para depositar la Presidencia de la Comunidad en manos de Ignacio González.

Esas encuestas están sobre la mesa de Mariano Rajoy y flotan en el enfrentadísimo ambiente del PP madrileño. De hecho, ya hay quien desde hace meses se ha puesto en la parrilla de salida para la carrera de las candidatauras: la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, y la mismísima ex presidenta Aguirre que -aunque ella lo niega- si Rajoy le deja, o se lo pide, podría aspirar a la alcaldía. Cualquier sacrificio con tal de evitar que la joya de la corona pepera vuelva, 25 años después, a manos del PSOE.

Escasos apoyos en el PP

Aquí la fiesta se ha acabado, han llegado los problemas y el ayuntamiento no tiene medios, ni una alcaldesa con carisma, para afrontarlos. No obstante, lo que está pasando se veía venir, aunque hasta hace dos meses Botella y el PP se autoengañaran con la esperanza de que la designación de Madrid como sede de los Juegos Olímpicos de 2020 podía ayudar a sortear la situación. Hasta entonces, y aunque la regidora hablara de "la Olimpiada de la austeridad" en la presentación de Madrid 2020, de cara al exterior se disimulaba la crisis. A la reunión del COI en Buenos Aires, por poner un ejemplo, viajó una delegación de 300 personas, se invitó a 100 periodistas y todos se alojaron en un hotel de 5 estrellas, se llevaron 170 kilos del mejor jamón ibérico... El resultado fue un fiasco, pero habían hecho creer a los madrileños que se conseguirían los Juegos y la sensación de fracaso fue muy profunda, más allá del ridículo "relaxing cup of café con leche" de Botella.

Ahora, sin olimpiadas a las que agarrarse, el ayuntamiento y la alcaldesa tienen que gestionar esos 7.500 millones de deuda que dejó Ruiz-Gallardón; el hundimiento de la actividad comercial; el descenso del turismo -en agosto la caída fue del 22% mientras en el resto de España se batían récords-; la pérdida constante de pasajeros en el Aeropuerto de Barajas y su flamante T4... Hasta el Museo del Prado está registrando en 2013 un descenso del 25% de visitantes.

Si hace un año, Botella ya no supo estar a la altura cuando murieron cinco jóvenes en una macrofiesta en el recinto municipal del Madrid Arena, que gestionaba una empresa privada, con el doble del aforo permitido, insuficientes medidas de seguridad y un anciano médico jubilado en la enfermería, ahora, con la huelga de barrenderos, ha dado una muestra más de su debilidad. Tardó nueve días, toneladas de basura acumuladas y quejas hasta de su partido, en caer en la cuenta de que la responsabilidad de la limpieza de Madrid es suya, sea quien sea quien la tenga adjudicada.

Tampoco el presidente de la Comunidad tiene un liderazgo sólido. Lejos del carisma de su antecesora, Ignacio González cuenta, como la alcaldesa, con escasos apoyos en su partido. Se ha enfrentado a Rajoy y al ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, con esa bajada de impuestos ejemplarizante, se ha granjeado la oposición de sectores sociales influyentes, como el sanitario, y parece tener puestas todas sus esperanzas en el polémico proyecto de Eurovegas, promovido por el no menos controvertido empresario Sheldon Aldenson.