Encuesta, que algo queda

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Lunes, 4.11.2013 08:18

Los grupos de presión políticos y lobbys mediáticos sacan de procesión estos días encuestas que avalen los intereses de los partidos a los que representan. Hace una semana fue El Periódico, este domingo, El País. En su editorial dice este último que "es falso que los catalanes abonen de forma mayoritaria la independencia".

No crean que El País se ha vuelto de golpe beligerante contra los secesionistas, es el preámbulo para vender la tercera vía de socialistas y otros recoge nueces de Unió e ICV-EUiA: "Ni secesión ni continuismo: una vía intermedia, de corte federal, confederal o que suponga un salto cualitativo en el sentido de profundizar la autonomía". La monserga de siempre para chantajear como siempre, pero con encuesta y espíritu conciliador.

En Cataluña, la superstición por las palabras es una tradición. Tenemos una tendencia enfermiza a interponer eufemismos entre la realidad y la verdad. Eso de la tercera vía suena bien, como suena a democracia y libertad eso del derecho a decidir. Aunque sea lo contrario. Por eso, antes de seguir es preciso preguntarse qué es eso de la tercera vía.

Fèlix Millet y la sede de Convergència, por fin, podrían sentirse cómodos y a salvo

Duran i Lleida la definió hace unas semanas al reclamar en La Vanguardia "una España plurinacional, pluricultural y plurilingüística con un modelo confederal". Como si nos hiciera un favor y su solución sirviera de antídoto contra la voladura del Estado que su socio Artur Mas amenaza con llevar a cabo, trata de lograr arteramente con la confederación todos los privilegios que pretenden conseguir con la independencia, pero ahorrándose todos sus costes. Con una confederación donde fueran soberanos en fiscalidad, cultura y lengua habrían logrado de golpe excluir los derechos culturales, lingüísticos y nacionales de los españoles castellanohablantes en Cataluña y, de paso, se habrían quedado con la fiscalidad para negociar desde una posición de Estado su contribución a los costosos gastos de defensa y mantenimiento de las estructuras internacionales comunes, necesarios para mantenerse en el concierto internacional. Por si el saqueo no fuera completo, la federación catalana obtendría en exclusiva la competencia de los tribunales de justicia. Fèlix Millet y la sede de Convergència, por fin, podrían sentirse cómodos y a salvo.

¿Dónde quedaría la progresión fiscal? ¿Quién podría pedir derechos lingüísticos en un Estado con inmersión blindada? ¿A qué tribunal independiente se podría recurrir si sus miembros fueran elegidos en nombre de la adhesión a la nación? Fíjense hoy en el Síndic de Greuges -que tiene autonomía plena- cómo defiende los derechos escolares de los niños a poder estudiar también en castellano. ¿Cómo se podría acceder a una subvención para cuestiones culturales o empresariales en castellano? Si hoy sin todas esas competencias en exclusiva no se tienen, ¿cómo se tendrían en una federación socialista de ese tipo, o una confederación duraniana?

El editorial de El País comete un error, el mismo al que nos está maliciosamente induciendo el derecho a decidir de los nacionalistas: el de reinventar los sujetos de derecho, el de interpretar la naturaleza de la democracia. Viven del ruido, y en el ruido nos confunden. Me explico, el problema no es ese ruido, sino lo que queda ocultado por él.

Lo que se está dilucidando hoy en Cataluña son los derechos de los ciudadanos frente a los privilegios de clase, hoy ocultos tras los derechos de los territorios, los derechos históricos, la propaganda mediática y su plasmación en las manifestaciones callejeras. Ese es el problema, lo vistan como lo vistan editoriales como el de El País, curas progres de ICV-EUiA, carlistas con lenguaje tuneado como Junqueras o ventajistas y vividores como Duran i Lleida. De Navarro ni hablo, me conmueve su genuflexión ante los caciques del pueblo, estos nuevos caciques nacionalistas que se han rodeado de palabras hermosas para seguir exigiendo los mismos privilegios de siempre.

Aún no he visto una encuesta en Cataluña donde se le pregunte con seriedad al ciudadano si quiere estudiar solo en catalán, en castellano o en las dos

No se trata de contentarlos, ni acomodar o ceder ante el chantaje de su fuerza, sino de extender el modelo del Estado social y democrático que nos hemos dado para que los ciudadanos, y no los territorios, tengan iguales derechos y deberes, vivan donde vivan de esos territorios.

La cuestión es si hay honestidad, coraje y voluntad para defender los principios de la democracia republicana, los valores de la ilustración, los derechos humanos y el Estado social y democrático de derecho. Y ninguno de esos modelos pasa por primar territorios por encima de personas, ni derechos históricos por encima de ciudadanos.

No es cuestión de cambiar principios por avatares circunstanciales del tiempo o del espacio. ¿Habría el Estado de ceder autonomía fiscal, monopolio judicial o una independencia pactada a Extremadura porque en el futuro descubrieran un inmenso pozo petrolífero en Las Hurdes? Si el Estado es algo, es seguridad, igualdad, equilibrio, justicia y libertad para todos sus ciudadanos, sin distinción de raza, condición, lugar de nacimiento, lengua o cualquier otra condición. En eso se distingue de un club de putas donde a la menor ventaja, se levantan de la mesa.

Encuestas así no sirven para saber lo que quiere la gente sino para decirle a la gente lo que debe querer. Después de 30 años, aún no he visto una encuesta en Cataluña donde se le pregunte con seriedad al ciudadano si quiere estudiar solo en catalán, en castellano o en las dos. Tampoco si quieren hacerlo en catalán (40%), castellano (40%) e inglés (20%). Se pregunta mucho por las opciones independentistas, pero sigo sin ver ninguna pregunta que lo haga por si prefiere un Estado con Autonomías o sin ellas. En el país del derecho a decidir, esas y otras muchas cuestiones, no es posible plantearlas. ¡Pandilla de trileros!

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¿Quién es... Antonio Robles?
Antonio Robles
Periodista, profesor de filosofía, ex diputado autonómico de Ciudadanos, articulista y escritor.
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