"Cataluña ha vivido lo que la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann denomina espiral del silencio, dónde muchos ciudadanos (académicos e intelectuales incluidos) han adaptado su comportamiento a las actitudes predominantes sobre aquello que es y no es aceptable decir y defender"

Pau Marí-Klose, profesor de Sociología en la Universidad de Zaragoza, el pasado domingo en el blog de Federalistes d'Esquerres:

[...] En esta batalla, investigadores, profesores universitarios y personas expertas se esmeran en demostrar si el proyecto soberanista es o no es económicamente viable, si encaja o no encaja en los marcos jurídicos vigentes, se justifica o no en principios filosóficos de justicia legítimos, tiene raíces históricas más o menos profundas, cuenta o no cuenta con el suficiente apoyo sociológico o electoral, pone o no pone en peligro la convivencia, etc. La batalla es cada vez más intensa y equilibrada. Pero esto no había sido así hasta no hace demasiado. Mientras la comunidad epistémica soberanista contaba con una maquinaria muy bien engrasada, no pasaba lo mismo entre aquellos que se oponían al soberanismo, que intervenían en el debate de manera intermitente y a título personal, enfrentándose a corrientes dominantes en sus respectivos departamentos y universidades.

[...] En los últimos años, pese a la austeridad y los recortes del gasto público en universidades, estos investigadores [soberanistas] han tenido en Cataluña oportunidades insólitas para desarrollar espacios de investigación de “excelencia” financiados con dinero público (y también privado), cuando no han sido catapultados a cargos de responsabilidad en centros y programas académicos de nueva creación.

[...] La contundencia con que esta vanguardia intelectual del soberanismo ha expresado su apoyo al proceso, poniendo su conocimiento y aureola al servicio de la causa, ha representado probablemente un factor de intimidación para otros académicos.

[...] En este proceso, la administración pública y los partidos nacionalistas han aportado premios, oportunidades de financiación y espacios editoriales donde estos investigadores más jóvenes han podido publicar sus primeros trabajos, alimentando currículos que de otra manera hubieran sido más difíciles de construir.

[...] La administración pública ha creado condiciones propicias para que el proceso, en sus diversas expresiones, se convirtiera en un campo preferente de investigación social. Ha promovido estratégicamente líneas de investigación (por ejemplo, sobre balanzas fiscales), ha financiado jornadas y seminarios (por ejemplo, el controvertido España contra Cataluña) y ha puesto a disposición de los investigadores datos con los que alimentar sus análisis. Así ha sucedido, por ejemplo, con los barómetros del Centro de Estudios de Opinión (CEO), y en particular con las preguntas sobre identidad y preferencias alrededor del proceso soberanista.

[...] Cataluña ha vivido lo que la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann denomina espiral del silencio, dónde muchos ciudadanos (académicos e intelectuales incluidos) han adaptado su comportamiento a las actitudes predominantes sobre aquello que es y no es aceptable decir y defender. Los relatos pseudocientíficos generados por la vanguardia intelectual del soberanismo han contribuido poderosamente a este silencio. En un contexto como el descrito, apartarse del discurso dominante sobre el proceso comporta riesgos, tanto en el ámbito académico como a la sociedad en general.

Como nos han indicado recientemente los datos del Barómetro que realiza Gesop para El Periódico, casi el 30% de catalanes no independentistas se sienten incómodos de expresar libremente sus ideas. En determinados espacios, expresar opiniones críticas hacia el proceso no solo es visto y denunciado como un gesto antidemocrático contra el sentir de la mayoría de los catalanes, sino como una maniobra oscurantista, que niega evidencias presuntamente incontrovertibles sobre derechos inalienables de los pueblos, el expolio fiscal que sufre Cataluña o la desafección de los catalanes respecto a España.

Son acusaciones devastadoras y potencialmente estigmatizadoras en el mundo académico, que han hecho que muchos profesores e investigadores extremaran todas las precauciones antes de pronunciarse en un sentido "inapropiado". Afortunadamente, en una atmósfera hostil, no han faltado aquellos que han osado denunciar en voz alta -pero sin los mismos amplificadores- que el rey va desnudo. Y, gracias a ellos y ellas, ya somos muchos los que no lo vemos vestido de púrpura dorada".