Alicia y su partido residual

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Martes, 31.12.2013 19:36

Alicia Sánchez Camacho nos ha dado dos lecciones magistrales de lucidez política en una sola semana. Primero diezma a su partido descartando públicamente a Vidal-Quadras para encabezar la lista del PP a las europeas, y después monta una convención política para monopolizar políticamente el unionismo y frenar la sangría de votos que su partido sufre a favor de C’s calificándolo de “partido residual”. Imposible lograr convencer a más militantes de su propio partido de votar a C’s, en menos tiempo.

Lo más paradójico es la causa en la que se basa: la rentabilidad electoral que saca C’s de su firme rechazo a la secesión de Cataluña, o sea, la razón de más peso por la que su partido debería presentar a Vidal-Quadras como cabeza de lista.

La lucidez de Alicia no puede ser más obtusa. O quizás solo sea arribismo político de la peor estopa. Elijan ustedes mismos entre necedad o arribismo. Si no les apetece ninguna de las dos, sigan leyendo.

La lucidez de Alicia no puede ser más obtusa. O quizás solo sea arribismo político de la peor estopa. Elijan ustedes mismos entre necedad o arribismo

De los dos errores políticos, sin embargo, el peor para un ciudadano de calle no es su poca pericia para la táctica política, sino su falta de ética por querer rentabilizar electoralmente valores constitucionales que deberían ser defendidos por sí mismos. Defender la igualdad en derechos y deberes de cualquier ciudadano español viva donde viva del territorio nacional no debe ser objetivo de cálculo electoral, sino la razón última del bien común. Independientemente de quién defienda la igualdad y la libertad en derechos y deberes, cualquier demócrata debería unirse en su defensa en lugar de pegar codazos o envidiar a quienes con mayor coherencia y determinación los defienden. Eso es patriotismo, el resto es nacionalismo. Español, pero nacionalismo al fin y al cabo. Patriotismo entendido como aquel que ama a su país y nacionalismo como aquel que odia a cualquiera que no es como él.

Quizás lo más patético sea lo de “partido residual” aplicado a C’s. Antes de soltar ocurrencias debería mirar al diccionario de la Real Academia Española. Por aquello de la exactitud. Residual, relativo a residuo. Residuo, “lo que resulta de la descomposición o destrucción de una cosa”. Aplicado a estos tiempos políticos, un partido residual sería aquello que queda después de haber sido reducido a sus despojos. Dígase, por ejemplo, de la UCD de Adolfo Suárez, pues después de ser un partido de poder acabó desmoronándose hasta convertirse en un despojo de sí mismo en partidos menores como el CDS. No es el caso de C’s, al que habría que aplicársele su contrario, ya que de partido germinal, crece y crece hasta inquietar a todo un partido de poder como el PP, aunque sólo sea en Cataluña. De momento. Sin embargo, si nos ponemos flamencos, podríamos aplicárselo al PPC o al PSC, que de partidos florecientes, menguan y menguan hasta comenzar a temer a partidos germinales como C’s en Cataluña o a UPyD en el resto de España.

No hay seriedad en política, y lo que es peor, no hay honestidad. Para un ciudadano corriente como yo, le sobran políticos partidistas y tramposos y suspiro por ciudadanos capaces de sumar y no restar, reconocer la valía de los demás cuando está en juego el bien común y defender siempre y en todo momento la coherencia de las ideas con las que te has presentado al electorado.

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¿Quién es... Antonio Robles?
Antonio Robles
Periodista, profesor de filosofía, ex diputado autonómico de Ciudadanos, articulista y escritor.
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