Girauta: "Los secesionistas están a punto de hacer el ridículo más espantoso"

Juan Carlos Girauta (Barcelona, 1961) es uno de los periodistas más prolíficos y combativos con el proceso soberanista que hay ahora mismo por estos lares. Prueba de ello es Votaré NO (Ediciones B, 2013), un breve ensayo de título ilustrativo y que resume su postura. Sólido en los argumentos y diáfano en la exposición deja escasos márgenes para la duda. Impera la defensa ilustrada del Estado de derecho. Para él, todo lo demás son brindis al sol, juego de trileros con poltrona fija o sentimentalismo bienintencionado pero fatal. Ensayo urgente que no renuncia a la información contrastada ni a la sedimentación reflexiva. Periodismo encuadernado, en fin.

16 min
Juan Carlos Girauta, analista político, durante la entrevista para CRÓNICA GLOBAL
Jordi Bernal
Lunes, 16.12.2013 09:09

Parte de la base de que la consulta, si no es mediante unas elecciones autonómicas de carácter plebiscitarias, no se celebrará.

Exacto. No se hará por razones diversas. La principal es que sería recurrida por el Gobierno de España. También sería recurrida una ley que diera cabida a una consulta que afecta a la soberanía española. Así pues, sería recurrida tanto la ley como el acto de convocatoria de la consulta. Podrían hacerla igualmente, pero entonces la consulta no tendría ninguna credibilidad internacional puesto que sólo participarían las fuerzas políticas partidarias del 'sí'. Es decir, se trataría de una consulta fuera de la ley que contaría con la oposición de PSC, PP y Ciudadanos, y veríamos qué diría Iniciativa. No tendría ninguna validez. Todas esas vías que analiza el Consejo Asesor para la Transición Nacional (CATN) son en realidad una gran paja mental. El propio consejo desaconseja, por ejemplo, la organización de una consulta promovida por ayuntamientos u ONG. Finalmente, se habla de unas elecciones autonómicas en las cuales los partidos podrían insinuar una interpretación de carácter plebiscitario. El CATN va más lejos y afirma que esto legitimaría una declaración unilateral de independencia, lo cual es una aberración.

Pero, en cualquier caso, ¿en el actual marco legal existe la posibilidad de realizar la consulta?

En el actual marco legal existe la posibilidad de que el Gobierno de España convoque un referéndum en toda España. Esa es una posibilidad que no se llevará a cabo. Está claro. Y por lo tanto ya no hay nada más que discutir.

Sin embargo, una mayoría del Parlamento autonómico (CIU, ERC, ICV-EUiA y la CUP) avala la posibilidad de consultar a la ciudadanía. ¿No debería haber desde el Gobierno central una mayor predisposición al diálogo?

No sé en qué sentido. En cualquier caso, a mí me encantaría que se celebrara un referéndum porque estoy convencido de que saldría el 'no', siempre y cuando se cumplan una serie de condiciones. Las condiciones que se dan en el caso de Escocia, por ejemplo. Me gustaría que el Gobierno español tuviera una participación activa de pedagogía política en campaña, específicamente en el tema europeo. Es decir, hacerle entender a la gente que todavía no se ha enterado, que ya es extraño que aún los haya, que una Cataluña independiente automáticamente queda fuera de la Unión Europea. También me gustaría que se realizara una campaña con respeto y que se pudiera llevar a cabo con la neutralidad exquisita de los medios de comunicación públicos y las instituciones públicas catalanas. Si todo eso se diera, que no se dará, pues a mí me encantaría el referéndum. Daría una tranquilidad a nuestras vidas... ¿Se imagina vivir diez o quince años con el nacionalismo desactivado? Con un baño de realidad después de hablar durante décadas en nombre de Cataluña y de los catalanes. A día de hoy creo que el bloque nacionalista-secesionista está a punto de hacer el ridículo más espantoso.

¿Pide más igualdad de condiciones para las partes en el debate soberanista dentro del ecosistema mediático catalán?

Pido neutralidad política a los medios de comunicación públicos. Los privados a mí me dan igual.

En los medios de comunicación públicos, y especialmente en los programas con contenidos políticos de TV3, hay una presencia constante de políticos de PP, PSC y Ciudadanos.

A mí lo que me preocupa de TV3 es que está contaminada de ideología nacionalista. No sólo en los programas donde se debaten cuestiones políticas sino de manera constante en sus contenidos. Desde los programas infantiles hasta las series de ficción.

Abandonó la colaboración en Catalunya Ràdio cuando se hizo público que Mònica Terribas dirigiría el programa de las mañanas. ¿Ha notado una deriva en los contenidos del programa hacia posiciones independentistas en esta nueva temporada?

No he escuchado Catalunya Ràdio desde la llegada de Mònica Terribas.

¿Cree que hubieran prescindido de su colaboración?

Estoy absolutamente seguro. Por eso primero me marché yo.

El último EGM da una subida de audiencia sustancial al programa conducido por Terribas. Parece ser que su línea editorial y los contenidos gustan.

Como no escucho el programa no puedo decirle cuál es la razón.

En Votaré No apunta el hecho de que, en los años en que Mònica Terribas fue directora de TV3, se benefició a una serie de productoras cuyos responsables acabaron fundando el diario Ara, del cual ella misma pasó a ser nombrada consejera delegada y editora.

El caso de Terribas es de mucha opacidad. Cuando ella era directora de TV3, recuerdo que su retribución era uno de los pocos sueldos públicos que no se podían conocer. Desde Catalunya Ràdio pedí que se hiciera público su sueldo. Sin ningún resultado aparte de una gran tensión con el director de entonces de Catalunya Ràdio.

En el libro define a Jordi Basté, director y conductor de El món a RAC1, como "gran profesional y, por supuesto, independentista". ¿Es difícil encontrar pluralidad ideológica en los medios catalanes de mayor audiencia?

Basté es el ejemplo de buen profesional que sabe distinguir perfectamente su ideología, e incluso su línea editorial en un medio privado, de los planteamientos de un debate escrupulosamente neutrales. Pienso que demuestra que se puede realizar un debate que garantice la neutralidad.

Otra de sus marchas fue del programa de César Vidal en su etapa de Cope. Llegó a escribir que más que anticatalanista, Vidal era anticatalán.

Sí, pocas veces utilizo el calificativo de anticatalán. Tal vez no tengo la sensibilidad extrema que tenemos aquí en relación a este tema, pero el caso de César Vidal es de anticatalán de manual. He compartido muchos programas con él y me di cuenta de que no es una persona que esté en contra del nacionalismo, tal y como lo estoy yo, sino que, por ejemplo, se cachondeaba del idioma catalán. A ver, a antinacionalista no creo que nadie me gane, pero no tolero a nadie que se ría de mi lengua materna.

¿Estas posiciones anticatalanas están extendidas en medios de la capital?

Sólo me he encontrado este caso.

¿Qué le parecen las conclusiones del último informe del Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC)?

Para empezar no debería existir un CAC, porque a la hora de la verdad se convierte en el gran censor con capacidad de sancionar y cerrar medios, y de conceder licencias. Tiene una fuerza inmensa que campea por encima de la libertad de expresión. Dicho lo cual, este informe es una muestra descomunal de doble baremo. Recogí en Abc una serie de declaraciones y de actos que se habían producido en los medios catalanes y que podían estar en este informe pero que no están porque sólo miran hacia un lado. Tienes, por ejemplo, un programa de Canal 33 [Bestiari Il.lustrat] en el cual se lleva a cabo un atentado simbólico contra el Rey de España y el invitado [Jair Domínguez] dice que 'habría que pegarle cuatro tiros'. Al periodista Salvador Sostres le depara, en clara alusión al atentado contra Federico Jiménez Losantos, 'un tiro en la rodilla de advertencia para que no se pase tanto'. Asimismo, un capítulo de la serie Ventdelplà exhibió pintadas en un muro las siglas del PP dentro de una mirilla telescópica. En RAC1 un ex director de TV3 dijo que 'los españoles son chorizos por el hecho de ser españoles'. Y un largo etcétera.

¿No cree que hay una retroalimentación por ambas partes que, además, va muy bien para aumentar audiencias?

Este tipo de fenómenos sociales nunca va en una sola dirección. Es decir, ahora mismo la fractura social en Cataluña ya existe. Personalmente intento modular el discurso, pero es evidente que estamos inmersos en una espiral de acciones y reacciones.

En el ensayo deja claro que no es el propósito de su tesis centrarse en aspectos históricos o económicos, pero es inevitable en el contexto actual aludir al régimen fiscal.

Naturalmente. El sistema de financiación de las Comunidades Autónomas tiene que garantizar la suficiencia financiera de las CCAA.

Falta, pues, una reforma constitucional.

No necesariamente. Creo que se puede hacer sin revisar la Constitución. Quien crea que tener un régimen fiscal extremadamente insolidario como en el País Vasco y Navarra te convierte en antiespañol nos está diciendo que socialistas y populares vascos y navarros son antiespañoles. En cualquier caso, no me refiero a la cuestión fiscal porque no tiene que ver con el proceso independentista. Ahora bien, tengo mi opinión formada y he estudiado el tema. A mi juicio las balanzas fiscales deben hacerse públicas y se debe tratar su naturaleza. La suficiencia financiera debe garantizar que las CCAA puedan cubrir aspectos tan fundamentales como la educación, la sanidad o los servicios sociales. Y en cuanto a la solidaridad territorial, hay que establecer mecanismos de control de las diferencias que se puedan llegar a generar a resultas de la redistribución de la riqueza.

No tiene problemas con el "independentismo que actúa de frente", sino con el nacionalismo...

No tengo ningún problema con el independentismo. Dicho así puede resultar extraño, pero a mí no me parece una aberración que alguien pretenda la independencia de un territorio subestatal. El problema está en el nacionalismo, que es una ideología destructiva. Porque siempre buscará la profecía autocumplida, forzará la realidad para que coincida con el modelo que ellos tienen de nación, forzarán las cosas para que quepan en su molde preestablecido. Sin embargo, Cataluña tiene dentro una gran ciudad que es Barcelona. Y como cualquier otra gran ciudad responde a otros patrones. Esto es, un barcelonés tiene más que ver con un madrileño, un parisino o un londinense que, pongamos por caso, con un gerundense.

Pero ahora mismo Barcelona tiene un alcalde que ha afirmado que, pese a no ser independentista, votaría por la independencia.

Esto no es verdad. Me consta que el señor Trias era independentista a los 20 años. Él puede decir que no, aunque sería más coherente si reconociera que lo es.

La ciudad teóricamente más reacia al fenómeno nacionalista tiene ahora un alcalde de CiU.

Sí, ciertamente, porque las ciudades pueden tener algunos momentos de decadencia. Pero Barcelona es la ciudad de los libres de Cataluña del mismo modo que Madrid es la ciudad de los libres de España. Y en estos momentos Barcelona está sufriendo las consecuencias de unas cuantas décadas de nacionalismo, de promoción de una cultureta que nada tiene que ver con el cosmopolitismo, de fomento de una Cataluña que no es real, de dominio de un poder muy clientelar que, en lo referente al ámbito público, ha promocionado deliberadamente a los suyos. Esto ya está fijado en un documento del gobierno Pujol de 1990.

Sí, y cuyo contenido José Antich reveló en El País...

Se deja clara la obsesión por controlar desde los tribunales de oposición hasta los medios de comunicación. Y esa política también ha dañado a Barcelona. Ahora bien, se trata de una ciudad cuya complejidad es irreconciliable con el nacionalismo. En estos momentos Barcelona está callada, pero dejará de estarlo y volverá a ser el gran problema que siempre fue para los nacionalistas.

¿Podríamos decir que Artur Mas, en un momento de crisis económica, ha preferido optar por las esencias?

Es curioso que alguien sin una biografía política comprometida ni militante ahora sienta la llamada del pueblo. En el ambiente de los años 70 en Barcelona era imposible quedarse fuera de esa ilusión, de las expectativas y efervescencia políticas. Era imposible. Quien quedaba fuera era un marciano directamente. No podías ir a la universidad sin estar de alguna manera implicado. Con el enfoque que quieras: comunista prosoviético, maoísta, socialista, que había cuatro, o nacionalista, que eran muy pocos. Pero de una u otra forma, aquella época te atrapaba. Y tenemos a un señor que pasa toda su época de estudiante de Económicas completamente ajeno a ese entorno. Se tiene que ser muy impermeable... ¡Casi de piedra! Sin embargo, el año pasado siente la llamada de la historia. En fin, uno se puede caer del caballo como San Pablo, pero me cuesta creerlo. Aunque, en realidad, me da igual. Yo me dedico a analizar los hechos. Y mi conclusión es que un señor completamente ajeno a cualquier reivindicación de libertad y de democracia en un momento de transformación del país, no puede venir ahora a dar lecciones de lo que es la libertad y la democracia.

Usted fue uno de los cuatro socialistas a los que se refería antes.

Sí. Tonteé con la joven Guardia Roja, pero bajo la influencia de Jordi Solé Tura, que entonces era del PSUC y catedrático de Derecho Político, me imbuí de una serie de principios constitucionales que coincidían, en su enfoque, con las propuestas del PSOE de aquel momento. Así que me afilié al partido socialista.

Años más tarde militó en el Partido Popular.

Sí, dejé la militancia socialista en 1986 y al cabo de ocho años empecé a militar en el PP. Y entré en el PP porque en 1994 y en Cataluña era una de las cosas más provocadoras que uno se pueda imaginar. Era el partido maldito. Y yo quería estar con los malos [Ríe].

¿Y por qué pasó del PP a Ciudadanos?

No estaba de acuerdo con los planteamientos de Josep Piqué. Así que fui de los que aposté por la presidencia de Daniel Sirera, pero fue un fracaso estrepitoso, que además me demostró que la cuestión catalana en el PP no la entendían ni la entenderían nunca. Y una vez llegados a este punto, he apoyado a aquellos que por encima de todo han sabido cambiar el lenguaje político en Cataluña, han empezado a hablar claro y sin complejos, a denunciar el nacionalismo. Hace años lo hizo Aleix Vidal-Quadras, pero ahora mismo es un mérito de Albert Rivera.

¿Qué sentido tiene Movimiento Ciudadano cuando UPyD ya tiene representación en el Congreso de los Diputados?

Movimiento Ciudadano es una iniciativa regeneracionista en la que se pueden encontrar perfectamente cómodos aquellos que han votado tanto a socialistas como a populares. Proponemos una serie de medidas que ninguno de los dos partidos está dispuesto a llevarlas a cabo.

Le preguntaba por UPyD...

En nuestro manifiesto/compromiso explicitamos que ninguno de los partidos con representación parlamentaria se ocupa de la regeneración democrática en los términos que nosotros planteamos. Es cosa sabida que Rivera siempre ha estado predispuesto a pactar con UPyD pero Rosa Díez no ha querido. Además, desde que existe Movimiento Ciudadano, nunca se ha dicho nada en contra de UPyD. En cambio, los mensajes de Díez, Carlos Martínez Gorriarán o Irene Lozano han sido de ataque contra nosotros. De momento, Movimiento Ciudadano es una corriente que quiere la regeneración de España y, por lo tanto, no nos vamos a pelear con nadie. Aquí no hay personalismos. Queremos que la división de poderes sea real, queremos la reforma profunda de la administración y un pacto general sobre la educación. Estas son algunas de las cosas importantes.

Históricamente los proyectos regeneracionistas nacidos en Cataluña para el conjunto de España han fracasado.

Esto podría ser una condena pero no creo en la predestinación.

¿Y no temen que los intereses político-mediáticos presionen para infravalorar su proyecto?

El recibimiento ha sido excelente. Nos ha tratado bien El País, El Mundo, Abc, Tele 5, Intereconomía, Antena 3... Mi experiencia es buena de momento.

Concluye Votaré NO aduciendo que no tiene el menor interés en salir de Europa para volver a entrar.

Esta es una de las razones. No es la única, pero es muy importante. Me parece muy surrealista debatir la manera de volver a entrar en la Unión Europea cuando ya estamos dentro. Por eso acabo con esas dos frases: "Ya estoy en Europa. No me mareen".

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