La gran ilusión

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Domingo, 1.12.2013 11:04

He aquí una palabra que refleja quizá como ninguna otra la ambigüedad y la ambivalencia que se vive en Cataluña en torno a la cuestión nacional.

Ilusión es el entusiasmo que se experimenta con la esperanza de alguna cosa. Esta pasión la comparten muchos catalanes que creen que estamos muy cerca de una independencia que, por fin, nos liberaría de una sumisión a España que nos impide ser nosotros mismos y construir un país mejor, más libre, más rico, más pleno, más justo.

No se les puede pedir mucha reflexión, las emociones dominantes y la presión asfixiante de miles de palabras vacías, fabricadas por la maquinaria de propaganda del Gobierno de la Generalidad, por los ideólogos del soberanismo, por los medios de comunicación social públicos y por los subvencionados..., por tanto ruido, dejan poco margen para la reflexión serena.

La gran ilusión popular se quedará en una gran frustración, si no es reconducida hacia el realismo de una negociación con el resto de España por la vía federal para conseguir el mayor autogobierno posible de Cataluña

Pero los catalanes impregnados de gran ilusión por Cataluña merecen comprensión y respeto. Su catalanidad es desconsideradamente pisoteada por los unos y los otros.

Ilusión es también engaño debido a una falsa apariencia; una esperanza sin fundamento real; una imagen formada en la mente de una cosa inexistente tomada como real. Los dirigentes y sus servidores que se han aprovechado de la ola de ilusión popular, que la han alimentado con falsas esperanzas, con pretendidas rutas fáciles, con una conquista de la cima sin riesgos, con un final de romería bucólico, si se creen lo que dicen son unos ilusos, porque se han ofuscado con errores de conocimiento y de cálculo que les desautorizan para la función de dirigir.

Si les mueven oportunismos, si su colchón de palabras vacías tapa ambiciones personales, intereses materiales o cualquier otro engaño, entonces son unos frívolos, pues juegan con las emociones, o son unos irresponsables, pues su apuesta de tahúr, si ganara, provocaría un profundo y durable empobrecimiento de la población de Cataluña, además de un dolorosísimo trauma social. ¿O creen que no habría ningún trauma? Por todo ello tienen que ser apartados de la función de dirigir.

La gran ilusión popular se quedará en una gran frustración, si no es reconducida hacia el realismo de una negociación con el resto de España por la vía federal para conseguir el mayor autogobierno posible de Cataluña. La gran ilusión de los ilusos, de los frívolos y de los irresponsables se quedará en aquello que ya es: una gran mentira.

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Jordi García-Petit
Doctor en derecho.
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