Me aburren

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Martes, 3.12.2013 08:06

Existen poderosas fuerzas interesadas en que el vodevil en que se ha convertido el denominado proceso soberanista continue. A pesar de que el guionista hace tiempo que ha agotado su capacidad de interesar a alguien más que no sean los que viven de la política, o los que subliman sus frustraciones individuales en la identidad colectiva. Todos los políticos saben cómo acabará el serial, pero quieren alargar la programación hasta que puedan optar a renovar sus puestos de trabajo, por ser generosos y llamar trabajo a lo que no es más que una forma de vida a costa de los contribuyentes. Políticos, medios de comunicación y el ejército de personas que viven del cuento soberanista continúan dándole a los pedales como cualquier hámster enjaulado. Yo mismo sigo escribiendo del tema. Pero cada día me cuesta más interesarme por la representación teatral.

El referéndum no se va a celebrar. Lo saben todos los políticos. Es más, nadie quiere celebrarlo. Unos, porque no lo ganarían y, además, no quieren ganarlo. No quieren la independencia, por lo menos ahora. Quieren seguir viviendo del cuento nacional. Los otros, porque no pueden permitir un referéndum que les haría parecer débiles, abriría la puerta a una inestabilidad permanente y les costaría perder las elecciones generales y, probablemente, acabaría con el PP.

Si siguen así pronto me darán asco. Pero habrá que seguir atentos. La política no nos traerá la felicidad pero cuando se reviste de épica salvadora, puede arruinar la vida de varias generaciones

¿De qué se trata entonces? De llegar en las mejores condiciones posibles a las próximas elecciones autonómicas. Y ahí empiezan los problemas de competencia entre soberanistas. A CDC sólo le interesa que haya pregunta. Lo que se pregunte le da igual, ya que la consulta no se va a celebrar. Pero quiere mantener la máxima unidad para que el Mesías siga aparentando que tiene seguidores dispuestos a embarcarse en la patera que los llevará a la Tierra prometida. CDC, y en esto coincide con Unió, preferiría una pregunta light, para así cargarse de razón victimista y denunciar lo malos que son en Madrid, que ni nos dejan hacer macroencuestas sobre el sexo de los ángeles. Junqueras, en cambio, quiere una pregunta clara para demostrar que es el macho alfa de la independencia y descolgar a los tibios. Todo pura táctica electoral.

La única duda es si cederá ERC o lo harán Unió e ICV-EUiA. Mas presionará hasta el final para evitar que se descuelguen unos u otros y aparentar ser el líder, y, si no tiene más remedio, me temo que optará por abrazarse a Junqueras. Unió e ICV-EUiA deberán elegir entre descolgarse del proceso y marcar perfil propio o seguir en el pelotón a la espera de un mejor momento para tratar de escapar. Si nos fiamos de los precedentes seguirán atrapados en la tela de araña. Ojalá me equivoque.

Lo que ocurre, entre otras cosas, es que el vodevil pone cada día más de manifiesto que la clase política sobra. No hacen nada y el país continúa. Ni siquiera aparentan gobernar. Si desapareciesen de un plumazo no creo que los echáramos a faltar, al menos temporalmente. Con las directrices europeas y las estructuras burocráticas andamos más que sobrados. Evitaríamos líos, gastos y dispersión de esfuerzos.

La democracia es el menos malo de los sistemas políticos, decía Churchill. De eso se valen. Pero en ocasiones, como ahora, los políticos se convierten en promotores objetivos de alternativas técnicas o autoritarias por su ineptitud, cinismo y falta de vergüenza. En especial los más iluminados, que son los que tienen menos escrúpulos y menos problemas de conciencia. Ahora me aburren. Si siguen así pronto me darán asco. Pero habrá que seguir atentos. La política no nos traerá la felicidad, el que lo crea es un iluso, pero, cuando se reviste de épica salvadora, puede arruinar la vida de varias generaciones. Por eso, a pesar de todo, hay que seguir alzando la voz aunque sólo sea para no ser cómplice por omisión.

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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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