Por qué no soy independentista

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Domingo, 22.12.2013 07:28

En diversos artículos en CRÓNICA GLOBAL y El Debat he ido exponiendo diversas razones por las que creo que la independencia de Cataluña no es una buena opción para los catalanes. Permítanme que las agrupe y resuma.

Se esfuerzan en continuar vendiendo una independencia a la carta, sin ningún coste, señalando no sólo lo que ellos pretenden hacer sino decidiendo por los demás

En estos momentos, el debate político catalán ha sido hábilmente desviado por los partidarios de la independencia hacia el denominado "dret a decidir" o "volem votar". Piensan que años de campaña a favor de la independencia en base a eslóganes como el "España nos roba" o "el genocidio cultural" han calado entre la población, sobre todo a partir de la crisis económica y política que se vive en España. Por ello no tienen demasiado interés en entrar a analizar seriamente las consecuencias de la independencia y se limitan a edulcorar la realidad en base a informes tan disparatados como el del CATN presentado recientemente.

Se esfuerzan en continuar vendiendo una independencia a la carta, sin ningún coste, señalando no sólo lo que ellos pretenden hacer sino decidiendo por los demás. Ya sean la Unión Europea, España, Portugal o la Liga de Futbol Profesional. Continuaremos en la UE, las relaciones con España serán buenísimas, tendremos doble nacionalidad, crearemos un Consejo Ibérico, el Barça jugará la Liga española y así hasta el infinito. En definitiva, se nos viene a decir, la separación es para mejorar los vínculos que, desde luego, son muchos.

Esta pretensión soberanista se ve favorecida por la postura de Rajoy de limitarse a negar la consulta sin entrar en el fondo del debate. Tampoco PSC, PPC o C's han hecho campañas didácticas explicando el coste de la independencia. Pudiera parecer que el único argumento es que la independencia no es posible cuando en realidad tampoco es deseable.

Hay que explicar que la independencia no es la panacea que pretenden sus apóstoles. Que sus costes son mayores que sus beneficios y que los riesgos son elevadísimos

Por eso hay que explicar que la independencia no es la panacea que pretenden sus apóstoles. Que sus costes son mayores que sus beneficios y que los riesgos son elevadísimos.

En el aspecto económico la independencia implicaría menos PIB, menos ingresos tributarios y más gasto público. Llevaría a la quiebra a muchas empresas que dependen del mercado español, forzaría a los bancos a situar su domicilio en España, para conservar su negocio y poder seguir bajo el amparo del BCE. Forzaría a tener que abandonar el euro para hacer frente a la crisis inical y la fuga de capitales. Consecuencias todas ellas infinitamente más graves que la existencia de un déficit fiscal, real en los tiempos de bonanza pero inflado por los cálculos de la Generalidad, e inexistente ahora mismo por efecto de la caída de ingresos tributarios y su sustitución por endeudamiento público. La existencia de tensiones entre regiones ricas y pobres es consustancial a todos los paises y a la propia UE. Pero para solventar estas cuestiones esta la negociación. Si Los alemanes pensaran como los nacionalistas catalanes, la UE no existiría.

El argumento del genocidio cultural es todavía más burdo que el económico. Según la propia Generalidad, el catalán nunca ha gozado de mejor salud. Más de un 90% de catalanes lo entiende, y entorno a un 70% lo habla. El castellano es marginal en el sistema educativo y en la administración. Sólo la calle refleja la pluralidad de la sociedad catalana.

Los partidos políticos de ámbito exclusivamente catalán no sólo tienen plena libertad de defender sus postulados, sino que además gozan de un sistema electoral que los sobrepondera y los convierte en muchas ocasiones en partidos bisagra. De hecho, han sido determinantes en las políticas de muchos gobiernos españoles ya fueran del PP o del PSOE.

El poder de la Generalidad es igual o mayor que el de la mayoría de estados federales. Controla la policía, la escuela, la sanidad, los medios de comunicación, la cultura y muchas otras áreas de gobierno. Sin duda, las mayores limitaciones son económicas. Pero porqué la moneda, los tipos de cambio o los aranceles, elementos básicos de la soberanía, se han traspasado a la UE. Sin salir de la UE no hay independencia. Saliendo se gana en capacidad de decisión teórica pero se está desprotegido, aislado y al albur, todavía más, de los mercados. En un mundo globalizado la independencia de verdad es retórica y retrógrada.

Sin salir de la UE no hay independencia. Saliendo se gana en capacidad de decisión teórica pero se está desprotegido, aislado y al albur, todavía más, de los mercados. En un mundo globalizado la independencia de verdad es retórica y retrógrada

Un argumento utilizado, en voz baja, por los soberanistas es la de mejora de la calidad democrática en un Estado independiente. Desde luego, España vive una crisis política, además de económica, sin precedentes. La explosión de la burbuja inmobiliaria y las quiebras empresariales consiguientes han aflorado numerosos casos de corrupción. La crisis financiera ha dejado a las familias y las empresas sobreendeudadas y sin crédito.

Los partidos dan muestras evidentes de arteriosclerosis. La ley electoral está obsoleta. El Gobierno se hunde y la oposición no inspira confianza. Pero, ¿algo de lo dicho no es aplicable a Cataluña? Cataluña comparte males con España y, en ocasiones, son más graves. La independencia solo serviría para concentrar todavía más el poder, favorecer la impunidad por un mayor control del ejecutivo sobre el poder judicial, la policía y la agencia tributaria. La independencia acentuaría la falta de pluralidad informativa. La independencia puede derivar en gobiernos autoritarios autojustificados en situaciones de emergencia nacional y para luchar contra el enemigo exterior e interior. A más concentración de poder, menos democracia. Y no me dé excepciones que no tienen nada que ver con nuestra historia, ni nuestra cultura política y social.

La independencia, en definitiva, sería un mal negocio para la mayoría de la población, pero uno magnífico para los políticos, más poder y mayor impunidad, y para los que pudieran seguir viviendo del presupuesto público. La independencia agrandaría el sector público, el nacionalismo siempre acaba siendo estatista, lo que nos haría más pobres y menos libres a la mayoría.

Es incompatible haber sido perseguida por España y ser una de las regiones más ricas de Europa, y con mejores infraestructuras de las que presume, con razón, nuestro presidente cuando viaja por el mundo

Cataluña no vive bajo una situación de opresión. El catalán no está perseguido por el hecho que TC diga que hay que hacer un par de materias en castellano en la escuela. Es incompatible haber sido perseguida por España y ser una de las regiones más ricas de Europa, y con mejores infraestructuras de las que presume, con razón, nuestro presidente cuando viaja por el mundo.

Problemas hay muchos pero la independencia solo hará que agravarlos, al encauzar todas las energías del país hacia objetivos distintos de los que realmente importan. Lucha contra la crisis y la exclusión social, mejora de la competitividad, mejora de la calidad democrática y de la lucha contra la corrupción.

Por todo ello, creo que asumir los riesgos evidentes de un proceso secesionista carece de justificación objetiva. Asumir el riesgo de salir de la UE, de que haya conflictos que acaben con víctimas, retrasar o poner en peligro la salida de la crisis, para conseguir que el presidente de turno hable en catalán en la ONU, no me motiva lo suficiente. Claro que para los políticos soberanistas la situación les permite continuar en el poder en tiempos difíciles. En lugar de aceptar su condición de servidores públicos y conformarse con quemarse por causa de la crisis económica, nuestros políticos soberanistas han decidido poner a todos en riesgo para salvar su puesto de trabajo.

Por todo ello no soy independentista. Nacionalista no lo seré nunca porque es una ideología que no comparto. Independentista lo hubiera sido en 1945, si las tropas aliadas nos hubieran liberado de sufrir el franquismo, pero, hoy, no siento el menor interés ni material, ni ético, ni estético.

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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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