¿Pateras por el Ebro?

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Viernes, 3.01.2014 08:36

De vacaciones de Navidad a MI tierra. Encara rai que en mi familia se me respeta. Quiero decir, que aunque mi hermana es independentista, mi padre desde hace un rato también y la esposa de mi padre lleva unos pendientes con l'estelada, da la impresión de que me quieren. Optamos por no hablar mucho de política pero si en caso extremo sale el tema ningú no pren mal. Será porque en la familia ha habido conflictos de pasado que nos hacen poner más en valor la armonía presente. No nos queremos cargar nuestra particular Transición, para entendernos. Ah, y hasta tengo la alegría de que mi futuro cuñado me apoya.

¿Harto de qué va a ser? Pues ni siquiera harto de pensar distinto o de estar en minoría en determinado sitio y determinado momento. Lo que harta es tenerse que callar y que callar y que callar

No, en mi caso no ha habido sobremesas glaciales, ni cainismo de salón, ni del otro. Sí me ha pasado otra cosa. En una de las comidas familiares ampliadas trabo conocimiento con una rama de parientes hasta ahora desconocidos. Me sientan a la mesa enfrente de Irene, una agradable e inteligente mujer, profesora de inglés. Al saber de mis andanzas por Estados Unidos muestra mucho interés: su marido, a su vez docente, tiene una oferta para enseñar allí, y se lo están pensando. Lo de irse para allá ellos dos y las gemelas de 9 años. Me empieza a preguntar de todo y más sobre las posibles vicisitudes y los posibles destinos concretos. ¿Mejor irse a Nueva York pero no a la ciudad sino al Estado, a Chicago o a Texas?

Desgrano pros, enumero contras. Para tratar de ayudarla mejor indago en los verdaderos motivos de querer irse. ¿Afán de promoción profesional? ¿De ver mundo? "Ten en cuenta que en este país se valora poco al que ha hecho el esfuerzo de pasar un tiempo fuera, y en cambio a quien se va a Sevilla si pueden le quitan la silla, ni te cuento si te vas a Illinois…", la prevengo. Lo encaja bien y con cara de querer asumir el riesgo. Al poco coge confianza y se sincera: "Mira, es que en realidad mi marido se quiere ir porque está harto".

Por la mirada que cruzamos no hace ni falta preguntar de qué. ¿Harto de qué va a ser? Pues ni siquiera harto de pensar distinto o de estar en minoría en determinado sitio y determinado momento. Lo que harta es tenerse que callar y que callar y que callar. La famosa "espiral del silencio" que denunciaba Francesc de Carreras. Más y más dolorosa cuando no se produce en el ámbito institucional sino en el social o incluso íntimo. Con los colegas, no con los jefes. Con la gente teóricamente sencilla y de bien. Con los que se supone que eran los buenos de la película.

La deriva cutretotalitaria del independentismo nos ha roto el corazón porque sinceramente creíamos que ser catalán era querer ser bueno. Es tan triste descubrir que el mítico facherío que se supone que teníamos enfrente en realidad lo teníamos, siempre lo hemos tenido, detrás

Nunca me cansaré de decirlo, de machacarlo incluso: para muchos y muchas entre las que me cuento, la deriva cutretotalitaria del independentismo nos ha roto el corazón porque sinceramente creíamos que ser catalán era querer ser bueno. Era dar importancia a tener razón. O a intentarlo por lo menos. Es tan triste descubrir que el mítico facherío que se supone que teníamos enfrente en realidad lo teníamos, siempre lo hemos tenido, detrás. Bien metido en casa.

Lo peor es que el drama daña más a los mejores. A los señalados por esa perniciosa selección antinatural que favorece el predominio del más estúpido, el más cruel o las dos cosas. De manera todavía sutil, casi delicada, lo mejor de Cataluña empieza no sólo a callarse sino a despoblarse. A irse. Como no todo el mundo es libre de encerrarse, qué sé yo, en un mas de Llofriu, hay quien se tiene que ir a París o a Chicago. No estoy sugiriendo que todos los que todavía viven aquí son tontos. Ni mucho menos. Sí sugiero que muchos que no lo son se tienen que marchar cada vez más lejos y por más tiempo. Hay una fuga de cerebros, de talentos, de corazones. Una invasió subtil como la de Pere Calders pero al revés. ¿Llegaremos a ver pateras por el Ebro? Ni siquiera buscando un mundo mejor o la tierra prometida. Simplemente huyendo de la tierra aquí quemada.

Me recuerdan lo que escribía el mejor periodista y uno de los mejores escritores que ha habido nunca en España. Se llamaba Manuel Chaves Nogales, era andaluz y tuvo la mala suerte de ser como él era y de vivir y trabajar en Madrid cuando estalló la guerra civil. Asqueado de los excesos de los dos bandos y viendo claro lo que iba a ocurrir optó por largarse, y lo contó así: "Es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a andar por el mundo, por la parte habitable de mundo que nos queda, aun a sabiendas de que en esta época de estrechos y egoístas nacionalismos el exiliado, el sin patria, es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar a fuerza de humildad y servidumbre su existencia. De cualquier modo, soporto mejor la servidumbre en tierra ajena que en mi propia casa".

¿Les suena?

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¿Quién es... Anna Grau?
Anna Grau
Periodista y escritora. Ha sido delegada de 'Avui' en Madrid, corresponsal de 'Abc' en Nueva York y ha sido o es colaboradora de TV3, Catalunya Ràdio, RAC1, COM Ràdio, RNE, TVE, Telecinco, Antena 3, 13 TV y Televisión de Castilla-La Mancha. Actualmente firma desde Madrid en 'Abc' y en el digital 'Cuarto Poder'. Es autora de tres novelas y del ensayo 'De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak' (Destino, 2011).
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