reseña

Habitar el mundo de forma distinta

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza, de Rafael Argullol, Acantilado, Barcelona, 2013, 238 páginas.

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Portada de 'Maldita Perfección' de Rafael Argullol
Oriol Alonso Cano. Profesor de Sociología y Psicología en la Escuela Universitaria Formatic Barcelona.
Martes, 28.01.2014 12:53

Si la escritura se caracteriza por algún rasgo principal, este no es otro que su irreductible carácter poliédrico. La multiplicidad de vértices y de matices se yergue en lo constitutivo de ese extraño oficio que es el de escritor. Y si, en particular, nos centramos en la figura Rafael Argullol, se apreciará como se erige en uno de los ejemplos más diáfanos de esa polivalencia y riqueza constitutiva propia de la escritura. Tras más de veinticinco obras (novelas, ensayos, poesía, escritura transversal...), premios (Nadal, Premio Ensayo Casa América, Cálamo, Ciutat de Barcelona), participaciones en múltiples proyectos culturales (Cantos a Naumón, junto a la Fura dels Baus...), colaboraciones en prensa, docencia universitaria, Argullol sigue siendo una de las personalidades más inquietas y brillantes de nuestro imaginario cultural, tal y como lo demuestra en su última obra, Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza.

En ella hace gala de su insondable sabiduría, y nos ofrece un vigoroso itinerario, de la mano de Durero, Van Gogh, Lucrecio, Dante, Picasso, Mantegna, Goethe, entre otros muchos, para abordar algunos de los múltiples temas que han ocupado y preocupado la totalidad de la obra Argullol: la fugacidad de la existencia, la temporalidad, el (re)conocimiento, la verdad, la muerte, la belleza, la escritura, poesía...

Pero más allá de reflexionar y ofrecer un lúcido análisis de los diferentes problemas que han vertebrado su pensamiento, Argullol nos aporta la clave de encaje de la cultura en el seno de nuestra maltrecha sociedad, que arrincona progresivamente la cultura hacia el desván de lo oculto. El escritor es un agente cuyo papel social, según las palabras del propio Argullol, debe ser el de cirujano (penetrar en la realidad), topógrafo (establecer visión de conjunto), taxidermista (disecar la realidad mediante palabras), visionario (ir más allá de la percepción común) y basurero (apostar por los despojos de la existencia). En resumidas cuentas, si el escritor pretende jugar algún papel en esta sociedad posmoderna consumista y competitiva, deberá adoptar distintos ropajes, distintas mascaradas que le permitan ejercer con plenitud de condiciones su labor.

Y este hecho se convierte en un factor esencial para intentar generar una dinámica social alternativa. Una sociedad que decida apostar vigorosamente por la cultura, será un orden social más abierto y dinámico, puesto que la realidad cultural, citando las palabras del maestro Argullol, empujan al hombre a habitar el mundo de un modo distinto.