Entrevista a Victoria Camps

Camps: "La televisión pública catalana ha creado un imaginario nacionalista"

Victoria Camps (Barcelona, 1941) es doctora en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Durante años ha estado vinculada a la docencia y ha desempeñado distintos cargos en el ámbito universitario. En el terreno de la política, fue senadora por el PSC entre los años 1993-1996 y presidió la Comisión de Estudio de contenidos televisivos de la Cámara Alta. Asimismo, es autora de una prolija obra en la que destaca la reflexión sobre la ética de las virtudes y una manera de hacer de las personas en beneficio de proyectos comunes. Así lo muestran títulos como Virtudes públicas (Premio Espasa 1990) o El gobierno de las emociones (Premio Nacional de Ensayo 2012).

12 min
Victoria Camps, catedrática emérita de Filosofía Moral y Política de la UAB
Jordi Bernal
Miércoles, 5.02.2014 05:16

¿Existe un exceso de emoción en la política catalana actual?

Sí, seguro. Para movilizar a las masas se utiliza cierto populismo que es muy emotivo. Defender una identidad y un sentimiento patriótico entra en el terreno de las emociones. Y la causa que se está defendiendo siempre ha tenido una carga de emotividad muy fuerte. Es muy difícil de racionalizar o de razonar hasta el final. Así que muchas veces se queda en la etapa puramente emotiva.

Se refiere al populismo. No hace mucho, Mas definía la actitud de Rajoy como "despotismo ilustrado".

A ver, por una parte, tal vez aceptaría el calificativo de despotismo porque la actitud de Rajoy no es demasiado democrática, pero negaría lo de ilustrado. Y, por la otra, tampoco hay demasiada ilustración.

En un artículo del pasado noviembre hablaba de un enroque del nacionalismo catalán, pero también de la pervivencia de un nacionalismo español.

Es evidente. Podemos encontrar diferencias en las maneras de desarrollar y de traducir las creencias en una actividad política, pero los nacionalismos se parecen. Y es verdad que el nacionalismo catalán siempre ha mantenido una actitud defensiva o reactiva frente a un nacionalismo español también exacerbado. Y en estos momentos hay dos extremos que no se entienden porque no quieren hablar ni ponerse en el lugar del contrario. Ninguno de los dos bandos quiere renunciar a nada. Es una actitud negativa frente a la democracia deliberativa y un claro reflejo del déficit democrático actual.

Pero a esta situación nos ha llevado el nacionalismo catalán.

Sí, la iniciativa ha sido del nacionalismo catalán. ¿Pero este hecho justifica la actitud inmovilista del nacionalismo español? Yo diría que no. Porque la iniciativa del nacionalismo catalán viene de la transición democrática. Ha habido una voluntad de reivindicar una serie de elementos, unas libertades, que están en el inicio de la creación del Estado de las Autonomías.

¿Y el entendimiento podría resolverse con el pacto fiscal?

Convergència llevaba en su programa el pacto fiscal. A mí el movimiento del presidente [autonómico] Mas de ponerse a la cabeza de una manifestación y abandonar su programa no me parece justificable ni razonable. Por otra parte, no tenemos que descartar una consulta que al final podría hacerse, pero de manera pactada. No puede hacerse unilateralmente. En ninguno de los modelos en los que nos estamos mirando (Escocia, Quebec) lo hicieron como se está haciendo en Cataluña.

Mas ha reconocido finalmente que la independencia de Cataluña comportaría la salida inmediata de la UE. ¿No es motivo más que suficiente para aparcar el proceso soberanista?

Creo que lo ha reconocido porque no podía seguir sin hacerlo. Ahora ya lo ha reconocido. Y desde mi punto de vista es motivo suficiente para no seguir con el proceso.

Lanzó la idea de que cada partido aporte su propuesta de Ley de Presupuestos.

Bueno, me acogí a unas declaraciones del presidente de la Generalidad cuando la oposición presentó las enmiendas a la totalidad a la Ley de Presupuestos, y él conminó a los demás partidos a presentar unos presupuestos que cuadraran los números en estos momentos difíciles. Claro que es retórica parlamentaria, pero he sido senadora y he visto cómo funciona el parlamento. Siempre me han parecido muy estériles estos debates porque la oposición tiene que hacer su papel y no hay manera de discutir. No se trata de definir nada sino que cada cual escenifica una postura. Pero en el caso concreto de los presupuestos se tendría que explicar por qué recortes que se tenían que hacer no se han hecho y viceversa.

Aun así, un partido de izquierdas como ERC ha apoyado estos recortes.

Bueno, eso de que son de izquierdas lo dicen ellos...

La oposición ha criticado partidas concretas como subvenciones a órganos favorables al proceso soberanista.

Por ejemplo. Pero también era el momento de plantear una reforma de la administración y ver qué organismos sobran. Ha habido algún recorte y alguna cosa se ha hecho, pero la mayoría han ido contra las personas, ya que era lo más fácil, como por ejemplo bajarles el sueldo a los funcionarios. Más allá de eso, poco se ha hecho desde aquí o desde el Gobierno central.

¿Cómo debería reformarse el Senado?

Si queremos ser un Estado federal, está bastante claro y es inevitable convertir verdaderamente el Senado en una cámara territorial. Ahora bien, ¿qué quiere decir convertir España en un Estado federal? Tampoco se acaba de discutir. Se está hablando que debería cambiarse el sistema de financiación. No hace falta. Creo que se está explicando mal o no se acaba de explicar cómo plantear un Estado federal.

¿En pleno siglo XXI debería reformularse el modelo de inmersión lingüística?

En el siglo XXI y en el XX. Si tenemos una comunidad bilingüe, y además nos llenamos la boca de decirlo, no entiendo por qué la educación no lo es. Preferiría una educación con más presencia del castellano y que fuera más flexible. Hay zonas de Cataluña que requieren de una mayor presencia del castellano y otras lo necesitan del catalán. La Ley de Política Lingüística ya lo hace un poco pero no sabemos qué pasa realmente porque no tenemos datos. Diría que hay más bilingüismo de lo que parece, pero no lo sabemos a ciencia cierta.

Usted ha sido miembro del Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC), ¿qué utilidad tiene?

El CAC es un organismo que vigila. Y sólo por el hecho de vigilar, aunque no tenga capacidad legislativa ni punitiva, ya es importante porque los medios de comunicación se autocontrolan. Dado que es muy difícil regular la libertad de expresión, el CAC, con las recomendaciones y los seguimientos que hace cuando hay necesidad, contribuye a mejorar los medios de comunicación, sobre todo los públicos.

Algunas veces da la sensación que el CAC está más pendiente de lo que dicen los medios de Madrid que de lo que emiten los medios catalanes...

[Ríe] Es un poco absurdo que sólo exista un CAC, sobre todo ahora que los medios audiovisuales no tienen fronteras. Y esto debería estar regulado de otra manera.

¿Los medios de comunicación públicos catalanes están siendo utilizados como arma propagandística?

Los públicos lo están siendo, sí. La televisión, concretamente, ha creado un imaginario simbólico del catalanismo y el nacionalismo. El mapa del tiempo en los informativos es su más claro ejemplo. Y la propaganda nacionalista es evidente.

Estuvo en el llamado comité de sabios para renovar la televisión pública.

Primero estuve en la Comisión audiovisual del Senado, que fue muy interesante y concluyó con un informe que recomendaba la creación de un consejo audiovisual. Luego estuve en el CAC y finalmente en el comité de sabios que puso en marcha Zapatero para renovar la televisión pública. Hicimos lo que pudimos porque no teníamos ningún presupuesto, pero pienso que finalmente fue de las mejores cosas que hizo Zapatero. La televisión pública siempre necesita de una revisión de la calidad de los programas y ahora mismo ésta ha bajado. Es necesaria una vigilancia que no requiere de leyes.

¿Se ha perdido objetividad informativa en televisión pública?

Pienso que sí. Y en el anterior Gobierno hubo un esfuerzo que ahora no existe.

Como ex senadora por el PSC, ¿cómo ve la crisis de los socialistas en Cataluña?

Es una crisis fuerte y profunda. Sin embargo, celebro que el PSC haya encontrado un alma que no sea ninguna de las llamadas dos almas del socialismo catalán. Eso de las dos almas no me ha gustado nunca y reproducía una dicotomía que ha sido nefasta. Ahora tiene una línea. Y frente al proceso soberanista ha marcado una línea que pienso que es muy clara. Sobre todo en lo referente a la consulta. Es decir, el PSC no es contrario a la consulta pero cree que se está haciendo mal. Y en este sentido es coherente.

Tanto desde el independentismo como desde el llamado bloque constitucionalista se acusa al PSC de poco contundente y errático.

Bueno, la situación del país es errática. Pero qué se puede cambiar ¿Un modelo de financiación diferente? Pues hablemos de eso. Hablemos primero de dinero. Y luego en qué modelo de Estado nos sentiríamos bien. Eso desinflaría bastante el independentismo.

Pero ya hemos superado la etapa de la financiación...

Sí, ya no se quiere hablar de eso. Y, por lo tanto, nos quedamos el dinero y así somos independientes. Antes se tendrán que analizar muchos aspectos, entre ellos los que tienen que ver con la gestión económica.

En cuanto a la corrupción, ¿hemos pasado de una laxitud moral durante los años de bonanza económica al linchamiento mediático-twittero de cualquier persona investigada judicialmente?

Hasta ahora lo hemos hecho muy mal con el tema de la corrupción, y no porque seamos más corruptos que otros países, pero sí porque no hemos sabido reaccionar. A mí no me parece mal que haya una reacción, y que una persona que está en entredicho se aparte para que por lo menos los medios de comunicación dejen de hablar sobre el asunto y podamos hablar de otras cosas. Así también la justicia sigue su curso y esta persona es recuperable. Por otras cosas menores hay personas que en otros países dimiten.

¿Necesitamos una mejora en la calidad de la democracia?

El gran problema que tenemos son los partidos políticos. Como apuntaba antes, el Parlamento no funciona porque no hay debate y se basa en un partidismo de descalificación mutua. Y poco más. Es la primera gran renovación que debe hacerse. La regeneración de la democracia puede y debe pasar por un cambio legislativo. Pero finalmente si no creen en el llamado espíritu de la ley, en quererla aplicar bien y pensar en el interés común y no en el personal o de partido, no hay regeneración posible.

¿La pérdida de confianza con la democracia liberal podría exacerbar movimientos extremistas?

Bueno, ya está sucediendo.

Pero con capacidad para gobernar.

Los movimientos populistas nunca llegan tan lejos como para tener opciones de gobernar. En Italia, por ejemplo, el movimiento más populista es antisistema. Es decir, su postura es tan contraria al sistema que no tiene opciones de gobierno. Me dan más miedo los movimientos xenófobos, como en el caso de Francia. Por cierto, hay que señalar que en España no tenemos. Ha habido algún brote, como en Badalona o en Vic con PxC, pero han sido muy minoritarios.

Sectores de la izquierda lo achacan a que la extrema derecha está integrada en el PP...

Es cierto que las explicaciones de Rajoy sobre las concertinas de Ceuta fueron impresentables, pero deberíamos subrayar que no somos xenófobos, y eso que tenemos una historia que se las trae... Sin embargo, la crisis ha demostrado que la sociedad es solidaria. Y las entidades no gubernamentales han desempeñado una labor que no ha realizado el Gobierno.

Desde su experiencia ejerciendo la docencia, ¿cómo valora la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE)?

La principal objeción es que no se puede legislar cada vez que hay un cambio de color en el Gobierno. Es evidente que necesitamos medidas para superar el fracaso escolar que tenemos. Pero, por ejemplo, hay medidas que nunca acaban de ponerse en marcha como es el prestigio de la formación profesional. Los alumnos de formación profesional son los primeros que encuentran trabajo. Aquí tenemos un déficit.

¿Titulitis?

Aquí también han tenido culpa los más progres. Se ha vendido que la educación obligatoria tiene que ser igual para todo el mundo, y esto no es igualdad de oportunidades puesto que hay mucha gente que se queda por el camino. Darles otras oportunidades es también igualdad de oportunidades.

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