El Ojo Cosmológico

Alabama Monroe, la tragedia sin paliativos: 'there's no second chance'

Crítica cinematográfica

6 min
Juan Pérez
Lunes, 24.02.2014 11:24

 


Título original: The Broken Circle Breakdown (Alabama Monroe)
Año: 2012
Duración: 112 min.
País: Bélgica
Director: Felix Van Groeningen
Guión: Carl Joos, Felix Van Groeningen
Música: Bjorn Eriksson
Reparto: Veerle Baetens, Johan Heldenbergh, Nell Cattrysse, Geert Van Rampelberg, Nils De Caster, Robbie Cleiren, Bert Huysentruyt, Jan Bijvoet, Blanka Heirman

Fotogalería de Alabama Monroe

Escogida como película candidata al Óscar a la mejor película extranjera, la película belga, hablada en flamenco, Alabama Monroe (como ha sido titulada aquí con innegable don poético, aunque desvele crípticamente el final), reúne valores suficientes como para llegar a convertirse en una película de éxito, popular, pero no lleva camino de ello, acaso por el exceso de singularidad y por algunas equivocaciones de guión que la lastran innecesariamente.

Desde la óptica del espectador catalán la película es toda una lección respecto del lugar que ocupa la reivindicación secesionista en la vida de los personajes: ninguno. Viven su flandesismo, digámoslo así, sin atisbo alguno de crispación nacionalista, y diríase que, por su pertenencia a culturas urbanas bien definidas, son todo lo contrario del viejo nacionalismo casposo que alimenta un discurso lamentable y ridículamente épico.

El protagonista es un músico de estilo country que lleva su admiración hacia los Estados Unidos al extremo de mitificar la cuna de la música que ama sobre todas las cosas y que le lleva a casi convertirse en un americano en Flandes tanto por la indumentaria como por el frecuente uso del inglés; la protagonista es la dueña de una casa de tatuajes y tendencia espiritual cristiana y orientalizante que, enamorada a primera vista de su peculiar "cowboy", se convertirá en la cantante del grupo, en su esposa y en la desesperada madre de su hija, porque, y aquí entra el tenebroso aletazo de la tragedia, a la hija le detectan un cáncer a los seis años, enfermedad de la que morirá, sin que funcionen con ella los últimos tratamientos con células madre, lo que generará una espiral de reproches, incomprensiones, malentendidos y choques morales e ideológicos en la pareja que les conducirá a la separación y al fallido intento de conseguir la imposible segunda oportunidad del título de esta crítica.

Alabama Monroe es una película que suma tres historias: una apasionada historia de amor; la descripción de un progreso profesional y un drama familiar literalmente insuperable, narradas de forma alterna y sin continuidad cronológica, lo que le permite al espectador ir reconstruyéndola para acompañar el desarrollo de la trama hasta el desolado clímax final.

Es un alivio para el espectador que la narración se le presente así, porque se logra una compensación entre la pasión de los días felices y la desesperación de los días aciagos que le evitan deslizarse por una pendiente de congoja y dolor aún mayor de por la que acaba cayendo al final.

Se trata de una tragedia en toda regla, al estilo antiguo, de las que difícilmente dejan enjuto el lagrimal del espectador, por curtido que se crea, porque el proceso de la enfermedad de la hija es devastador, propiciado en buena parte por el prodigio de actuación de la hija, la inconmensurable actriz Nell Cattrysse, por cuya exclusiva actuación ya merecería ser vista la película, del mismo modo que ocurría con la película sueca Déjame entrar y la magnética actriz Lina Leandersson.

La pareja protagonista, con un dominio del registro dramático que funciona a la perfección, consiguen llevar al espectador a una dolorosísima vivencia del drama que se representa ante sus ojos con una veracidad solo emborronada por la deriva de la denuncia ideológica de la prohibición de la experimentación con células madres, en una suerte de mitin sonrojante doblemente repetido: ante su mujer, frente a la prohibición anunciada por Bush en la televisión –el protagonista solo ve canales de TV. norteamericanos en su particular inmersión en la cultura del bluegrass– y, una vez roto su matrimonio, ante la audiencia de uno de sus conciertos, una escena perfectamente prescindible, por su radical ingenuidad, que es la propia, sin embargo, del personaje, un corazón sencillo, lo que eleva su dolor a un nivel de sufrimiento instintivo que nos atenaza porque lo vemos acorralado por una niebla fría y espesa que ninguna racionalización puede penetrar.

La banda sonora de la película, con canciones originales de Björn Eriksson e interpretadas por la pareja protagonista con el respaldo del grupo que actúa en la película, son canciones creadas ad hoc para la cinta, pero ello no convierte a Alabama Monroe en una película musical, por supuesto, aunque la importancia de la música es trascendental en no pocos momentos de la película, sobre todo en los entierros.

La pasión del protagonista por Bill Monroe, el creador del estilo country bluegrass, al que sitúa por encima de Elvis Presley, sirve de motivo dinámico para el inicio de la relación amorosa, pero, desde que el músico norteamericano es mencionado, el bluegrass se va apoderando de la vida de la pareja hasta convertirse alguna canción, como 'If I needed you', en la razón de ser de la escena, por más que el mitin posterior arruine el clímax que su interpetación había conseguido.

A pesar de sus escasísimos momentos de decaimiento, relacionados con la pobremente expresada posición ideológica y espiritual de ambos personajes, cada uno con sus flaquezas, Alabama Monroe es un drama sólido, duro, impactante, porque la tragedia de la desaparición de una hija pequeña tiene difícil parangón. Podríamos decir incluso que se trata de un melodrama, si se quiere, atendiendo a la importantísima presencia de la música, que atrapará a los espectadores que se dejen empapar por este derroche de vida, pero, en ese caso, tendríamos que acordarnos de su más eximio cultivador: Douglas Sirk, salvando las distancias, claro está. Pero todo, en el cine, es un continuo salvar las distancias… para llegar desde la luz de las imágenes hasta la emoción del espectador, como en esta película sucede.

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