"La balcanización de la Europa del este y del sur después de la I Guerra Mundial condujo a la II Guerra Mundial. La balcanización del mundo a través de la expansión del separatismo podría aumentar la probabilidad de una tercera. No es un escenario inspirador"

Kimon Valaskakis, escritor y ex embajador de Canadá ante la OCDE, en un artículo publicado este miércoles en The Huffington Post:

"[...] Los separatistas suelen creer que pueden frenar la globalización mediante una simple declaración de soberanía, la adopción de una nueva bandera e himnos nacionales y consiguiendo un asiento en las Naciones Unidas. Es es, por desgracia, una ilusión.

La globalización está impulsada por el capital internacional, los movimientos tecnológicos y de mano de obra, internet, las finanzas globales y las poderosas redes globales -algunas visibles, otras encubiertas-. Las corporaciones multinacionales van a seguir siendo globales, así como las mafias, los carteles de la droga, el crimen organizado, el yihadismo, etc.

Si todos los movimientos separatistas del mundo tuvieran éxito, podríamos pasar de un mundo actual de menos de 200 países a un de cerca de 1.000 -todos con un asiento en la ONU-. ¿Se imaginan lo difícil que sería decidir cualquier cosa en una potente asamblea general de la ONU con 1.000 miembros? Piensen, también sobre el equilibrio del poder: 1.000 pequeños países fragmentados, además de sus gobiernos subnacionales, compitiendo por los favores de una docena de enormes conglomerados mundiales no regulados. Sería una vergüenza de riqueza para unos conglomerados sin responsabilidades. También sería El Dorado para el crimen organizado, el yihadismo, los evasores fiscales y todo tipo de criminales saltando de jurisdicción en jurisdicción.

El sociólogo Daniel Bell comentó una vez, en los años 70, que el Estado-nación se había vuelto demasiado grande para los problemas pequeños y demasiado pequeño para los grandes. Su palabrs fueron proféticas pero de doble filo. Los gobiernos nacionales ya no pueden enfrentarse a las pandemias, al calentamiento global, al terrorismo internacional, a las finanzas globales desreguladas -a menos que actúen al unísono en las organizaciones intergubernamentales-. Pero, por el mismo movito, los micro estados liliputienses, que emergen de la ola global separatista, serían incluso menos capaces de enfrentarse a estos problemas. La gobernanza global estaría entonces completamente controlada por las restantes redes privadas internacionales. Un escenario aterrador seguramente.

¿Quiere eso decir que debemos mantener y congelar las actuales fronteras a perpetuidad? No, obviamente no. Nuevas transformaciones y reestructuraciones son necesarias. Pero la respuesta más sostenible puede estar en nuevas formas de federalismo y no en la simple multiplicación de las soberanías.

En el mundo interdependiente de hoy, la soberanía es una ilusión excepto si eres una superpotencia. Los problemas son demasiado grandes, mientras que los medios disponibles para las denominados nuevos gobiernos 'soberanos' son demasiado pequeños.

La balcanización de la Europa del este y del sur después de la I Guerra Mundial condujo a la II Guerra Mundial. La balcanización del mundo a través de la expansión del separatismo podría aumentar la probabilidad de una tercera. No es un escenario inspirador".