Derecho a estudiar

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Lunes, 3.03.2014 08:36

En España, la educación depende de las diferentes CCAA y esto significa, a la práctica, diferencias abismales entre los conocimientos de los alumnos que pueden llegar a ser equivalentes a un año y medio de escolarización si tomamos, por ejemplo, los resultados de PISA de Navarra y Extremadura de 2013. En 2008, en España se gastó, con relación al PIB, un 3% más que en Finlandia y quedó veinte puntos por detrás en PISA. Algo se está haciendo muy mal, pero no parece ser un motivo de preocupación para los diferentes gobiernos.

Cataluña suele estar entre las primeras posiciones en fracaso y abandono escolar temprano. Aun así, se repite una y otra vez que el modelo educativo catalán es un modelo de éxito. ¿Cómo se puede hablar de "éxito" cuando los aspectos referidos se sitúan sobre el 25%?

Cataluña suele estar en la media española con respecto a estos exámenes –lo cual significa estar bastante mal- pero está, además, entre las primeras posiciones en fracaso y abandono escolar temprano. Aun así, se repite una y otra vez que el modelo educativo catalán es un modelo de éxito. ¿Cómo se puede hablar de "éxito" cuando los aspectos referidos (fracaso y abandono escolar temprano) se sitúan sobre el 25% frente a, por ejemplo, el 8,8% que suponen en el País Vasco? ¿No sería más lógico ponerse a trabajar para ver dónde están los motivos de semejante desastre e intentar poner remedio? Teniendo en cuenta que estos malos resultados afectan sobre todo a las clases sociales más bajas, ¿no sería lógico que los partidos que se autodefinen de izquierdas como PSC, ICV-EUiA, ERC y CUP hicieran bandera de una lucha contra esta situación? Pues no. De vez en cuando se manifiestan por los recortes, pero ni se les ocurre plantearse que hay algo de fondo que falla en el sistema, más allá de la financiación.

En los últimos días he recibido varios comentarios alarmados de personas relacionadas, de una manera u otra, con la infancia y la educación. En primer lugar, una psicóloga que trabaja en atención precoz me contaba, indignada, cómo por su consulta han desfilado esta semana niños vestidos de las formas más estrafalarias posibles, pijamas incluidos, lo que, a su entender, es un ataque a la dignidad de los menores. Le doy la razón: el pijama es una prenda fantástica, pero para la intimidad del hogar, no para pasearte así por Barcelona, tengas 6 años o 56. Ella, desde su experiencia, considera un grave error la gran cantidad de tiempo que se destina en los colegios a "castanyades", "tios", carnavales y festejos varios.

Ciertamente, puede tener sentido trabajar esas festividades en la educación pre-escolar, junto con el paso de las estaciones, pero no parece muy lógico que eso se alargue durante los 12 años que pueda durar sus educación obligatoria. Porque no se trata de que se pierda un día de clase para ello sino el tiempo que se le dedica durante toda esa semana y que no se está dedicando al aprendizaje de otros contenidos. Por poner un ejemplo, en Alemania, muchos niños empiezan a estudiar latín a los 9 años y no parece que les vaya nada mal porque cualquier alumno universitario domina, cuanto menos, dos lenguas extranjeras. No tengo ningún tipo de duda que haber adquirido una buena base gramatical a tan corta edad ayuda a la adquisición de otras lenguas. Aquí, al llegar a la universidad, la mayoría tiene graves problemas para enfrentarse a la lectura de un artículo en inglés y en pocas ocasiones tienen ni tan siquiera nociones de otras lenguas. Me niego a creer que nuestros alumnos sean menos capaces que los alemanes, así que algo se está haciendo muy mal.

Supongo que defenderán semejante ristra de despropósitos con el argumento de mantener las tradiciones. Yo, sin embargo, preferiría que se empezara a crear una tradición en excelencia y en éxitos científicos y académicos

Más alarmante resulta aún que en la secundaria se dediquen horas lectivas a este tipo de actividades. Me explica un profesor que en su instituto se dedican las dos semanas anteriores al Carnaval a preparar comparsas. La cosa aquí se complica porque la mayoría de alumnos no quiere participar y los tutores se sienten presionados a "motivar la participación". Desde luego, nada más violento que intentar convencer a una persona de 15 o 16 años para que se disfrace y participe en una coreografía para exhibirla en el patio a las 11:00 horas de la mañana de un viernes. ¿Cuántos de nosotros lo haríamos? Así, muchos de los profesores de ese centro tienen que lidiar durante las tutorías con los más de veinte alumnos que se niegan a participar mientras intentan supervisar a los cuatro o cinco que han decidido disfrazarse y bailar. Estos ensayos se suelen llevar a cabo durante las horas de tutorías mientras que en la clase de al lado o la de enfrente, el profesor de turno tiene que forzar la voz para intentar hacerse entender sobre la música. ¿De verdad hay alguien que pueda sostener que esto es positivo para la educación de los estudios y que favorece la imagen de los institutos como lugares en lo que lo más importante son las materias impartidas? ¿Dónde queda el derecho a estudiar de todas esas personas que no participan de estas actividades y que, además, en gran medida, acaban quedándose en su casa el día del gran evento? ¿Cuántas horas lectivas pierden tanto los que se disfrazan como esa mayoría que no lo hace?

Este año, además –añade mi amigo-, en una de esas comparsas, simulaban fumar un porro gigante ante el regocijo de alumnos, profesores y madres –estaban por allí algunas miembros del AMPA haciendo una chocolatada- que la premiaron como ganadora en su categoría. Tan solo mi amigo y dos profesoras más se quejaron de este hecho, pero sin alzar mucho la voz, que ya se sabe que nadie tiene ganas de quedar como un aguafiestas.

Por supuesto, no soy nadie para juzgar el consumo de estupefacientes por parte de personas adultas pero, desde luego, no me parece de recibo que semejante apología suceda en un centro en el que la gran mayoría, incluidos los miembros de esta comparsa, son menores de edad. ¿Se han planteado esos profesores en qué consiste su labor como educadores? Supongo que defenderán semejante ristra de despropósitos con el argumento de mantener las tradiciones. Quizá se refieran a seguir la tradición del fracaso escolar y de los malos resultados en PISA. Yo, sin embargo, preferiría que se empezara a crear una tradición en excelencia y en éxitos científicos y académicos. Cuestión de prioridades.

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¿Quién es... Sonia Sierra?
Sonia Sierra
Doctora en Filología española y profesora de Lengua y Literatura españolas en Barcelona. Miembro del colectivo Puerta de Brandemburgo. Concejal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Barcelona.
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