Revista de prensa

El nuevo orden catalán, una ponencia de CDC en 'La Vanguardia'

El funeral del 11-M: unidad de las víctimas, guerra mediática. Artículo de Francesc de Carreras sobre la derrota de los demócratas. La polémica despedida de Rouco; Bláquez, en la quiniela episcopal.

12 min
Pablo Planas
Miércoles, 12.03.2014 09:24

Conspiranoicos y conspirafóbicos. La prensa se ajusta las cuentas con el 11-M. Hay dos líneas. El País y los periódicos de Barcelona embisten contra el pedrojotismo; El Mundo rehúsa el enfrentamiento. La Razón y el Abc intentan practicar la equidistancia. El combate es desigual. En el correlato radiofónico, Carlos Herrera, en Onda Cero, y Jiménez Losantos, en Es Radio, abundan en los flecos sueltos y dudas razonables. Frente a ellos, el resto, los demás, detectores de bulos con aires inquisitoriales. El funeral de Estado por las 192 víctimas es el primer plano, la fotografía dominante, la Familia Real con representantes de todas las asociaciones de víctimas, unidas por primera vez tras años de enfrentamientos y divisiones. El plano general, en cambio, es el de la hemeroteca, el quién dijo qué y el de la anatomía pormenorizada de las intenciones ocultas.

Esta guerra mediática es como un control de carreteras en Crimea, un escenario poco recomendable que provoca, además, extraños efectos. El País parece El Mundo. El periódico de Prisa titula así: "La unidad de las víctimas alivia la fractura por los bulos del 11-M" y celebra las ausencias de Zapatero y Aznar en el subtítulo: "'Hoy es un día de unión, no de reproches', afirman las asociaciones tras un acto católico al que no fueron invitados ni Aznar ni Zapatero". El diario que dirigió Pedro J., en cambio, parece El País, en una sobria censura de la situación: "Aznar y Zapatero, ausentes del funeral unitario del 11-M". El subtítulo complementa la tesis: "Ni sus partidos ni presidencia del Gobierno les advirtieron de la convocatoria/A los dos ex presidentes les hubiera gustado asistir".

También editorializa, "un fallo imperdonable" afirma al respecto. "El error de no invitarles ha sido monumental y da una idea de lo poco sólido que es este país. El fallo puede atribuirse a la Fundación Víctimas del Terrorismo, convocante del acto. Pero tampoco se puede exigir a una organización como ésa que tenga presente el carácter simbólico de ciertas presencias. La Presidencia del Gobierno debía, a su vez, haber estado al tanto y haber aconsejado a los organizadores la invitación a los dos personajes políticos que encarnan en la memoria colectiva aquellos días de espanto. Y por último, los partidos a los que Aznar y Zapatero pertenecen no debían de ninguna manera haber dejado caer en el olvido a quienes en otro tiempo fueron sus líderes venerados y que lideraron a sus respectivos militantes en las horas más tensas y dolorosas para el país. Nunca se hubiera producido un fallo tan imperdonable en la conmemoración del atentado terrorista contra las Torres Gemelas en Estados Unidos", considera El Mundo.

La dinámica de El País es otra. ¿Unidad? Sí y leña a los dudosos. La prosa de Natalia Junquera y Carlos E. Cué sobre el funeral de Estado es casi de combate, directa a la yugular:

"Las dos principales asociaciones de víctimas del 11-M acudieron ayer unidas por primera vez en 10 años a la conmemoración del aniversario de los atentados celebrada en la catedral de la Almudena de Madrid. Los bulos del 11-M, que cuestionaron la investigación judicial y policial intentando atribuir la matanza a ETA, habían dividido durante todo este tiempo a las dos asociaciones. (...) La nota discordante la dio el cardenal arzobispo Antonio María Rouco, que recuperó en su misa la teoría conspirativa del ex presidente José María Aznar, según la cual los atentados buscaban la derrota electoral del PP. Los terroristas tenían, afirmó Rouco, "oscuros objetivos de poder". Lo hablaron hace meses. Ni Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, ni Ángeles Pedraza, de la AVT, querían que el titular de hoy fuera el de la división de las víctimas".

Pura doctrina. Hay una tercera vía, basada en el análisis de las consecuencias generales de los atentados. El artículo de Francesc de Carreras, en la edición catalana de El País, es una muestra:

"Fueron días de luto por la tragedia, todos sentimos una pena infinita por las víctimas, muertos y heridos, familiares y amigos. Pero fueron también días de luto por la democracia. El grave error de Aznar fue no convocar la misma mañana del jueves 11 a los demás partidos para adoptar hasta el día electoral una posición conjunta: hay que hacer frente al terrorismo como un problema de todos, sin fisuras, no un instrumento de lucha política. Algunos ministros —entre ellos Rajoy— se lo aconsejaron y Aznar no hizo caso. El error del PSOE y de su entorno mediático fue aprovechar la ocasión para echar al Gobierno la culpa del atentado a causa de la colaboración de España en la guerra de Irak, algo que después se ha comprobado que es falso, y no instar su portavoz a la retirada de los concentrados en los aledaños de las sedes populares horas antes de que se abrieran las urnas. La democracia perdió las elecciones. Diez años después todos deberían admitir sus errores. Lamentablemente no creo que así sea. El 23-F constituyó un triunfo de los demócratas frente a quienes pretendían derrocar la democracia. El 11-M y los dos días siguientes significaron la derrota de los demócratas a causa de su división".

"Nihil novum sub sole". Unidad, división, sol y sombras, pronóstico reservado.

El cardenal Rouco es para un sector de la prensa lo mismo que Mourinho para los lectores del Sport o de La Vanguardia. En El Punt Avui, sin ir más lejos, le calzan un sopapo en portada por alertar de la deriva política de España. "Rouco, apocalíptico", aseveran rotundos. ¿Un arzobispo conspiranoico y apocalíptico? Impresionante retrato al carbón. Total, es información religiosa, una cenicienta en el papel.

Inminente relevo episcopal, puede que hoy, aunque qué sabe nadie. La sustitución del presidente de la Conferencia Episcopal es como la designación del candidato del PP en las elecciones europeas, un misterio. Se aproxima a él Laura Daniele en Abc, con una información de alto riesgo: "A pesar de que siempre hay margen para las sorpresas, el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, es el candidato que obtuvo ayer más apoyos para presidir la Conferencia Episcopal Española (CEE) durante la votación de sondeo que se celebró a última hora de la tarde, según pudo saber Abc. Los otros dos nombres que surgieron de este escrutinio fueron el arzobispo castrense, Juan del Río, y el arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, quien se perfila como vicepresidente". Blázquez y Osoro. Continúa Daniele: "La votación definitiva tendrá lugar hoy. Para que monseñor Ricardo Blázquez pueda hacerse finalmente con el cargo deberá contar con la mayoría absoluta, es decir, al menos 41 votos de los 80 que se emitirán en esta Asamblea Plenaria –en caso de que estén todos los electores–. Si en la dos primeras votaciones nadie obtuviese la mayoría necesaria, se procederá a una tercera entre los dos obispos más votados. Si en ésta hubiera empate, resultaría elegido el de mayor edad. Una vez conocido el nombre del nuevo presidente, está previsto que comparezca poco antes del mediodía ante los medios de comunicación". Así sea.

Política catalana. La Vanguardia encabeza el pelotón con una información de Jordi Barbeta sobre el futuro estado catalán. Nada que ver con lo de Crimea, titular principal de portada del decano barcelonés. Vía referéndum o vía declaración unilateral, como la del parlamento crimeano, la cosa nuestra será tipo noruego, el país de las maravillas, un lujo nórdico en un clima soleado. "Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) se propone impulsar como partido político la creación de un 'Estado catalán' de nuevo cuño, a partir de un 'proceso constituyente' que dé lugar a un sistema institucional distinto y alternativo al actual con reformas profundas en los tres ámbitos del poder político, ejecutivo, legislativo y judicial. Así se plantea en la ponencia de Regeneració Democràtica, que será sometida a debate en la convención nacional que el partido celebrará el próximo fin de semana en Barcelona y que será clausurada por el presidente de la Generalidad, Artur Mas", informa el periodista, que da más datos. "Prácticamente, la idea consiste en refundar políticamente el país con reformas en el régimen de derechos y libertades para dar cobertura y fomentar las iniciativas ciudadanas. El objetivo es 'combatir desigualdades y discriminaciones, erradicar la pobreza, estimular la sostenibilidad ambiental, las potencialidades de los territorios y la educación como fuente de ciudadanía plena'. (...) Poder judicial. CDC viene a proponer una nueva planta judicial servida por 'jueces profesionales e independientes' que garanticen 'procesos judiciales ágiles y efectivos' con fiscales que 'actúen con sensibilidad en defensa de los más débiles'. Apuesta también por fomentar la asunción de la responsabilidad individual y colectiva ante el conflicto a través de instrumentos de conciliación y mediación". Lo de noruego es por el tipo de fiscalidad que se pretende, de "nuevo cuño", como todo, y que no falte de nada. ¡Caña aquí!

Procesos judiciales "ágiles y efectivos". ¿Convergència? Políticos diseñando la justicia. Es como agua y aceite, que dice el Abc que es el tipo de relación que mantienen los futbolistas Messi y Neymar. Se conoce que el primero no le ha hecho ningún centro al segundo en lo que vamos de temporada. Que no combinan. El partido del Palau pide jueces profesionales y el PSC es noticia en El País por el perfil del sustituto de Jaume Collboni en el Parlamento autonómico catalán. Es una información de Pere Ríos titulada "El diputado del PSC que relevará a Jaume Collboni está imputado". Y dice así:

"La candidata a las primarias del PSC de Barcelona, Laia Bonet, anunció ayer que no ocupará el escaño que le correspondería en el Parlamento [autonómico] después de la renuncia a su acta de diputado del también aspirante a alcaldable socialista, Jaume Collboni. El siguiente en la lista electoral que presentaron los socialistas por Barcelona en las últimas elecciones autonómicas es Javi López, secretario general de la Joventut Socialista de Cataluña, pero este tampoco tomará posesión porque será candidato en las elecciones europeas. Le sigue en la candidatura Cristòfol Gimeno, alcalde de Castellgalí y primer secretario del partido en Bages, Osona y Ripollès, quien sí hizo público que aceptaría el escaño. Gimeno, sin embargo, está imputado por el Juzgado de Instrucción número 30 de Barcelona, junto a otras 53 personas más por un delito de administración desleal supuestamente cometido por participar en los Consejos de Administración de CatalunyaCaixa que aprobaron el aumento en las retribuciones de su ex director general Adolf Todó y de su adjunto, Jaume Massana".

Una de las implicaciones sería que, caso de confirmarse lo de Gimeno, comenta Rios, el caso pasaría al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC).

Más procesos judiciales "ágiles y efectivos": más alteraciones en el primer juicio contra Millet. Ayer se colgó el sistema, se rompió el ordenador o se fundió un disco duro, qué más dará, y no se pudo tomar declaración a un ex teniente de alcalde. Es el asunto del hotel que pretendía Millet al lado del Palau, el menor de todos los pufos.

Enternecedoras portadas de los diarios catalanes, salvo La Vanguardia, sobre la pobreza. El Parlamento autonómico catalán se reúne para abordar el problema. Conmoción en los cajeros. "Señoras y señores diputados: La pobreza es el reto", clama El Periódico. ¿Y el proceso? Ni en el Ara parece prioritario: "El gobierno autonómico advierte de la dificultad de aumentar el gasto y pide que no se haga electoralismo". Ayer estuvieron en el Parlament unas enfermeras de la especialidad de pediatría para hablar de malnutrición infantil. Escaso relieve en prensa. Un debate parlamentario sobre la pobreza es un tanto insólito. ¿Y por qué no una visita guiada por el edificio de la Ciutadella para los pobres también?

12 de marzo, San Inocencio I, papa, y San Maximiliano de Tebeste, degollado por no querer ser soldado.