"Suprema paradoja, tras un siglo y pico de repetir la misma matraca, el discurso ideológico del catalanismo ha acabado teniendo más impacto en el Madrid con mando en plaza que en la propia Cataluña. [...] A diferencia del Madrid nihilista, nosotros no nos rendimos. Ni en lo material ni tampoco en lo intelectual"

José García Domínguez, periodista, en un artículo publicado este domingo en Libertad Digital:

"Dos ilustres exponentes del Madrid nihilista, el ex director del diario El Mundo y quien fuera ministro de Industria de Zapatero, han venido a sumarse en los últimos días al ingente coro de arbitristas y recaderos que andan buscándole una salida al mar a Artur Mas. Así, mientras el uno desempolvaba la vieja idea, ya presente en el ánimo de los constituyentes, de reducir las autonomías a las tres históricas, el otro daba en postular nada menos que un proceso constituyente con tal de colmar de gusto a los secesionistas. Y es que, suprema paradoja, tras un siglo y pico de repetir la misma matraca, el discurso ideológico del catalanismo ha acabado teniendo más impacto en el Madrid con mando en plaza que en la propia Cataluña. Repárese, si no, en que, botifler arriba, botifler abajo, la mitad de los habitantes del país petit seguimos sin poner en duda que la titularidad exclusiva de la soberanía sobre nuestras cuatro provincias corresponde a la nación española, asunto que se nos antoja ni discutido ni discutible. A diferencia del Madrid nihilista, nosotros no nos rendimos. Ni en lo material ni tampoco en lo intelectual.

El riojano, en cambio, cree que Cataluña posee una identidad en extremo más marcada que la de los de Logroño, singularidad que, a su juicio, debe figurar en la letra y música de la Constitución. Cualquiera que haya visitado las casetas flamencas de la Feria de Abril de Barcelona podría suscribir ese mismo aserto, esto es, que Cataluña alberga rasgos singulares que no están presentes en La Rioja. Lo que no acaba de entenderse es que matices identitarios diferentes exijan marcos jurídicos segregados. La mujeres, por ejemplo, poseen una muy acusada identidad de género en relación a los hombres. Al igual que los gais y las lesbianas, que también se significan por compartir una identidad sexual diferente a la de los heterosexuales. Pero de ahí no se infiere que las mujeres tengan derecho a pagar menos impuestos, o que los homosexuales puedan reclamar que nadie hable español en los colegios de sus hijos.

Porque en una democracia la ciudadanía solo puede estar vinculada al cumplimiento de la ley; única y exclusivamente al cumplimiento de la ley. El fundamento ontológico de la democracia es la ciudadanía, no la identidad. Y se es ciudadano en la medida en que se respetan las normas, no por el hecho de suscribir tal o cual rasgo cultural presente en la colectividad.

En cuanto a ese disparate conceptual, el del proceso constituyente, convendría recordar qué significa tal cosa. Sépase que un proceso constituyente implica la negación misma de la legitimidad del orden jurídico previo a su inicio. Por definición, los procesos constituyentes no admiten límites externos a la voluntad soberana del legislador. En un proceso constituyente, por tanto, la Constitución del 78 dejaría de estar en vigor en el instante mismo de iniciarse. Un proceso constituyente no sería ni más ni menos que el primer capítulo de un proceso revolucionario. Ah, el Madrid nihilista".

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