De Anselm Clavé a Marta Rovira

4 min
Sábado, 12.04.2014 12:34

Los días 15, 16, 19 y 20 del mes de junio de 1863, los Coros de Clavé actuaron en el Teatro de la Zarzuela madrileño con un éxito inenarrable. A la función del día 19 asistieron la reina Isabel II y Juan Prim. El "todo Madrid" se hacía lenguas de la demostración cívico-cultural de los obreros catalanes abanderados por un federalista republicano como Clavé, no bien visto por los músicos "oficiales" de la Corte. La reacción de Clavé, un infatigable luchador progresista, fue del siguiente tenor:

"El triunfo de anoche es uno de los más grandes que he alcanzado en mi vida. [...] Anoche todo el mundo hablaba en catalán. [...] Hemos catalanizado Madrid. No se oye hablar más que en catalán, pues los que son paisanos nuestros se envanecen de serlo y los que no lo son se empeñan en probarnos que nos comprenden" (*).

Clavé, cuya biografía es muy posible que desconozca la señora Marta Rovira, representa una Cataluña muy diferente de la tradicional y carlistona que han acabado defendiendo los nacionalistas que anteponen la patria a los ciudadanos, sean ciueros, cupaires, ex comunistas o errecistas. Sólo hay que comparar el lema de su obra músico-cívica, La Fraternidad: Progreso. Virtud. Amor, con los de los restauradores de los Jocs Florals, Patria. Fe. Amor, raíz del nacionalismo gobernante. En nuestros días, sería un catalanista incómodo para el poder, sin duda.

Su intervención antiparlamentaria, más propia de corro de madres que esperan la salida del colegio de sus hijos, fue la prueba evidente de la gran mentira del "model d'èxit educatiu" catalán

El 8 de abril de 2014, se presentó en la sede de la soberanía popular española una catalana que parecía tener a gala presentarse como extranjera en su país y que echaba de menos no haber conocido con anterioridad a buena parte de sus colegas políticos, y que casi se vanagloriaba de su incompetencia en el uso de la lengua oficial del Estado de cuyas instituciones forma parte.

Su intervención antiparlamentaria, más propia de corro de madres que esperan la salida del colegio de sus hijos, fue la prueba evidente de la gran mentira del "model d'èxit educatiu" catalán. La incapacidad de la señora Rovira para hilvanar algo que de lejos pudiera parecerse a un discurso llevó al estupor no solo a sus interlocutores, sino también a los sufridos espectadores que asistimos a su alocución acongojados y llenos de vergüenza ajena, la que a ella le faltaba.

No es el mejor castellano el que se habla sin ningún acento regional, pero no es menos cierto que una persona culta es aquella que sabe discriminar los códigos que utiliza y respetarlos escrupulosamente. A ningún castellanoparlante se nos ocurre pronunciar Pujol con nuestra jota gutural en vez de con la fricativa postalveolar del catalán, pero la señora Rovira es de las que, como muchos de sus correligionarios, no hace ni el más mínimo esfuerzo por apartarse de un Gunsales, por ejemplo, en vez del González culto preceptivo. Pero en punto a pronunciación, cada uno es dueño de sus autoexigencias.

Ahora bien, si nos fijamos en la sindéresis de su intervención, en su "capacidad para juzgar rectamente" y en las tres condiciones del discurso que se les exige conocer y practicar a los bachilleres (coherencia, cohesión y adecuación), vemos que la sarta de nimiedades, obviedades, incongruencias, desatinos, medias verdades, mentiras puras y duras y, sobre todo, las cien mil ingenuidades con que salpicó su discurso en representación de la mayoría parlamentaria catalana es de tal magnitud que es lícito preguntarse hasta dónde llega su grado de "representatividad", porque la vergüenza ajena que sufrimos muchos de sus adversarios políticos, a buen seguro que la sufrieron también sus partidarios.

Mientras Clavé transmitió una imagen de la catalanidad que siempre ha sido admirada en todos los rincones de España, la imagen de amorosa sierva de la patria irradiando amor universal a los extranjeros allende el Ebro de la señora Rovira ha transmitido la imagen clérico-clásica tradicional del nacionalismo ensimismado en su abstracta quimera sentimental de bar con ínfulas de club privado, donde se lee su lema patriótico por excelencia: reservado el derecho de admisión. Del de Todo por la patria, tiene el copyright la Guardia Civil.

*Aurélie Mireille Violette: Espacios para la cultura obrera en el siglo XIX español. Literatura, música, representación. 2001

Artículos anteriores
¿Quién es... Juan Pérez?
Juan Pérez

Catedrático de Instituto jubilado y crítico de cine en CRÓNICA GLOBAL. Es autor del blog 'Provincia mayor que el mundo eres...'.

Comentar