El caso Neymar y las líneas rojas del pacto fiscal

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Sábado, 5.04.2014 11:26

"Era una acción pues aquí en casa, entre los socios, entre nosotros, pues, hombre, ha habido alguien en Madrid que lo ha cogido y lo ha hecho volar muy alto y este vuelo tan alto, pues esto hace daño al Barça...

Sí porque en allá hay una Audiencia Nacional, un fiscal, hay gente pues que desconocemos quienes son, por lo que vemos por los medios de comunicación no es uno de los nuestros no son gente de los nuestros. Yo quizás en el caso le hubiera dicho que quizás era mejor hacer la denuncia aquí en Barcelona que en Madrid, bien, es igual donde se haga, pero allá se han aprovechado, y de esto le han sacado un vuelo y que lo que han pretendido desde allá es hacernos daño pero no lo han conseguido".

Estas fueron las famosas declaraciones del flamante presidente del F.C. Barcelona Josep Maria Bartomeu en una entrevista a Jordi Basté el pasado 27 de enero, sobre la querella del socio Jordi Cases en relación con el fichaje de Neymar. No sabemos qué habría pasado si la denuncia se hubiera hecho en Barcelona, pero sí sabemos que, de momento, la denuncia del Sr. Cases ha tenido el feliz resultado del ingreso voluntario de 13.550.830,56 euros a Hacienda. Esperamos que el Estado los utilice allá donde más falta hagan.

Del conflicto F.C. Barcelona-Jordi Cases, persona de declaradas simpatías independentistas, convendrá extraer dos lecciones:

1. Una vez más, en un conflicto entre catalanes, una de las partes acaba pidiendo ayuda a España. Desde la Guerra de los Segadores, pasando por la época del pistolerismo o la ley de los Contratos de Cultivo, hasta Artur Mas "aguando", como dicen los nacionalistas catalanes, el Estatuto de 2006 para que Zapatero impidiera el segundo tripartito, muchos de estos conflictos acaban con una petición de ayuda a España.

Una vez más, en un conflicto entre catalanes, una de las partes acaba pidiendo ayuda a España

2. Cuando "gente de los nuestros" dirige organismos fiscalizadores, tendremos que suponer que los expedientes finalizan a mejor satisfacción de los infractores. En el caso del Sr. Bartomeu y el F.C. Barcelona pagando menos a Hacienda o directamente no pagando nada.

Ahora que dicen que el concierto económico vuelve a estar sobre la mesa de negociación, como si lo que hemos tenido que vivir en estos últimos años se pudiera resolver con unos cuántos millones de euros, conviene que desde la Cataluña española fijemos algunas líneas rojas. Porque una cosa es quien tiene el control del gasto o dónde invierte el Estado, y otra muy diferente es quien recauda y sobre todo quién inspecciona.

La evidencia empírica (basada en el número de empresas que reportan un volumen de operaciones justo por debajo el umbral que las haría caer bajo el control riguroso y frecuente de la Unidad de Grandes Empresas de la Agencia Tributaria) sobre la intensidad de la inspección por regiones admite interpretaciones en todas direcciones. Si tomáramos como un indicador razonable las sanciones tributarias recaudadas, tenemos que en 2012 la Delegación de Hacienda de Cataluña ingresó 31.931 millones de euros, lo que representaba un 18,7% del total español (171.124 millones), cifra similar al peso del PIB catalán. Porcentaje, no obstante, un punto por debajo del 19,9% del peso de la recaudación tributaria efectuada en Cataluña (33.509 millones) sobre el total español (168.567). Con todas las reservas, esto supondría una intensidad de inspección básicamente adecuada.

Es por ello que declaraciones como las del Sr. Bartomeu no inviten al optimismo. No se puede traspasar a la Generalitat la gestión de los tributos del Estado. No puede haber "gente de los nuestros" en la Agencia Tributaria y ni mucho menos dirigiendo la inspección.

Como tampoco podemos permitir otros organismos supervisores caigan en manos de "gente de los nuestros". Tampoco tiene que existir una Justicia catalana separada de la española, último baluarte por ejemplo para que los padres hagan respetar los derechos lingüísticos de sus hijos. No puede haber "gente de los nuestros" en los órganos superiores de la Justicia. Cataluña produce muchos jueces como el Sr. Santiago Vidal pero pocos como Carlos Ruz.

En Cataluña, para que las leyes se apliquen, el aparato del Estado central es, no diremos que la única garantía, pero sí el último recurso que nos queda. Un recurso al que no podemos renunciar.

Nota del autor: El autor, socio del F.C. Barcelona, quiere agradecer al Sr. Cases su coraje y se solidariza con él.

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Tarraconense, licenciado en Administración y Dirección de Empresas y en Derecho por la Universidad Rovira Virgili. Reside en Alemania.

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