Evitar la ruptura

El PSOE asume como mal menor la escisión de una parte del PSC

"Teníamos dos opciones, o rompíamos con el PSC o pactábamos sabiendo que eso supondría la escisión de una parte del socialismo catalán", explica un dirigente del PSOE.

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Alfredo Pérez Rubalcaba y Pere Navarro.
Rosa Paz
Lunes, 28.04.2014 07:39

Cuando el pasado mes de enero los tres diputados autonómicos díscolos, Joan Ignasi Elena, Marina Geli y Núria Ventura, rompieron la disciplina del PSC y votaron en el Parlamento autonómico a favor de la cesión de la competencia sobre consultas, en contra de lo decidido por casi el 84% de los miembros del Consejo Nacional en votación secreta, el PSOE reaccionó ya con prudencia. Mejor dicho, evitó hacer pública ninguna reacción más allá de la expresión del deseo de que se cumpliera con lo que estipulen los estatutos del PSC. En privado, sin embargo, algunos barones territoriales sostenían que cuando se rompe "abierta y publicamente" con una resolución del máximo órgano entre congresos y además en un asunto tan esencial, la única salida posible es la expulsión, porque es la que refuerza la autoridad y el liderazgo de la dirección del partido y, en este caso, de Pere Navarro.

Los dirigentes citados argumentaban además que una solución tan drástica no tendría consecuencias peores que las que ya se esperaban, es decir, podía provocar que algunos destacados militantes con posiciones más próximas al soberanismo abandonaran el PSC -un goteo de deserciones que ya se producía entonces y se sigue dando ahora- pero creían que también podría contribuir a que otros se pensaran dos veces si les interesaba seguir planteando pulsos a Navarro. Esos interlocutores del PSOE han creído ver ratificadas sus posiciones cuando la pasada semana el ex consejero Joaquim Nadal y otros nueve dirigentes abandonaron la dirección del PSC de Gerona.

Evitar la ruptura

Es evidente que al PSOE le preocupa la sangría que se está produciendo en el PSC. Le duele. Pero desde que la tensión soberanista en Cataluña se reflejó en las filas del partido y, sobre todo, desde que los diputados del PSC rompieron por primera vez en su historia la disciplina del PSOE en el Congreso de los Diputados para votar, en febrero de 2013, a favor del derecho a decidir, sus dirigentes se pusieron manos a la obra para restañar las heridas y buscar una salida al problema que evitar la ruptura entre los dos partidos. Hay que recordar que en aquel momento hubo muchas y destacadas voces en el socialismo español que clamaban por romper con el PSC y crear una federación del PSOE en Cataluña. No solo algunos líderes territoriales, también el histórico dirigente Alfonso Guerra se pronunció en ese sentido.

Pero un puñado de dirigentes, encabezados por Alfredo Pérez Rubalcaba, impidieron esa ruptura, que, en su opinión, hubiera perjudicado tanto a los socialistas catalanes como a los del resto de España. Al fin y al cabo la alianza les había sido rentable electoralmente a los dos partidos, y a los socialistas catalanes les permitió hacer durante años de argamasa para integrar en la sociedad catalana a los ciudadanos provenientes de la inmigración. Así que los equipos de Rubalcaba y Navarro se pusieron manos a la obra y negociaron y pactaron una propuesta federal. "Teníamos dos opciones -explica un dirigente del PSOE- o rompíamos con el PSC o pactábamos, sabiendo que el pacto podía suponer la escisión de una parte del socialismo catalán, de la gente que se siente más próxima al soberanismo".

Reforma constitucional

La situación del PSC ha contribuido a que Rubalcaba haya entendido la gravedad del polvorín catalán y a que le preocupe tanto convencer al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de la necesidad de negociar con los nacionalistas catalanes una reforma de la Constitución que dé respuesta a algunas de las reivindicaciones que han generado malestar en un número elevado de catalanes.

De hecho, en el PSOE piensan que la transversalidad del PSC no puede mantenerse en este momento en torno al sentimiento catalanista, porque lo identitario se ha convertido en el "eje vertebrador" de la política catalana y la competición sobre "cuánto es de catalanista cada cual" es insoportable. Opinan además que ese debate opaca la otra alma del PSC, la social, que, en su opinión, debería ser la que prevaleciera en esta situación de crisis, con tantos ciudadanos que sufren el paro, el empobrecimiento y los recortes.

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