Revista de prensa

Mas y Rajoy o las gélidas relaciones entre Pionyang y Seúl

Florencio Domínguez, en La Vanguardia, equipara a "Societat Civil Catalana" con la entidad "¡Basta ya!" y Pàmies acuña un nuevo término, el LGQTPPLC o la gente que te para por la calle.

12 min
Pablo Planas
Viernes, 25.04.2014 09:41

Las dos Coreas. El "proceso" fomenta un derecho a decidir tras el que se esconde la obligación de tomar partido. La pasión política tiende al maximalismo, a las disyuntivas, a los caminos sin retorno y las vías muertas dialécticas. En Cataluña ya conviven en perfecta armonía dos comunidades, uno de los grandes éxitos en el casillero del presidente de la Generalidad, Artur Mas. Estos grandes bloques sociales se identifican por su comunión emocional con el referéndum y la independencia o por su rechazo frontal al discurso, la retórica y el guión de los muy democráticos y pacíficos salvapatrias locales. Así que lo normal es que un cantante o un diseñador de interiores sean preguntados en las teles y las radios por la gran cuestión. Naturalmente, los medios de referencia del soberanismo celebran sus méritos artísticos y aún científicos por el grado de adhesión a la causa. En el lado opuesto ocurre más o menos lo mismo, si bien con menos intensidad. La agenda informativa unionista es más amplia y en ocasiones autocrítica.

Lo de las dos comunidades puede parecer muy bucólico y enriquecedor, como para el género de la comedia o españolada políticamente correcta. Y no pasa nada, Sant Jordi es una fiesta común, tal y tal, pero la galopante coreanización de la sociedad catalana, del conjunto, es uno de los efectos más visibles del proceso. En Corea del Norte, Pionyang, la realidad es lo contrario que en Corea del Sur, Seúl. La repartición territorial, como en Jerusalén, es una vía que nadie se plantea de momento. La propiedad está demasiado repartida, obstáculo de momento más insalvable que la Constitución. Por otro lado, lo más parecido a un rusófono sería un hablante del español, pero se carece de la galvanización de un Putin unionista así como de nostalgia zarista. Sí dispone Cataluña en cambio de dos estereotipos bien definidos, dos opuestos o contrarios que se ignoran con la proverbial discreción barcelonesa, que se desprecian en abstracto, nada personal. El ciudadano A simpatiza con la Assemblea Nacional Catalana (ANC); el B contempla aliviado y regocijado la irrupción en la escena de Societat Civil Catalana (SCC). En el medio empieza a haber menos gente porque cada vez hay menos de lo que hablar y se agota el tema. Es como lo del Barça y el Español (en este caso con gran disgusto de la directiva y de los detractores de la ñ). Eso que tanta gracia hace de los Catarras, la Vanesa de Castefa y el Quico de Vic.

El nivel de acidez comienza a resultar tan elevado que convendría a la distensión general gástrica un encuentro entre la presidenta de la ANC, Carme Forcadell, y José Domningo en representación de la SCC. Distendería mucho más que una cumbre Mas-Rajoy o una merienda en Fonteta, siempre que hubiera "feeling", claro. En la parte de La Vanguardia que correspondería a Corea del Sur (o del Norte, tanto monta) escribe Florencio Domínguez, que es probablemente la voz más autorizada en materia de polítca y terrorismo en el País Vasco y una referencia en los análisis sobre el nacionalismo, una autoridad, en suma. Hoy dedica su artículo a la aparición de la SCC, lo que de suyo supone un espaldarazo. El título es "Protagonismo social" y el mimbre, la equivalencia vasca de la plataforma catalana, el Foro de Ermua y, sobre todo, la entidad "¡Basta ya!". Escribe Domínguez: "Tal vez la mejor lección que la experiencia vasca pueda aportar a la incipiente Societat Civil Catalana sea la constatación de que la presencia de los movimientos sociales contribuye a movilizar a muchos ciudadanos contrarios a la radicalización del nacionalismo a los que dio una referencia política válida que estaba por encima de las siglas de los partidos".

Grandes expectativas las que ha suscitado SCC, frente a la que el discurso nacionalista todavía no ha articulado consigna. Pero en La Vanguardia de la otra Corea, Francesc-Marc Álvaro no pierde comba de la actualidad oficial, que pasa por las visitas de la vicepresidenta Santamaría y Rajoy. Es un ejemplo de cordialidad nacionalista y buen rollo, pero irónico. "Turismo del PP", titula el profesor Álvaro. Y afirma:

"Últimamente, Rajoy y la vicepresidenta Santamaría han pasado por Barcelona para lo que la abuela llamaba un 'visto y no visto'. (...) La técnica es parecida a la de los viajes de turismo organizado que pretenden que, en menos de quince días, conozcamos toda Europa. 'Si hoy es miércoles, esto es Barcelona'. En este caso siempre es Barcelona o el área metropolitana. Y siempre también, en las imágenes, sale la señora Llanos de Luna, que parece que ya no vigila las banderas de los ayuntamientos".

Se pregunta Álvaro por el propósito de estas visitas, en las que "las mencionadas personalidades se reúnen y hablan sólo con indígenas que acostumbran a decir precisamente lo que estas figuras quieren oir", escribe. Pero la andanada de calibre grueso viene después: "Y por eso hay quien detecta fractura social donde sólo hay gente que pasea y compra libros y rosas". Como en Pionyang el día del cumpleaños de Kim Yong-un, que no pasa nada. Gente que pasea.

No se contempla la posibilidad de que esas "personalidades" ya conozcan Cataluña y tengan sólidos conocimientos o fundadas razones respecto al particular, como las pueden tener sobre Andalucía, las Islas Canarias o las Cíes sin ser naturales de esos sitios. Se conoce que la correcta comprensión de "lo catalán" requiere de aptitudes y cogitaciones extraordinarias en aplicación del "hecho diferencial", que tiene más de dogma sobrenatural que de cosa tangible, lenguas vernáculas al margen. Así que es normal que los columnistas de la contraparte se escandalicen con las giras catalanas de los miembros del Gobierno, como Francesc Homs, a quien por lo visto nadie de Madrid le pidió permiso para visitar Cataluña. No conciben ni por tanto aceptan que alguien de Valladolid tenga siquiera una opinión sobre lo que realmente pasa aquí.

La distancia entre Mas y Rajoy es el argumento de la mayoría de las portadas, el cotidiano rastro del proceso en el papel prensa. "Desencuentro en Barcelona", titula El Mundo, con un tratamiento gráfico en el que Mas es una sombra pero a Rajoy se le intuye la barba, entre lo evidente y lo obvio. En La Vanguardia no le dan tanta bola al tema, pero sí un destacado en la primera, con el título: "Mas y Rajoy esquivan el encuentro en un foro empresarial". Salen las fotos de ambos en el mismo atril, lo que demostraría que ambos dirigentes conviven en el mismo plano físico, respiran idéntico aire y habitan en el mismo planeta, pero sólo eso. No se han visto, lo que para unos es culpa de Mas y para otros de Rajoy. En el Ara, en cambio, están por el equilibrio y aciertan al titular "Mas y Rajoy se ignoran en Barcelona", una constatación de que las líneas están abiertas pero no contesta nadie.

Si esto fuera una partida de ajedrez le tocaría mover ficha a Artur Mas después de que Rajoy se comiera el alfil Rovira en el Congreso, pero Mas no parece dispuesto a explorar más vía que la inmolación. El presidente de la Generalidad ha convertido la política catalana en un escenario convulso a base de enchufar el ventilador dentro de la bañera y abrir el grifo, a ver qué pasa. Lo más grave es el cortocircuito social y lo de menos la frecuencia bolivariana con la que Mas interrumpe la programación de las televisiones del aparato soberanista para dar la matraca. En la entrevista de Ariadna Oltra en su nuevo programa de TV3, Mas se comprometió, por decir algo, a encontrar una "solución para la consulta en la que todo el mundo gane". Mucha gente está convencida de que bastaría con que sacara el ventilador de la bañera y dejara de jugar a salpicar con el secador de pelo.

En El País, la visita de Rajoy supone un cambio de tendencia, un intento del Gobierno por seducir a los empresarios, pero también una nueva estrategia, la de la contrainformación. Firma la crónica Carlos E. Cué, que resalta el fondo económico del discurso de Rajoy en el foro de la Marcas Renombradas Españolas. El titular es "Rajoy alerta al empresariado catalán del abismo económico que abriría la secesión". Los empresarios, sostiene Cué, le piden en privado a Rajoy que busque una salida. A Mas, en cambio, nadie le pide nada, salvo que no se arrugue, circunstancia que aprovecha Sergi Pàmies para escribir un artículo antológico en La Vanguardia, exactamente desde la posición del Paralelo 38, la frontera entre la Corea comunista y la Corea occidental. Hay que irse hasta la página 34 después de pasar el 'Vivir' y la publicidad para encontrarse con el texto, titulado "Demoscopia callejera". Escribe Pàmies que "para explicar el momento de irresponsable y triste degradación que vive el PSC, ayer, en una entrevista que le hizo Jordi Basté en RAC1, el ex diputado Manel Nadal utilizó una metáfora bíblica discutible. Para subrayar la demanda de cambios hacia una línea más soberanista, Nadal afirmó que cuando va por la calle 'la gene le para' y le pide precisamente eso. La Gente Que Te Para Por La Calle (LGQTPPLC) es un clásico de la comunicación pública. Actores, presentadores, músicos, políticos, escritores o presidentes de club de fútbol suelen cometer el error de interpretar la realidad a través de este primer círculo de opiniones reactivas".

Pàmies cierra el artículo con una desoladora constatación que supera el ámbito de la LGQTPPLC y es toda una refutación de las buenas intenciones: "Tanto en el gremio tertuliano como en el ámbito más doméstico de las sobremesas siempre me ha fascinado con qué rotundidad y beligerancia dialéctica la gente se manifiesta sobre la mala vida del PSC sin añadir un detalle relevante: que ni les han votado nunca ni piensan votarles".

Hay más noticias. En La Razón cuentan los gastos suntuarios de Mas en proyección exterior, un millón de euros para "Independent Diplomat", según Marcos Pardeiro. Es la fotografía de portada, Mas, con el titular de que se lo gasta "para salir en prensa extranjera". Lo anuncian en la página doce, pero está en la portadilla de "Cataluña". En el Abc, la portada es para Juncker, el candidato popular europeo a presidir la Comisión. Se trata de una entrevista de Enrique Serbeto en la que Jean Claude insiste en que la UE no aceptaría una Cataluña independiente y de que él comparte "la visión de los españoles de que no es momento de separaciones".

El ladrillazo de El Punt Avui es lo de Alberto Sánchez Piñol, el laureado autor de "Victus", novela sobre 1714 de la que ya casi nadie se acuerda, cosa que a Sánchez Piñol le conviene más que otra cosa. El caso es que asoma en forma de fotografía a la primera página del viejo Avui o del nuevo Punt para decir que el proceso lo impulsa "la generación del BUP". La crónica del acto en el que participó el escritor es de Anna Serrano, y lo del Bachillerato Unificado Polivalente viene a cuento porque Sánchez Piñol cree que el marco doctrinal del proceso lo aportan las personas de entre cuarenta y cincuenta años, cosa que le da para calificar todo este carajal también como la "conspiración del BUP". El BUP... Va a ser el BUP.

También cuentan los diarios que los presos de Lérida ya confeccionan las papeletas para el referéndum del 9-N, cosa que dice el PP, niega el consejero de Justicia, Gordó, y publicó hace un par de domingos el periódico La Mañana de Lérida. Pescao en salazón.

Apunte al natural, la pareja de halcones de la Sagrada Familia ha conseguido reproducirse. Tres polluelos. Se alimentan de estorninos, los sturnus vulgaris, pobrecillos.

25 de abril, San Marcos evangelista.