Tic, tac, tic, tac, la mayoría fantasma va a estallar…

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Martes, 22.04.2014 09:12

Me llaman de Societat Civil Catalana y literalmente me dicen: ¿conoces a alguien (se entiende que un periodista, un comunicador o algo por un estilo) que quiera hacer de presentador o presentadora en nuestro acto del día 23 de abril? Por si quedaba alguna duda, aclaran que la pregunta es si se me ocurre alguien "del resto de España" porque de momento, de la España que no es el resto (dooooolça Caaaatalunyaaaaa) "nadie quiere dar la cara". Como suena.

¿No habrá más gente de la que parece que simplemente y silenciosamente elude complicarse la vida, que con la que está cayendo no se atreve, pues eso, a dar la cara?

Me viene a la mente un paralelismo por lo menos inquietante con la gala anual de entrega de los Premios Goya en Madrid. Ya se sabe que esa gala suele servir, entre otras cosas, para acreditar que hasta el último ayudante de la penúltima asistenta de la maquilladora del productor del becario del que le lleva los cafés a quien quiera que haga películas en este país es por supuesto de izquierdas, a mucha honra y la duda ofende. Que tiemblen los gobiernos de derechas mientras quede un actor en pie.

Siempre me ha parecido bien defender la libertad de expresión de cualquiera, actores y actrices incluidos. Por qué se da por supuesto que Javier Bardem tiene que entender de política más que Leo Messi es y será siempre para mí un misterio... La mayoría de los actores, cuando no tienen un guionista detrás, son tan sosos y tienen tan poco que decir como casi cualquier hijo de vecino. Pero bueno, sin ser más pero tampoco tienen que ser menos. Que se expresen, faltaría más. Que se expresen.

Lo raro es que se expresen todos igual. Que piensen todos lo mismo, ¿no les parece? ¿No es hasta raro que no haya más actores y directores de cine en este país que sean por lo menos un poquito de derechas? Te vas a Estados Unidos y en Hollywood ha habido siempre de todo. Ni Barack Obama consiguió que se alineara con él la totalidad del star system sin ni una sola excepción. ¿Por qué aquí sí? ¿No será que esas mayorías a la búlgara valen más por lo que callan que por lo que dicen? ¿No habrá más gente de la que parece que simplemente y silenciosamente elude complicarse la vida, que con la que está cayendo no se atreve, pues eso, a dar la cara?

A día de hoy hay que tenerlos muy bien puestos para discrepar de según quién. No es imposible, pero cansa mucho. Desgasta mucho. Te juegas mucho. Si posas con los de ANC eres un tío o una tía de puta madre, un o una valiente, un héroe o heroína civil. Si levantas la mano para decir que eso no te gusta puedes tener un problema. O dos. O tres. O media docena.

Luego la gente ve documentales o películas y se extraña y se estremece contemplando aquellas muchedumbres del pasado, brazo en alto y cantando, pongamos, el Cara al Sol. Y se preguntan cómo fue aquello posible. Pues miren, en virtud de un mecanismo muy parecido a lo que sucede ahora.

Mientras quienes ustedes saben y quienes les hacen la ola sigan empeñados en cabalgar la burbuja de creerse, no ya la mayoría, sino el todo, el único todo posible, seguirá ahondándose en la brecha entre catalanes y catalanes

Que conste que esto no sólo tiene impacto moral. No es sólo una cuestión de si está bien o está menos bien. Es un tema de mala fe estadística que más pronto que tarde le va a estallar a alguien en la cara. Es lo que explica por qué se pueden liderar autoproclamadas marchas de un millón de manifestantes y luego pegarse un trastazo en las urnas. A ver, toda la vida se han hinchado aquí las cifras de las manifestaciones que gozaban del "apoyo popular mayoritario", es decir, del apoyo del statu quo. Toda la vida se ha mentido cuando se decía, por ejemplo, que había 800.000 o un millón de manifestantes el día que ETA mató a Miguel Ángel Blanco. No los había por la sencilla razón de que no caben, de que las calles habrían reventado. Pero hay veces que se miente y no pasa nada, todos tan amigos y tan contentos, y veces que sí que pasa. Que el contraste entre la cifra urbana real y la virtual se paga muy cara en las urnas.

Mientras quienes ustedes saben y quienes les hacen la ola sigan empeñados en cabalgar la burbuja de creerse, no ya la mayoría, sino el todo, el único todo posible, seguirá ahondándose en la brecha entre catalanes y catalanes. Y entre catalanes y catalanes y realidad. Sinceramente no creo que tengan que ser los de Societat Civil Catalana los más preocupados por haber tenido problemas para encontrar un presentador para su acto en el gallinero comunicativo local. Son los otros los que deberían preocuparse, y mucho. Porque el miedo que das a la gente se paga. Porque es pan político para hoy y hambre para mañana. El que calla hoy votará un día un NO, NO i ANEU A LA M… como una casa de payés.

Y qué palmo de narices entonces, ¿verdad?

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¿Quién es... Anna Grau?
Anna Grau
Periodista y escritora. Ha sido delegada de 'Avui' en Madrid, corresponsal de 'Abc' en Nueva York y ha sido o es colaboradora de TV3, Catalunya Ràdio, RAC1, COM Ràdio, RNE, TVE, Telecinco, Antena 3, 13 TV y Televisión de Castilla-La Mancha. Actualmente firma desde Madrid en 'Abc' y en el digital 'Cuarto Poder'. Es autora de tres novelas y del ensayo 'De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak' (Destino, 2011).
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