Reunión en Ginebra

Ucrania y Rusia se reúnen para evitar un conflicto armado

Representantes de ambos países se encuentran, junto con la UE y los EE.UU.. Secesionistas de las provincias rusófonas pretenden la anexión a Rusia.

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Sede del Gobierno regional de Donetsk, ocupada por los secesionistas
Redacción
Jueves, 17.04.2014 17:08

Día clave para el futuro inmediato de la tensa situación en las regiones orientales y rusófonas de Ucrania, donde rebeldes secesionistas han desafiado la Constitución y el Gobierno de Kiev y, después de ocupar edificios gubernamentales y -en algunos casos- hacerse con el control de armamento pesando, amenazan con celebrar referéndums ilegales para aprobar la anexión a Rusia.

Con este incierto panorama de fondo, y con el apoyo más o menos disimulado de tropas rusas a los secesionistas -aunque en un grado mucho menor a lo que sucedió hace pocas semanas en Crimea-, delegados de Rusia y Ucrania se encuentran este miércoles en Ginebra, junto a representantes de la Unión Europea y de los Estados Unidos, para intentar buscar una salida al conflicto.

El encuentro a cuatro bandas llega después de que expirara el referéndum dado por Kiev a los "terroristas" secesionistas para que depusieran su actitud, y en medio de la evidencia que el Gobierno ucraniano no tiene fuerza suficiente -o no se atreve a usarla- para imponerse militarmente a los rebeldes.

Los rebeldes controlan tanques

De hecho, según informan varios medios, en las pasadas horas los secesionistas se han hecho con el control de seis tanques del ejército ucraniano en la provincia de Donetsk sin disparar un solo tiro, lo que indica la nula resistencia de las tropas ucranianas.

Previamente, la OTAN había reforzado sus acciones de vigilancia en los países próximos, en lo que parece una acción destinada a calmar a los miembros de la alianza que antiguamente habían formado parte del bloque soviético.

Tanto la UE como los EE.UU. han advertido a Moscú de nuevas sanciones si persisten en su apoyo a los rebeldes secesionistas. Con más vigor en el caso norteamericano, y con tibieza por parte de una UE muy dependiente del gas ruso.

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