El acoso político degrada la democracia en Cataluña

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Martes, 6.05.2014 08:31

Hace ya mucho tiempo que en Cataluña quienes no comulgan con las tesis independentistas vienen sufriendo acoso en las redes sociales, en la calle, en sus puestos de trabajo. Alud de descalificaciones y amenazas en la red, y lo mismo paseando por las ramblas o comprando en tu barrio. No se trata de hechos aislados, eso es inevitable, sino de una política de intimidación que pretende acallar a los disidentes para mantener la apariencia de unanimidad de la sociedad catalana. Esta política ha tenido relativo éxito hasta ahora.

El acoso funciona desde hace muchos años, pero ha ido incrementándose. La agresión a Navarro ha hecho que aparezca en los medios de forma abrupta. Pero lo trascendente es el miedo a expresarse libremente que sienten muchos ciudadanos

Conozco personas que han dado un paso atrás en su compromiso público con las tesis no soberanistas después de haber sufrido situaciones de acoso. Miedo físico, voluntad de preservar a la familia de un entorno agresivo e invasivo, miedo a perder el trabajo o a verse degradado, miedo a no tener contratos con la administración. Se trata de acallar a los que osan manifestar su oposición y, sobre todo, mandar un mensaje a los que dudan si dar el paso al frente: mejor mantener el silencio. Pregunten, por ejemplo, a los empresarios alemanes que osaron exponer sus reticencias al proceso y fueron calificados de nazis.

Ya he dicho que no se trata de "locos", ni de hechos puntuales. Es una estrategia política alentada desde el entorno del poder. Si Cataluña está oprimida, si el catalán está perseguido, si no hay libertades, en definitiva, si nos quieren destruir como pueblo, la conclusión para algunos es que es un deber de los "patriotas" acosar a los disidentes, marginarlos, considerarlos ciudadanos de segunda y amenazarlos diciendo que cuando se consume la independencia sabrán lo que es bueno: Expulsión y/o encarcelamiento.

Esto es lo que hace que en Cataluña la democracia esté deteriorada. La situación no puede compararse con episodios concretos de ataques a políticos en momentos de tensión por algún conflicto concreto. Aquí el acoso es alentado por el régimen. Se ocultan los casos concretos y se niega la evidencia, lo que anima a los más exaltados que reciben parabienes en su entorno. Nace porque se han creado las condiciones objetivas para que muchas personas tengan miedo, como se desprende de la encuesta realizada por El Periódico. Para que un "loco" agreda a un desconocido hacen falta muchos años lavando el cerebro de la gente, sobre todo porque son agresiones basadas exclusivamente en argumentos ideológicos (no en conflictos personales, igual de criticable, aunque más comprensible).

El acoso funciona desde hace muchos años, pero ha ido incrementándose. La agresión a Navarro ha hecho que aparezca en los medios de forma abrupta. Que un dirigente político sea insultado o incluso sufra una agresión leve, es sin duda recriminable. Pero, a mi modo de ver, no es lo más relevante. Lo trascendente es el miedo a expresarse libremente que sienten muchos ciudadanos. Afortunadamente no todos. Raimon, un referente para muchos, ha sido claro. Tambien Societat Civil Catalana ha nacido para decir a quienes discrepan que no están solos. Para animarles a dar el paso a expresarse con libertad. Para explicar las contraindicaciones de la independencia, siempre ocultas en el discurso soberanista.

En Cataluña hoy no se dan las condiciones para el ejercicio en libertad de la democracia. Y eso que el Gobierno autónomo no tiene todo el poder

En Cataluña hoy no se dan las condiciones para el ejercicio en libertad de la democracia. Y eso que el Gobierno autónomo no tiene todo el poder. Si alguna vez lo logra, lo usarán para mantenerse en él, y para reprimir a un pueblo que sufrirá en sus propias carnes las mentiras de la "independencia panacea universal que todo lo cura"... Usarán la "amenaza" de enemigos internos y externos para tratar de perpetuarse en el poder, como hacen los ayatolás, el castrismo, el chavismo y todos los regímenes autoritarios que en el mundo han sido. Un poder económico concentrado en pocas manos, con un poder judicial sometido, con los medios de comunicación bajo control, con el jefe de la oposición como máximo apoyo del gobierno (o viceversa). Panorama desolador para la libertad y los derechos individuales. De las mentiras del proceso soberanista la que pregona que se construirá un país con más libertad y democracia es de las más evidentes y fáciles de predecir, aunque nadie lo haga, otra vez por miedo.

Pero por mucho que se empeñen en mirar para otro lado, la responsabilidad principal de lo que ocurre y pueda ocurrir es de quien pretende saltarse el Estado de derecho e imponer vías de hecho incompatibles con la democracia. Sin leyes no hay democracia. Solo cuenta la ley del más fuerte. Sacralizar la unilateralidad y pretender cambiar las normas, resultado de siglos de convivencia y de leyes aprobadas por todos, deprisa y corriendo, aprovechando la crisis económica, no es una forma democrática de actuar.

Todavía no ha pasado nada irreversible. Yo aconsejo a los políticos nacionalistas que se serenen. Un proceso de ruptura como el planteado en Cataluña exige sosiego, amplias mayorías y diálogo. Yo no soy contrario a una ley de la claridad, consecuencia de una reforma constitucional. Pero no bajo chantaje. No sin igualdad de condiciones para todos los catalanes. Lo que estamos discutiendo afecta en primer lugar a los catalanes. Y mientras en Cataluña no se den las condiciones para expresarse libremente sin coacciones y sin lavados de cerebro pagados con los impuestos de todos, nada es ni legal, ni mucho menos legítimo. No podemos someternos a las intereses cortoplacistas de quienes sólo razonan en términos de interés electoral y de poder político y económico. Que no se convoque el referéndum. Que los medios de comunicación públicos sean neutrales. Que se deje de alterar el libre mercado de la comunicación con subvenciones. Que se deje de acosar a los disidentes. A partir de ahí, con una democracia de verdad, todo se puede discutir, nada es inalterable si existen las mayorías estables y suficientes para ello.

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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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