No hay más sordo que el que no quiere oír

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Miércoles, 28.05.2014 08:51

Los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo no deberían sorprender a nadie, pero aun así, parece que todavía algunos no le dan credibilidad a lo sucedido.

Los ciudadanos han respaldado el sistema democrático, que ya es mucho con la que está cayendo. Sin embargo han dicho "basta ya" y han castigado, y de qué manera, a los partidos mayoritarios que configuran el bipartidismo

Hace ya dos años desde que el PP gobierna en este país. No han dejado de alzarse voces en contra de las políticas neoliberales implantadas por el gobierno, como lacayos de los tecnócratas de Europa, y por qué no decirlo, con una oposición del PSOE tibia y cómplice en el fondo.

La ciudadanía, la gran mayoría, se decía, experimentará una desafección hacia la política y se intuía un voto de castigo al bipartidismo por su complicidad, que nosotros hemos venido denominando de política de vasos comunicantes.

Este domingo ha sido el día en que nuestros vaticinios se han visto reflejados en las urnas. Por un lado, en los países que han sufrido las consecuencias de la Troika, han ganado las izquierdas como en Grecia, Portugal e Italia; en los países que han bendecido la imposición de la Troika, ha habido un aumento de la extrema derecha, o incluso esta ha ganado, como en el caso de Francia. Nuestro país vecino con una extrema-derecha que con su política neofascista, xenófoba, da rienda suelta a los más bajos instintos, ha encauzado el malestar que se está enquistando en la sociedad francesa, al esfumarse la posibilidad de que Francia fuera la llamada a ser árbitro de las políticas monetaristas y sin embargo las ha acabado haciendo suyas.

El caso de España merece un comentario aparte. En primer lugar los ciudadanos han respaldado el sistema democrático, que ya es mucho con la que está cayendo, votando en la misma medida que en ocasiones anteriores. Sin embargo han dicho "basta ya" y han castigado, y de qué manera, a los partidos mayoritarios que configuran el bipartidismo. Si bien es cierto que el PP ha ganado las elecciones, no es menos cierto que ha perdido en esta contienda electoral más de ocho diputados. El castigo al PSOE aún ha sido más importante, el electorado ha percibido sus políticas como el sucedáneo de las políticas neoliberales, por su falta de compromiso con la sociedad de progreso, y se ha dejado 9 diputados en su aventura socialdemócrata. Y lo que está claro es que si reproducimos estos resultados en unas hipotéticas elecciones generales, ambos dos no tendrían mayoría absoluta para gobernar. De esta manera se va al traste la política del visionario Felipe González, que entre otras cosas está basada en acallar a los partidos minoritarios.

Se presenta ante los ciudadanos, dada la diseminación del voto a partidos minoritarios, nacidos de la indignación y del desencanto, un Parlamento de multipartitos, lo que hará factible el pacto y la profundización de las formas democráticas

Si lo de España merecía un comentario aparte, lo que sucede en el territorio español de Cataluña merecería todo un capitulo. A saber, en primer lugar, por mucho que lo quieran disfrazar ha habido un rechazo a las políticas independentistas, es decir ERC-CiU, que aun habiendo aumentado el porcentaje de participación en un 10% sobre las pasada europeas, este aumento es debido sin duda a la mayor participación del mundo nacionalista, y aun así no han llegado a conseguir el 50% de los votos, cuando estas se presentaban casi como un plebiscito. Eso también quiere decir que con la participación de un 47,4% se quedó en casa un 52,6% y este no acudió a la llamada independentista porque sencillamente no le interesa. Hoy podemos aseverar que el independentismo catalán solo está en algunas mentes calenturientas de algunos políticos.

Otra consecuencia que podemos sacar de estas elecciones es que el independentista prefiere, como hemos dicho en otras ocasiones, al original antes que al sucedáneo, por eso ERC gana a CiU, y pone en duda al más que cuestionado Artur Mas para dirigir lo que estos llaman el proceso independentista, así como su presidencia en la Generalidad de Cataluña.

Como en Cataluña no nos privamos de nada, estamos posiblemente ante la irrelevancia del PSC (PSC-PSOE) en un futuro inmediato; la pérdida de votos que ya viene de lejos y que en muchos de nuestros análisis políticos hemos plasmado habitualmente, también se confirma en estas elecciones. El PSC (PSC-PSOE) pasa a tener el 14,28% de los votos de un 36% de las anteriores del 2009, es decir aporta un diputado a los 13 del PSOE, lo que sin duda habla de sus problemas ideológicos, de sus problemas identitarios, de sus problemas internos, habla de sus problemas de liderazgo, habla en definitiva, de lo que nadie ha querido hablar y de lo que necesariamente van a tener que hablar: El PSC (PSC-PSOE) ya no es aquella fuerza hegemónica en la izquierda que daba gobiernos estables al PSOE.

Si esto es así, y el PSOE por otra parte sigue perdiendo votos por su derechización, es muy probable que no veamos gobiernos del PSOE en España durante mucho tiempo. En política como en casi todos los ámbitos es muy importante que los líderes tengan visión política y que se dejen de calentar sillas y administrar la maquinaria pesada de sus partidos. Rubalcaba, Navarro, son un ejemplo de ello.

Jugando a las hipótesis políticas, con un alto porcentaje de cumplimiento, se presenta ante los ciudadanos, dada la diseminación del voto a partidos minoritarios, nacidos de la indignación y del desencanto, un Parlamento de multipartitos, lo que hará factible el pacto y la profundización de las formas democráticas.

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Isidro Carpio

Secretario general del Partido Socialista y ex teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Mollet del Vallès (Barcelona) con el PSC.

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