Revista de prensa

Jaque al Rey para salvar el Sistema: Una conspiración a cinco

Raúl del Pozo desnuda la operación Príncipe de Asturias, una "conjura" bipartidista. Y Anson bendice una reforma constitucional para "salvar" Cataluña y legitimar la Corona ante las nuevas generaciones.

7 min
Pablo Planas
Martes, 3.06.2014 11:02

Cabos sueltos, detalles sin aclarar, concatenaciones descuadradas, calendarios aleatorios y poca información. Eso sí, mucha historia, panegírico y sonatas de lira. El Rey abdica, viva el Rey. En síntesis, si Roma tiene dos papas, España también. Nadie, absolutamente nadie, ha sido capaz de explicar cabalmente cómo es posible que Benedicto XVI dimitiera de un "cargo" del que su antecesor, San Juan Pablo II, dijo que era como la cruz, de la que Cristo no tuvo opción de descolgarse. A día de hoy, las imágenes de los dos papas vivos, Ratzinger y Bergoglio, son de una vulgaridad informativa aplastante. El Papa emérito recibe al Papa Francisco en Castelgandolfo. Hace veinte años, tal posibilidad hubiera sido la confirmación de la profecía más absurda de Nostradamus, un fenómeno sobrenatural. A estas alturas, un titular así no dice nada. Lo más, que Benedicto lo dejó para renovar la "institución" y que Berglogio ha abierto las puertas y ha tenido un abceso de ira al enterarse de que un cardenal agasajaba a sus invitados en una suntuosa azotea vaticana, más o menos como en la película de Sorrentino, La gran belleza.

Eso mismo es lo que ha pasado aquí. Que el Rey se va porque es la única forma de salvar el sistema, según sostienen los principales entendidos. Hay que bucear mucho para encontrar argumentos, datos y razones que escapen al influjo de lo obvio. Raúl del Pozo esboza una operación entre fiasco, chapuza y mondongo con significativos detalles. Es pura información, algo más allá de que don Juan Carlos lo decidió al cumplir 76 años por las buenas, una tarde de enero, entre el te de las cinco y la inyección de las siete. Dice Del Pozo:

"'Tu abuelo -le explicó a Juan Carlos el Conde de Barcelona -tuvo que abandonar España, pero siguió siendo rey hasta su muerte. Sabes, Juanito, un rey no debe abdicar jamás'. Ese consejo lo tenía siempre el Rey Juan Carlos I en la cabeza, pero al final, una extraña camarilla -no llegan a cinco- le ha convencido para que abdique y le suceda el Príncipe de Asturias, no pringado en la corrupción ni en el bipartidismo borbónico. Y ahora los que no tragaban la Monarquía tendrán dos Reyes. Son ganas de joder y de llenar -ocurre mientras escribo- la Puerta del Sol y la Plaza de Cataluña de banderas republicanas y gritos de 'Los Borbones a los tiburones'".

Esto es el ejemplo de entradilla perfecta: cinco "cortesanos", la corrupción, el bipartidismo y republicanos en Sol.

La lección de periodismo continúa en el siguiente párrafo, con suculentos datos sobre los pormenores de una relación paternofilial compleja: "Juan Carlos siempre reinó pensando en restaurar la Monarquía y que fuera su hijo el que la continuara. En los últimos tiempos sintió unos inconfesable celos por Felipe de Borbón, más que nada por la atención y la adulación que le dedicaban los que querían que él se fuera. A mí me dijo una vez cuando yo publiqué que Felipe estaba dispuesto a renunciar a la Corona para casarse con la escandinava: 'Cuando quieras confirmar algo, llámame aunque sea a deshora. Yo me he ganado el reinado, mi hijo se lo tiene que ganar. No hay que hacerle faenas'".

Ahora la historia y el instante, en el mismo artículo:

"Ni los reyes ni los papas abdicaban. El armiño y la púrpura son para ellos gloriosas mortajas. Los monarcas reinaban hasta el último resuello. Ahora hay dos Papas y habrá dos Reyes de España. El Rey ha abdicado cuando había mejorado, cuando era capaz de estar tres horas de pie; jugaba al baloncesto desde la silla de ruedas. ¿Por qué se ha ido en este instante? Dicen que tomó la decisión de abdicar el día de su 76 cumpleaños. No estoy tan seguro. Pregunto por qué extraña razón ha anunciado la abdicación intempestiva como una contraprogramación televisiva, cuando el Príncipe estaba fuera, Mariano Rajoy acaba de hacer un anuncio de impuestos importante y Alfredo Pérez Rubalcaba informaba de su congreso gótico. Me contestan: 'El día estaba elegido y ha coincidido después con los anuncios. Ha sido al revés de lo que se dice'. En enero se habló de abdicación y de regencia. El Rey no quería en esa fecha abdicar ni a tiros; unas pocas personas, aun sabiendo lo arriesgado que resulta coaccionar a los reyes, le han convencido de que éste era el momento propicio, antes de que caiga el sistema y antes de que vaya su yerno a la cárcel".

No se necesita leer más para saber qué ha pasado y qué pasara. Sin embargo, otro clásico viene en auxilio del periodismo. Luis María Anson ya era un veterano del periodismo, la política y España a finales de los cincuenta, cuando era el más joven vasallo en la corte de Juan III, el padre del casi ex rey. Se mantiene en activo, muy en forma, absolutamente apto para el periodismo. Oficia cada día en el mismo periódico, El Mundo, y sus artículos también son imprescindibles. A veces inevitables, también.

Anson ha sido, como mínimo, el más grande propagandista de la monarquía parlamentaria en España, un personaje nada secundario en esta historia. Define el signo de los tiempos, el significado del recambio general, y apunta a qué dirección se aboca el sistema:

"La Transición fue una operación política de profundo calado que permitió a España el trasvase de una dictadura de cuarenta años a una democracia pluralista plena, sin traumas ni violencias. El Rey ha presidido, en uno de los más fecundos reinados de la Historia de España, un largo período de libertad, de paz y prosperidad. Los diversos Gobiernos, sin embargo, no han sido capaces de transmitir a las nuevas generaciones las excelencias de la Transición y hoy la juventud permanece divorciada del sistema al 70%, indignada al 30% y asqueada casi al 100%. Se impone una reforma constitucional de fondo que incorpore al sistema a las nuevas generaciones y que resuelva el órdago secesionista catalán. Felipe VI contribuirá con su juventud y su experiencia a dar continuidad al régimen, atendiendo a lo que disponga el Gobierno de la nación. Parece obligado que el nuevo Rey, en cumplimiento de las funciones que el pueblo español le encomienda en la Constitución, concilie las diferencias entre los grandes partidos para hacer viable la reforma constitucional que exige la salud de España".

Reforma constitucional. Otra transición, con la pobreza, la desafección y el encaje territorial en la mesa. Menudo embolado. Recuerda aquello de la marcha verde y la tromboflebitis, sólo que ahora es la vía catalana, una sociedad destrozada por la crisis y un sistema que es como un coche sin cinturones de seguridad en la época del airbag.

3 de junio, San Carlos Lwanga.