Revista de prensa

'El País' exige a Felipe VI que sea "sensible" a las peticiones de Mas

Cebrián critica con dureza el discurso de proclamación del Rey y le pide un gesto con Cataluña. Jiménez Losantos analiza la presión mediática sobre Felipe VI. Bolaño, Iceta y Cleopatra, más Sostres.

13 min
Pablo Planas
Lunes, 23.06.2014 09:41

Del ruido de sables al ruido de prensa, Felipe VI afronta la primera semana de reinado con tres expedientes entre complejos e inabarcables: Mas, la imputación de su hermana Cristina y la hostilidad de Cebrián, que es a los efectos contemporáneos como el malestar en los cuartos de banderas en los años setenta. La mala noticia, si bien cantada y descontada, está en El Mundo. El juez Castro imputará a la infanta por blanqueo de capitales y colaboración en dos delitos fiscales cometidos por su marido, Iñaki Urdangarín. En la foto, firmada por Alberto Vera, el juez en los toros, en Mallorca, contemplando una faena de Abellán. El texto es una entrega informativa de Esteban Urreiztieta y Eduardo Inda:

"Lo más probable es que el auto se conozca esta semana, previsiblemente pasado mañana. Estos dos delitos comportan penas de hasta 11 once años de cárcel: seis el de blanqueo de capitales, cinco el de cooperación en un delito contra la Hacienda Pública. El hermetismo del magistrado es total pero la orientación de su auto está clara para la Fiscalía, que ya prepara un recurso al entender por enésima vez que la hermana del Rey es inocente. La resolución podría tener que retrasarse de nuevo si, como se comenta en ámbitos jurídicos, Iñaki Urdangarin pide declarar para autoinculparse y exonerar a su mujer. Todo indica que, salvo sorpresas de última hora en forma de recursos de algunas de las partes -Iñaki Urdangarin, por ejemplo-, el titular del Juzgado de Instrucción 3 de Palma, José Castro, dictará esta semana el auto de pase a procedimiento abreviado, en el cual señalará con nombres y apellidos los ciudadanos que se sentarán en el banquillo por la trama urdida por el duque de Palma y su socio, Diego Torres, para saquear las arcas públicas de tres comunidades autónomas y varios ayuntamientos".

El nuevo Rey marcó posición en el discurso de proclamación: independencia judicial. Y la agencia Europa Press daba cuenta ayer (y hoy lo recogen algunos diarios impresos) del "despido" de la infanta Cristina a los efectos representativos de la institución.

Después, el asunto catalán y la variable, dispersa y contradictoria posición del presidente de la Generalidad, Artur Mas. En la portada de La Vanguardia, "Mas pide al Rey que haga de árbitro en Cataluña". En la de El Periódico, "Mas afirma que mantendrá el guión de la consulta aunque el rey ejerza de árbitro", apunta un destacado. Y en El Punt Avui, el doble salto con tirabuzón en un sumario minúsculo: "Mas, dispuesto a renegociar fecha y pregunta". Es la interpretación del diario de la entrevista de Silvia Cóppulo a Mas en Catalunya Ràdio, el domingo: "El presidente de la Generalidad, Artur Mas, hizo ayer la enésima oferta de mano tendida al Gobierno del Estado para negociar una consulta pactada el 9 de noviembre, e incluso se mostró dispuesto, en una entrevista en Catalunya Ràdio, a renegociar la pregunta y la fecha si llega un inesperado gesto de Rajoy que cree que abriría un escenario nuevo. En este caso, Mas convocaría a todos los partidos que dan apoyo al 9-N para 'analizar la oferta y definir la estrategia', si bien ya se mostraba dispuesto a sentarse y 'hablar de todo'".

Faltan 139 días para la fecha señalada y Mas aún debe ponerse de acuerdo consigo mismo. Por lo demás, tiende a olvidarse que el margen de maniobra del Rey en este capítulo oscila entre poco y nada, desde el punto de vista democrático, constitucional y tal. Pero eso no cuenta para los nuevos "tutores" del Rey. Juan Luis Cebrián acaudilla la revuelta de los juancarlistas, los nostálgicos y los aguafiestas, cosa esta última que es la peor. El consejero delegado de El País refuerza las agrestes tesis de su director, Antonio Caño, quien calificó el discurso como "oportunidad perdida". Cebrián eleva el tono de la crítica, a pecho descubierto, como en los editoriales de El Alcázar contra Suárez y el Rey emérito.

Escribe Cebrián:

"Llama la atención lo satisfechos que se muestran algunos de que Felipe VI haya asumido públicamente su condición de monarca constitucional, cuando no podía ser de otra forma, o la actitud de aquellos que aclaman la neutralidad de sus palabras respecto a las fuerzas políticas, lo que no es del todo exacto, habida cuenta de que es el Gobierno quien redacta o cuando menos supervisa, y autoriza, las palabras del Rey. Este naturalmente, como todo aquel que ejerce un cargo, tiene además limitada su libertad de expresión por el ejercicio de su propia responsabilidad, pero eso no quiere decir que no pueda decir lo que piensa con emoción y sentimiento, como lo hizo al referirse a su madre, ni que deba inhibirse en todo momento de señalar lo que a su juicio son cuestiones clave de la convivencia nacional. Por eso es tan de lamentar que en su primera intervención como monarca, cuando se está anunciando un acercamiento de la Corona a los ciudadanos, se limitara a hacer un discurso políticamente correcto en el que las palabras que mejor indican las preocupaciones de estos, corrupción y paro, no fueron ni siquiera pronunciadas".

El palo sube de tono líneas después:

"En las democracias modernas las Monarquías parlamentarias solo tienen sentido si son útiles a la convivencia política. Esta es una reflexión que tuve muchas veces oportunidad de escuchar al propio don Juan Carlos que, en su caso, se esforzó como nadie para que sus actos fueran coherentes con sus pensamientos. Suele decirse que los españoles no son monárquicos, y que no lo han sido durante los últimos 40 años, pero sí juancarlistas en virtud de los servicios que el rey que ha abdicado prestó a la restauración de la democracia. Restauración, por cierto, que en realidad fue una instauración, habida cuenta de nuestra azarosa relación histórica con las libertades. Felipe VI tiene, pues, que demostrar su utilidad, y la de la institución que encarna, en momentos muy difíciles para el prestigio de la democracia representativa y en los que los perfiles y capacidades del Estado nación se difuminan en medio de la oleada globalizadora. (...) Quien fuera presidente del Tribunal Constitucional y ministro del Gobierno de Suárez, Manuel Jiménez de Parga, publicó hace años un artículo, con el mismo título que encabeza este, en el que pretendía analizar en qué consistía el papel moderador del 'funcionamiento regular de las instituciones' que la Constitución atribuye al Rey. Evocaba al hacerlo una frase del periodista liberal francés Prévost-Paradol, contemporáneo de Thiers, referida al papel del monarca-árbitro: 'Colocado por encima de los partidos, no teniendo nada que esperar o temer de sus rivalidades y sus vicisitudes, su único interés, como su primer deber, es observar vigilantemente el juego de la máquina política con el fin de prevenir todo grave desorden. Esta vigilancia general del Estado debe corresponder al árbitro'. Muchos estarán de acuerdo en que estamos en vísperas de un grave desorden en el funcionamiento de la máquina política si no se ataja a tiempo, y se orienta con lucidez, la deriva independentista en Cataluña. A este respecto, de nada valen los lugares comunes sobre la unidad y diversidad de España. Estamos ante un problema institucional que demanda respuestas institucionales. Exactamente lo que expresó Artur Mas tras la proclamación del Rey cuando dijo esperar alguna iniciativa de este al respecto, y por lo que ha sido, al margen de cualquier otra consideración, injustamente criticado. Ojalá el príncipe de Gerona se muestre sensible a la sugerencia. Y demuestre la utilidad de un rey que no gobierna, pero reina".

Ya tiene deberes para el verano Felipe VI. Se los ha puesto Cebrián, de la casa Santillana, la que editaba los libros de texto de recuperación. Y ojo al parche con el elogio a Mas, que a los efectos del día a día del líder nacionalista es mejor que un artículo pagado en el Financial.

En El Mundo, el artículo de Federico Jiménez Losantos ahonda en las dificultades a las que debe hacer frente el monarca, entre ellas la oposición mediática:

"Hay tres aspectos siniestros que caracterizan el panorama mediático español, incluidas las noticias y opiniones sobre la Corona. En primer lugar, un desequilibrio ideológico total, que puede comprobarse enumerando las tertulias televisivas de signo liberal o conservador en las cadenas públicas o privadas. En segundo lugar, un sectarismo nacido de ese desequilibrio y que desde hace más de 20 años nos lleva a padecer un adoctrinamiento en clave chistosa, aunque maldita la gracia que tiene, a cargo de un biotipo, casi una especie, de graciosete, generalmente catalán y nacionalista a fuer de progre, cuya sensibilidad para todo lo español, Corona incluida, oscila entre la mofa y la befa. Y en tercer lugar, un monopolio, el del acceso a la Corona, que explica el ataque feroz de la acorazada PRISAGUARDIA -Cebrián y Godó siempre defienden juntos sus privilegios- contra el discurso del Rey, por no obedecer 'lo que se le pidió', es decir, ese discurso grotescamente tetralingüe redactado por el lobby catalanista que con su Roca en Madrid y su Tibidabo o Vostedabo en Barcelona viene marcando la política nacional -antinacional- de la Corona desde hace décadas".

En la política rasa, Oriol Junqueras ha enseñado la pierna hasta la rodilla. Dice que ahora estaría dispuesto a entrar en el gobierno de Mas, pero sin concretar, sin mojarse, sin mostrar la más mínima intención de comprometerse con Mas, a quien está cociendo a fuego lento, con la delectación de Obélix ante un jabalí a la barbacoa. Mas, por su parte, le ha abierto las puertas de par en par, pero tampoco concreta. Todo son vagas promesas de un lado y de otro porque no hay nada que gobernar, salvo la gestión formal de una consulta previsiblemente ilegal.

Salvador Sostres da cuenta de la situación en una análisis en El Mundo. Escribe:

"La estrategia de Mas era tensar la cuerda al límite para conseguir la mejor oferta del Gobierno y, justo antes del abismo, ceder. El abismo se ha ido acercando sin que el presidente Rajoy, que ha sido muy criticado por sus silencios, ofreciera nada ni pareciera inmutarse. Los histéricos, de un lado, llegaban al funeral de España antes que el cadáver. Los ingenuos, del otro, celebraban la victoria de un partido que todavía no se había jugado. Pero Rajoy sabía lo que hacía y Mas ha caído en su propia trampa. Urgido por los empresarios catalanes y por su propio vértigo, ha acabado proponiendo él mismo una salida al conflicto, lo que no es otra cosa que una manera encubierta de rendirse: ahora ha dicho a sus emisarios que le transmitan al presidente que, a cambio de poder celebrar la consulta, estaría dispuesto a cambiar la pregunta por otra que no sea tan claramente inconstitucional. Sería un eufemismo que suponga en el fondo el fin del llamado proceso, pero que le permita salvar la cara ante sus eventuales electores: '¿Quiere usted que la Generalidad negocie con el Gobierno que Cataluña sea un Estado?'. Ideal para que los catalanes nos sintamos campeones morales -que es lo que más nos gusta- sin haber tenido que romper la porcelana".

Continúa Sostres: "El objetivo de Mas no es la independencia, sino ganar las próximas elecciones y mantenerse en el poder. Ésta ha sido siempre su única razón de ser. También cuando en 2006, con Zapatero, recortó el Estatuto que el año anterior había salido del Parlamento [autonómico] a cambio de que los socialistas le hicieran president si conseguía ser la lista más votada. Luego le engañaron, claro. Tan convencido está Rajoy de que Mas no tiene escapatoria, que no sabe si aceptar esta evidente rendición y facilitarle la consulta; o bien dejar que se estrelle sin piedad contra su propio envite".

Es aquello de El Punt Avui y lo de renegociar hasta en el carné de identidad, fecha, pregunta y color de las papeletas.

La actualidad socialista catalana queda referenciada en el texto a página entera de Toni Bolaño en La Razón. El comienzo es apoteósico: "Roma estaba inmersa en una cruenta guerra civil. Pompeyo y Julio César luchaban encarnizadamente para hacerse con el control de la República. Dos años antes, César había pasado el Rubicón y los enfrentamientos se extendieron desde España hasta Grecia y Egipto, donde conoció a Cleopatra y se enfrentó a Ptolomeo XIII". Sostiene Bolaño que eso es exactamente lo que ha pasado en los úlltimos días en el PSC. No tiende a exagerar. Escribe también que Iceta ha empezado a poner orden con un "discurso solvente, serio y consecuente". Eso y su capacidad de maniobra podrían enderezar el rumbo socialista, según las fuentes recabadas por el periodista.

Último partido de la selección española en el Mundial de Brasil. A las seis contra Australia. Raro.

23 de junio, Santa Agripina de Roma y San Zenón de Filadelfia.

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