¿Hay dos comunidades lingüísticas en Cataluña?

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Sábado, 7.06.2014 05:00

Frecuentemente, en Cataluña hablamos de los castellanohablantes y los catalanohablantes, con la idea de que forman dos comunidades distintas. En este artículo quería poner en cuestionamiento que ello sea efectivamente así.

Una observación de la realidad sociolingüística de Cataluña nos muestra que las cosas son más complejas

Para los nacionalistas/independentistas, no existen dos comunidades lingüísticas en Cataluña sino una sola, la catalanohablante. Como sabemos, para ellos sólo existe una lengua propia en Cataluña, el catalán, y todos los ciudadanos o lo hablan o deberían hablarlo. Es decir, o tienes aquello tan valioso o estás en falta, ya que el mundo gira alrededor del catalán para ellos. Respecto al español, generalmente fingen que no existe, y cuando la realidad se impone, entonces argumentan que es una lengua impuesta o ajena a Cataluña, un accidente de la historia.

El ex dirigente de ERC Josep-Lluís Carod-Rovira, cuando estaba en el poder, negó repetidamente que en Cataluña existieran ciudadanos catalanes castellanohablantes. El término "catalán castellanohablante" realmente no existe en el discurso público catalán, a diferencia de otros países y comunidades. Por ejemplo, en Quebec, donde se habla abiertamente de los anglófonos, de los francófonos y de los bilingües.

Desde posiciones críticas, por el contrario, el término castellanohablante o catalanohablante es utilizado con mucha frecuencia. Hablamos de ellos para referirnos a los ciudadanos que tienen, respectivamente, el español y el catalán como lenguas maternas. Así, unos forman la comunidad castellanohablante y los otros, la catalanohablante.

La pregunta que quiero plantear es: ¿corresponde esta descripción a la realidad? ¿Hay realmente dos grupos compactos formados por dos comunidades lingüísticas separadas y monolíticas? Una observación de la realidad sociolingüística de Cataluña nos muestra que las cosas son más complejas.

Desde mi punto de vista, en Cataluña existe en primer lugar una comunidad de ciudadanos (a pesar de que algunos se empeñen en llamarnos "pueblo") y cuando consideramos a estos ciudadanos como hablantes de una o más lenguas, el categorizarlos principalmente en dos grupos diferenciados según su lengua materna es una opción que presenta dos problemas:

a. Es un enfoque esencialista: cada persona pertenece únicamente a un grupo o a otro dependiendo de un rasgo, su lengua materna, que no ha escogido y que es inmutable. Uno puede aprender varias lenguas pero su lengua materna siempre es la misma. En las democracias, los grupos donde uno no se adhiere de manera voluntaria sino que es situado allí, le guste o no, son difíciles de defender ya que van contra la libertad de las personas. Por supuesto que la lengua materna existe y las personas pueden ser agrupadas, de manera descriptiva, según su lengua materna. Esto no es ningún problema, el problema surge cuando a partir de esta categoría esencialista se desprenden ideas, comportamientos, derechos, deberes o cualquier otra cuestión.

b. El dudoso concepto de hablante de una lengua: este enfoque considera hablantes de una lengua únicamente a los que la tienen como lengua materna cuando, desde la lingüística, sabemos que el hablante de una lengua no es sólo aquella persona que la tiene como lengua materna sino también aquellos que la usan de manera habitual y la tienen como lengua de identificación (una lengua que sienten suya, que "aman").

Es posible que aquellos que tienen como lengua materna el español o el catalán y que prácticamente utilizan sólo su lengua materna en la vida cotidiana se sientan satisfechos con la definición de ser miembros exclusivamente de la comunidad castellanohablante o de la comunidad catalanohablante. Estas personas son los monolingües que usan y se identifican con una sola lengua. Esta es una elección, perfectamente legítima, pero no es la única que existe en Cataluña.

Otras opciones lingüísticas que podemos observar diariamente son aquellas referidas a los diferentes grados de bilingüismo, como sucede en todas las comunidades bilingües. No existen, por otra parte, comunidades bilingües donde todos los miembros sean bilingües. Lo que sí encontramos, como es lógico, son distintas configuraciones y grados de bilingüismo. En Cataluña podemos observar ciudadanos hablantes de español como lengua materna que hablan fluidamente el catalán y que lo usan de manera frecuente. Observamos también los hablantes nativos del catalán que conocen bien el español y lo usan cotidianamente. Tanto unos como otros forman un grupo: son los bilingües activos que viven su bilingüismo como una experiencia positiva que les abre puertas.

No existen comunidades bilingües donde todos los miembros sean bilingües. Lo que sí encontramos, como es lógico, son distintas configuraciones y grados de bilingüismo

Observamos que existen también los llamados bilingües receptivos, es decir, aquellos ciudadanos que se sienten mejor hablando en su lengua materna, sea ésta el español o el catalán, pero que no sienten ninguna resistencia a realizar actividades receptivas, como leer o escuchar, en la otra lengua. También pueden usar, con diferentes grados de comodidad, la otra lengua en actividades productivas, como hablar y escribir, pero su preferencia para estas actividades se encuentra en poder realizarlas en su lengua materna.

El hecho de que el español y el catalán sean lenguas tan parecidas facilita el bilingüismo de la sociedad. Es un caso diferente al del País Vasco, por ejemplo, donde el euskera solo se aprende si uno hace un esfuerzo y dedica mucho tiempo y energía porque es una lengua que no se puede aprender sólo viviendo allí mientras que el catalán, sí (al menos, a un nivel receptivo, a nivel de entenderlo).

En este punto, querría realizar un apunte personal: soy bilingüe activa, de lengua materna catalana. Cuando se habla de los castellanohablantes sólo como aquéllos que tienen el español como lengua materna y de las dificultades que experimentan para poder usar el español en la vida pública, me siento excluida de un grupo donde siento que pertenezco. Yo también soy castellanohablante y mis derechos lingüísticos también están siendo vulnerados a Cataluña. Mi impresión es que somos bastantes los ciudadanos catalanohablantes nativos que tenemos esta percepción.

Respecto a los castellanohablantes nativos, también muchos de ellos son bilingües activos y quieren una promoción y una protección del catalán, respetuosa con el español (lo cual es posible). Estas personas consideran el catalán también como una lengua suya y se identifican con ella, a pesar de toda la politización que ha hecho el nacionalismo del catalán.

Así, pues, podemos observar una gran variedad en los hábitos lingüísticos de los ciudadanos. El bilingüismo no es un absoluto -una persona perfectamente competente en las dos lenguas- sino una cuestión de grados, de registros y de destrezas. En consecuencia, pienso que el enfoque sobre este tema debería ser que en Cataluña no existen dos comunidades lingüísticas diferenciadas y monolíticas sino una sola comunidad bilingüe, con un uso amplio de ambas lenguas por parte de sus ciudadanos, en diferentes grados y dependiendo de las preferencias personales de cada uno. El monolingüismo -español o catalán- es una de estas opciones junto con los bilingüismos activo y receptivo.

Una comunidad bilingüe con una diversidad de hábitos lingüísticos. Desde mi punto de vista, esta definición es más fiel a la realidad sociolingüística de Cataluña que la idea de las dos comunidades lingüísticas diferenciadas.

[Este articulo ha sido publicado en el Boletín de la Asociación por la Tolerancia de mayo de 2014]

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¿Quién es... Mercè Vilarrubias?
Mercè Vilarrubias

Catedrática de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas Barcelona-Drassanes y autora del libro 'Sumar y no Restar. Razones para introducir una educación bilingüe en Cataluña' (Editorial Montesinos). Es miembro del colectivo Puerta de Brandemburgo.

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