¿Monarquía o república?

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Domingo, 8.06.2014 11:39

La abdicación del Rey Juan Carlos ha vuelto a poner sobre el tapete un viejo debate dentro de la sociedad española. Un debate que se cerró durante la Transición a través del pacto constitucional de 1978 con la aceptación de una monarquía parlamentaria por parte de los principales partidos políticos españoles (desde la antigua Alianza Popular hasta el PCE, pasando por la UCD y el PSOE). Sin embargo, en la actual situación política donde la calidad y el funcionamiento de las instituciones democráticas han sufrido un deterioro significativo por razones bien conocidas, con la subsiguiente desafección de un número creciente de ciudadanos hacia el sistema político, las voces que proponen la abolición de la Monarquía y la introducción de la República como una forma de empezar de nuevo, de regenerar la democracia española, han vuelto a resurgir con fuerza.

Estoy convencido que este debate debe hacerse desde la racionalidad y la serenidad y no desde los sentimientos

Estoy convencido que este debate debe hacerse desde la racionalidad y la serenidad y no desde los sentimientos. Es evidente que con aquellos que optan por una u otra forma de estructuración del Estado desde éste último punto de vista, no hay mucho que discutir. Querrán una monarquía o una república porque les parece mejor, por tradición familiar, por convencimiento, por principio. Pero aunque este posicionamiento es respetable, creo que podría ser útil proceder a un análisis de los diferentes aspectos a tener en cuenta dada la situación política actual en España. Tampoco quiero hacer un tratado sobre la cuestión, así que me ceñiré a considerar aquellos elementos que me parecen más importantes en la coyuntura política actual.

En primer lugar, y desde el punto de vista de los valores, el elemento que ha sido esgrimido de manera más clara es el de la superior legitimidad democrática de la que gozaría una república, dado que su presidente sería elegido por los ciudadanos, ya fuere directamente en las urnas (república presidencialista como es el caso de los EEUU o semipresidencialista como es el caso de Francia) o indirectamente a través de sus representantes en el Parlamento (república parlamentaria como es el caso de Alemania o Italia). Es cierto que una república goza de ese plus de legitimidad democrática en comparación con una monarquía, donde el rey no es elegido por los ciudadanos sino que sucede por nacimiento al anterior jefe del Estado a su muerte o tras su abdicación (como es el caso presente en España). Sin embargo, una monarquía parlamentaria como la española también tiene su legitimidad democrática en la aprobación por el Parlamento y la ratificación por los ciudadanos de la Constitución que le da sustento. Asimismo, el sucesor en el trono, el futuro Felipe VI, también gozará de esa misma legitimidad cuando el Congreso de los Diputados apruebe la abdicación del actual monarca y jure su cargo delante de ellos.

En la actual situación de desprestigio de algunas instituciones del Estado a ojos de un número importante de ciudadanos, la abolición de la Monarquía podría significar una forma de intentar una especie de "borrón y cuenta nueva" que supusiera sentar las bases del sistema político español sobre pilares más sólidos, una regeneración democrática desde lo más alto de la pirámide del poder (es decir, de la Jefatura del Estado) y que, además, permitiera acabar definitivamente con las "dudas" surgidas desde algunos sectores políticos y sociales sobre la legitimidad plenamente democrática de la actual Constitución española debido a las circunstancias particulares en las que fue aprobada: no como un pacto político entre iguales sino como una Constitución "tutelada" desde los poderes fácticos del Estado. Esta es ciertamente una posibilidad. Sin embargo, yo me pregunto si la actual desafección de los ciudadanos con el funcionamiento de las instituciones del Estado radica en primer lugar en ese punto (en el funcionamiento de la Corona) o si la principal causa descansa en el uso que los principales partidos políticos españoles han hecho de las mismas (a través de la patrimonialización y politización de las instituciones). De poco serviría cambiar el sistema político hacia una república si no se produce una regeneración de la vida pública allí donde se ha deteriorado.

De poco serviría cambiar el sistema político hacia una república si no se produce una regeneración de la vida pública allí donde se ha deteriorado

Por otro lado, y en favor de la Monarquía, se podrían aducir razones de estabilidad política en un momento de crisis económica y territorial a raíz del planteamiento soberanista lanzado desde el nacionalismo catalán. Es evidente que la introducción de la República necesitaría un cambio constitucional con la convocatoria de elecciones y la celebración de un referéndum de ratificación por parte de los ciudadanos. Hay que reconocer que, cuando menos, el riesgo de inestabilidad política de proceder en este sentido podría ser importante.

Además, y desde una perspectiva más intemporal, en el caso de la República, el proceso de elección del presidente cada 4 ó 5 años (directa o indirectamente) añadiría indudablemente un elemento de inestabilidad política al sistema. Si la República fuera de tipo presidencial o semipresidencial se podría aducir que este elemento de inestabilidad política vendría a substituir al que se produce actualmente en unas elecciones generales que tienen como objeto último la elección del presidente del Gobierno; pero ello no es así en el caso de una república parlamentaria, donde el elemento de inestabilidad política sería claramente adicional al existente (el ejemplo reciente de Italia es ilustrativo al respecto).

En términos de costes, y en lo que se refiere al mantenimiento del jefe del Estado, sea éste a título de rey o de presidente de la República, me parece que no debería haber diferencias substanciales o, en caso de haberlas, serían perfectamente subsanables. Por el contrario, una monarquía podría tener una ventaja comparativa ya que el coste de la elección de un presidente de la República cada 4 ó 5 años no se produciría; aunque aquí, como dije anteriormente, también dependería del tipo de república: no sería significativo en el caso de un sistema parlamentario donde la elección se hiciera a través del Parlamento, pero lo podría ser en el caso de un sistema presidencialista (convocatoria de elecciones presidenciales), a menos que éstas se llevaran a cabo al mismo tiempo que las elecciones legislativas.

En cuanto al ejercicio de la función, es decir la capacidad y preparación para ejercer la Jefatura del Estado, no creo que debería haber tampoco diferencias substanciales, pues si bien es cierto que un futuro rey siempre tendrá un período de preparación y una educación encaminada a la asunción de su futura función (lo que en un principio podría darle una cierta ventaja), también es cierto que la elección de un presidente de república debería realizarse entre aquellos ciudadanos mejor preparados independientemente de su hogar de nacimiento. Sin embargo, me parecería que una figura neutral políticamente como debería ser el caso de un rey podría ejercer sus funciones arbitrales en el juego político de una manera más eficiente que un presidente de una república parlamentaria, quien normalmente debería tener un pasado político.

Lo que de verdad importa hoy en España es el funcionamiento del sistema político y la necesidad de su regeneración democrática

Y llegados a este punto, me gustaría comentar que de las dos formas de república existentes (presidencialista o semipresidencialista y parlamentaria) tengo una preferencia por la segunda. Desde luego, no apoyaría una república semipresidencialista donde en caso de "cohabitación" (presidente y mayoría parlamentaria de distinto signo político como ocurre actualmente en los EEUU o como ocurrió en Francia en un pasado no muy lejano) se podría producir una situación de inestabilidad política y de parálisis de las decisiones políticas. Asimismo, una república presidencialista tampoco me parece lo mejor para una país como España, con el fin de evitar que las decisiones del poder ejecutivo tengan una mayor tendencia a ser unilaterales y a no pasar necesariamente por el control parlamentario. Por el contrario, en una república parlamentaria el ejercicio del control del poder ejecutivo sería similar al actual y aunque la posibilidad de aplicación del "rodillo" de una mayoría parlamentaria siempre existe, la obligación de que la práctica totalidad de las decisiones del poder ejecutivo deba pasar por el poder legislativo para su sanción la hacen a mi entender más transparente y, por lo tanto, sometida al control público.

Para terminar, y teniendo en cuenta el grado de cultura y civilidad política existente en España, donde todavía hay capas de la población que se resisten a aceptar de buen grado el gobierno que sale de las urnas y respetar la función del gobernante votado democráticamente (por ejemplo, todavía hay quien desde la izquierda tiende a considerar a parte de los votantes del PP como "fachas" y, al revés, todavía hay quien desde la derecha tiende a considerar a parte de los votantes del PSOE y de IU como "rojos"), me pregunto si aceptarían de buen grado a determinadas personas tales como José María Aznar o José Luis Rodríguez Zapatero como presidentes de la República.

En resumidas cuentas, la cuestión planteada (monarquía o república) es, a mi entender, un falso dilema. En el pasado tenía razón de ser, ya que el Rey (una persona no elegida a través de un proceso democrático) gozaba de privilegios y poderes por encima de las otras instituciones del Estado. Pero ese no es el caso hoy, cuando todas sus acciones como Rey, absolutamente todas, tienen que llevar el aval del Gobierno. Lo que de verdad importa hoy en España es el funcionamiento del sistema político y la necesidad de su regeneración democrática: la reducción de la corrupción, el aumento de la transparencia, la democracia interna de los partidos políticos, las políticas (económica, social...) a llevar a cabo por el Gobierno, etc. Es en esas cuestiones donde tenemos que poner el acento y exigir, como ciudadanos, los cambios y las transformaciones necesarias con nuestros votos.

El cambio de la actual Monarquía parlamentaria por una República parlamentaria no introduciría los cambios que necesitamos hoy en día. Y, si bien es cierto que una República parlamentaria tendría un plus adicional de legitimidad democrática, por razones prácticas (estabilidad política, probablemente menores costes, la existencia de un árbitro neutral fuera del debate político) considero que la Monarquía es todavía a estas alturas (y, probablemente, por unos cuantos años más) la mejor alternativa posible para España.

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¿Quién es... Víctor Andrés Maldonado?
Víctor Andrés Maldonado

Fue funcionario del Tribunal de Cuentas de Luxemburgo y de la Comisión de la Unión Europea durante el período 1986-2012. Durante ese tiempo trabajó en el área de Asuntos Económicos y Financieros y en el área de Relaciones Exteriores. Actualmente, publica artículos de opinión en diferentes medios. Es miembro del colectivo Puerta de Brandemburgo. Y fue candidato de C's en las europeas de 2014.

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