"Militantes en la secta del autoodio"

Carod señala como 'malos catalanes' a los que se oponen al plan secesionista de Mas

El ex líder de ERC y ex vicepresidente de la Generalidad dedica todo tipo de improperios a aquellos catalanes que levantan su voz contra el proyecto independentista de Mas. Les tilda de ser "militantes en la secta del autoodio"; les acusa de tener "un menosprecio enfermizo, un odio infinito contra todo lo que sea catalán o que lo parezca";  de ser "gente a la que le molesta ser catalanes", de ser "hijos de colaboradores del franquismo", o de estar "mortificados constantemente al recordar que en casa se ganaban la vida trabajando en una portería del Ensanche barcelonés". "Son los más fáciles de identificar, incluso antes de que abran la boca: son aquellos que tienen más cara de tristes y amargados", concluye.

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El ex presidente de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira
Redacción
Jueves, 26.06.2014 19:23

Josep-Lluís Carod-Rovira vuelve a la carga, y lo hace señalando como malos catalanes a todos aquellos que se atreven a levantar su voz contra el proyecto independentista promovido por Artur Mas.

En un artículo publicado este jueves en Nació Digital, el ex líder de ERC y ex vicepresidente de la Generalidad califica a estas personas de "militantes en la secta del autoodio" y los identifica como "profesores universitarios, periodistas, políticos de segundo nivel, actores y cantantes con aires de progre".

"Menosprecio enfermizo y odio infinito contra todo lo que sea catalán"

Según el ex político, este "autoodio" padece "una incomodidad obsesiva con el país [por Cataluña] y con cualquier cosa que tenga relación con él, por insignificante que esta sea, y se expresa con una crítica destructiva permanente contra lo que es de aquí, contra cualquier iniciativa, proyecto o propuesta que venga de aquí, con un menosprecio enfermizo, un odio infinito contra todo lo que sea catalán o que lo parezca".

"[El autoodio] salta como un reflejo automático a la simple mención o aparición de las palabras 'catalán' o bien 'Cataluña', da igual la idea posterior que acompañe a estas dos palabras. Así pues, hay gente a la que desagrada ser lo que son, de dónde son o bien de dónde pueden ser si así lo quieren. En ocasiones, la visceralidad anticatalana les lleva a proferir todo tipo de pestes y mentiras, a menospreciar todo lo que es catalán, subiendo a los altares de la veneración cosas positivas de otras latitudes, sobrevaloradas frecuentemente, a veces simples mediocridades", añade.

"Exhibidos como víctimas indefensas de una cruel persecución catalanista"

Carod-Rovira recuerda que estos catalanes no nacionalistas son "recibidos a lo grande en los medios de comunicación españoles, donde son estrellas en sus tertulias y programas que vomitan bilis contra Cataluña y donde coinciden, ay, con lo más casposo de la sociedad española".

"Se mueven por los platós con familiaridad y un cierto aire de arrogancia, mezcla, más bien, de decepción e insatisfacción personal al no sentirse valorados por las administraciones del país [por Cataluña] y por la propia sociedad catalana", insiste.

Y continúa: "En España, son exhibidos como víctimas indefensas e inocentes de una cruel persecución catalanista -¡pobrecitos!-, según la cuál, el español, el segundo idioma más hablado del mundo, oficial en tres continentes y en veinte estados, vería peligrar su futuro, casi al límite de la extinción, pero no en su propio territorio, sino en los Países Catalanes, y no por parte del inglés o del chino, sino del catalán, lengua todavía minorizada, ausente de todos los organismos internacionales".

"Mortificados al recordar que se ganaban la vida trabajando en una portería"

El ex líder de ERC señala que estos catalanes no nacionalistas "son especialmente beligerantes con la cultura tradicional y popular catalana, a la que consideran provinciana y de poco nivel", pero son "comprensivos" con otras expresiones populares "con el único requisito de que no sean catalanas".

"Se trata de gente a la que le molesta ser catalanes o, tal vez, que piensa que nunca será vista y admitida como tal. Es un comportamiento lleno de complejos, frustraciones, traumas y, buscando, buscando, no es casual que aparezca algún factor de procedencia que sea, de hecho el factor principal desencadentante de la incomodidad y el autoodio", indica, y se deleita:

"A veces hay que prestar atención a la pertenencia originaria a un determinado estatus socioeconómico: o bien muy alto, hastiados por saberse hijos de la alta burguesía, o bien muy bajo, mortificados constantemente al recordar que en casa se ganaban la vida trabajando en una portería del Ensanche barcelonés. En otras ocasiones, tiene que ver el origen geográfico, cultural o lingüístico que, con una visión étnica, nacionalista y anticuada de los fenómenos nacionales contemporáneos, les hace autoexcluirse de la posibilidad de ser miembros activos del proyecto nacional catalán. Ente algunos de los nombres más relevantes intelectualmente del autoodio (hay apellidos que delatan), hay hijos de colaboradores del franquismo, tan progres ellos, gente que se enriqueció con la dictadura y con familiares directos culpables de haber delatado a demócratas, republicanos y catalanistas ante las autoridades falangistas que acompañaban al ejército de ocupación y que dictaron sentencias de muerte o de prisión contra las personas denunciadas".

"Son aquellos que tienen más cara de tristes y amargados"

Según Carod-Rovira, "Madrid sabe de qué pie calzan y por eso les deslumbra, beneficia y promociona, a cambio de adoptar una actitud de menosprecio metódico de todo lo que es catalán y de sobrevaloración de todo lo que pueda gustar allí, en un gesto mayúsculo de provincianismo servil".

"Embobados ante cualquier medianía procedente de más allá del Cinca, boquiabiertos ante un puñado de famosos hispánicos de estética casposa y que les ríen todas las gracias, atentos al respiro más leve de políticos españoles de cuarta regional, el nivel desproporcionado de su autoodio les ha llevado a pensar Cataluña en clave de pequeñez y España como sinónimo de grandeza", insiste.

Y remata: "Tienen una hipersensibilidad desmesurada con el universo simbólico catalán, tic de irritabilidad dermatológica inusitada, que nunca se produce ante ningún otro universo referencial. En fin, en un debate por televisión o en directo en un acto público, son los más fáciles de identificar, incluso antes de que abran la boca: son aquellos que tiene más cara de tristes y amargados, y que aparecen, ante los ojos de todos, como permanentemente enfadados. No se ríen nunca, ni se les conoce ninguna sonrisa, por leve que sea. Es lógico, la inminencia de su derrota en las urnas no les deja espacio para muchas alegrías. Es comprensible".

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