Revista de prensa

La prensa catalana se solaza con la derrota de España, antes "la roja"

El traspaso de poderes entre Juan Carlos I y Felipe VI es el argumento principal de la prensa editada en Madrid. Los editoriales y las grandes firmas anuncian muchos cambios e inabarcables retos.

11 min
Pablo Planas
Jueves, 19.06.2014 09:47

El periodismo deportivo español es un caso notabilísimo de prensa de partido, de agitación y propaganda, de islamismo informativo. Después de semanas de ponderar las virtudes de "la roja", de loar la caballerosidad del entrenador, de glosar las características del estilo y del tachín previo a las grandes ocasiones, hoy, sobre las cenizas de un grupo roto, las firmas habituales de los partidos y los fichajes se dedican a contar lo que han hurtado a los lectores durante días y más. Hoy aprecian que los muchachos estaban fundidos, que el calendario ha impedido una adecuada preparación, que el equipo es una galería de viejas glorias combinada con tres o cuatro jóvenes promesas que han ido a Brasil de viaje de fin de carrera, que Del Bosque ha sido demasiado complaciente y que el descalabro oscilaba entre lo previsible y lo inevitable. Hoy, sí, después de palmar dos partidos, encajar siete goles y haber marcado uno, sólo uno, y de penalti.

Periodismo deportivo. Una contradicción. Lo del As y el Sport, el Mundo Deportivo y el Marca se entiende. Se deben al Barça o al Madrid, viven parasitariamente de los clubes y no van a morder la mano que les da de comer. Pero lo del fútbol en la prensa generalista es como para perder del todo la fe en la humanidad. Días enteros de violín y rondos, de soberbia y autocomplacencia, de samba y propaganda que se resumen en crónicas humillantes, algunas lúcidas, otras singularmente sobrias, todas tarde, en los periódicos del día. Y encima con todos los tópicos imaginables, también entre lo previsible y lo inevitable. Maracaná, tumba de reyes, los reyes abdican, etcétera, etcétera.

La selección, España, está fuera del Mundial. Una pena. Los enviados especiales son los primeros en lamentarlo. Se acabó la fiesta, el seguimiento muelle de una reunión de colegas, el compadreo desde Curitiba, la juerga carioca. Vuelta a la redacción a inventarse fichajes y a esperar a que comience la Liga, la vida padre después del desmadre. Ahora vendrán que si ya lo sabían, que ya ellos lo dijeron, que había problemas de convivencia, que todo empezó con mal pie, que la mitad de los seleccionados aún no saben donde jugarán en septiembre... Periodismo deportivo, sí. Y gastronomía inglesa.

La puntilla está en que mientras la prensa de Madrid tapa la derrota con el traspaso real de poderes, la de Barcelona encuentra hueco en sus primeras páginas para solazarse con la eliminación de "España" a las primeras de cambio. España, que ya no es "la selección estatal", ni "la roja", ni el Barça con otra camiseta. 'Espanya' en El Punt Avui ("España pierde la corona") y 'Espanya' en el Ara ("Una España impotente se despide del mundial"). España en un partido "lamentable" en La Vanguardia y "destronados" en El Periódico. Combinan la imagen del Rey padre y del Rey de España con la de los futbolistas cabizbajos, salvo en el Avui, donde directamente pasan de la confirmación de la alternativa de Felipe VI de manos de Juan Carlos I y se ceban con Ramos y Casillas, ambos por los suelos.

Los dos reyes son la otra cara de la actualidad, el ditirámbico territorio de las grandes esperanzas, el anuncio de un punto y aparte, el nuevo comienzo, el "reynicio". Los elogios y las expectativas son de tales dimensiones que los textos al respecto parecen del Marca de los viernes de la primera vuelta de la Liga. Tan distintos casi siempre, ningún diario nacional elude la Marcha Real y nadie desafina lo más mínimo. El editorial de El País saluda los nuevos tiempos así:

"El acto fundacional de la nueva época tiene que servir para confirmar la voluntad de Felipe VI de ser rey de todos los españoles, como lo ha sido su padre, y responder a las expectativas de un tiempo nuevo. Don Felipe ya es el jefe del Estado, con todas las consecuencias, hasta el punto de que protagonizará el acto del Congreso incluso sin la presencia de su padre. Tiene que tomar la responsabilidad en sus manos desde el primer instante, y en la medida en que el padre ha decidido no asistir a la proclamación del sucesor es claro que así lo desea el propio don Juan Carlos. (...) El comienzo de un reinado es una gran oportunidad para cambiar el clima de pesimismo de los últimos años, para alterar los términos del debate. En vez de encastillarse cada uno en sus posiciones y ahondar en lo que divide, hay que aplicarse a reconstruir la vida económica y social, abrir los puentes y restablecer los consensos".

Suena a "queda inaugurado este pantano", pero señala directamente el camino de una reforma constitucional en canal. En Abc, La Razón y El Mundo también editorializan al respecto, pero no son tan osados como en el diario de Prisa, o en el de Godó, donde también se apunta a la reforma: "No son pocos los sectores de la sociedad catalana y de la española que, como La Vanguardia, propugnan una salida dialogada a un conflicto que perjudica a todos. Una salida que un padre de la Constitución como Miguel Herrero de Miñón describió expresivamente de este modo: 'Salvar la cara de Cataluña sin humillar a España'. A pesar de que las posiciones están muy enconadas, sin duda una propuesta de diálogo encontraría amplio eco en la sociedad catalana. Inevitablemente, pues, las esperanzas de los sectores que persisten en la tradición pactista catalana se centran en la figura de Felipe VI". Menudo embolado le ha caído al nuevo Rey.

El editorial de La Vanguardia insiste en las grandes expectativas y también le pone deberes a Rajoy: "Sería un acto de audacia política aprovechar la vibración positiva que ya suscita Felipe VI para impulsar cambios que demanda la sociedad española en general, y la catalana en particular, paralelamente a los esfuerzos que el Gobierno ya hace para que la recuperación económica sea una realidad percibida por el conjunto de los ciudadanos. El momento es lo suficientemente especial como para saber aprovechar la corriente de alegría y esperanza que suscita el nuevo Monarca para acelerar estas transformaciones que el país anhela".

Raúl del Pozo, en El Mundo, adelanta acontecimientos:

"Felipe VI será proclamado Rey hoy, sin la corte enlutada, acompañado de la bellísima Reina Doña Letizia y dos Princesas de oro y rueca. Los nuevos reyes saldrán a saludar al pueblo desde el balcón de la Plaza de Oriente, radiante y dichosa según Ramón. Veinte reyes de piedra caliza, godos y cristianos; 20 estatuas abrumadoras, disformes, presenciarán la ceremonia, cerca de donde está el Felipe IV de Tacca, Velázquez y Galileo, con el caballo encabritado. Esta vez, Madrid no ha echado el palacio por la ventana como en otras épocas durante las coronaciones: llegó la corte a ofrecer a los ciudadanos, además de justas y corridas de toros, fuentes con caños de los que salían chorros de vino. (...) Una de las cosas que aprendió Juan Carlos fue a molestar lo menos posible a la gente. Vio las caravanas de Franco, precedidas de la Guardia Mora; él mismo sufrió los embotellamientos y tuvo siempre presente eso de que aquí hay que molestar poco al personal y hay que ganarse el sueldo todos los días, 'porque si no te botan'. No sé qué dirá de este blindaje de Madrid. Han movilizado francotiradores, han cerrado el espacio aéreo, la Policía ha huroneado por las alcantarillas. Creo que han exagerado. ETA está dormida, Mateo Morral se ha hecho vegetariano. Sólo Izquierda Plural dará plantón al nuevo Rey en el Congreso y en el Palacio. El peligro no es el regicidio, sino que se instale una guillotina jurídica en la Plaza de Castilla para la Familia Real, como teme Javier Gómez de Liaño. Hoy sí que es un día histórico, y no por un partido de fútbol. Juan Carlos reconocía que era producto de mil leches. Felipe VI es el heredero de 17 reyes por parte de padre y 12 de madre".

En el Abc, el saludo al Rey lleva la firma de José María Carrascal. Es "la tercera" del diario monárquico por antonomasia, una pieza de referencia. Escribe el veterano periodista:

"Por fortuna, la España de Felipe VI no tiene ningún imperio, aunque tiene muchas deudas. Y sigue sin cementar su estructura nacional, lo que la ha llevado a situaciones límite, como fueron intentos de secesión y tremendas guerras civiles –las carlistas en el siglo XIX, la del 36 en el XX–, sin que repúblicas ni monarquías lo resolvieran. La Transición lo intentó convirtiendo un adjetivo, 'nacionalidad', en sustantivo y haciendo a las regiones 'Comunidades Autónomas', con dos categorías, históricas y no históricas, lo que, aparte de inexacto –en España todo el mundo tiene historia para dar y tomar– era desafiar al destino, pues pocas cosas aguantamos menos los españoles que vernos relegados a los demás. Es lo que requerirá más atención y dedicación del nuevo Rey, ya que se le ha puesto fecha de caducidad y condiciones insalvables de momento.(...) Si la llegada de un nuevo Rey ofrece una ventana de oportunidad para tan espinoso problema, hay algo, sin embargo, que el nuevo Rey no puede hacer: empezar su reinado vulnerando la soberanía española. Pues cuando se le pide que autorice una consulta de los catalanes sobre su futuro, lo que se le está pidiendo es que decidan sobre el futuro de España. Y sobre el futuro de España solo pueden decidir todos los españoles".

Alfonso Ussía es la gran pluma de la Corona en La Razón, lo que no le resta un ápice de sentido crítico. Hoy saluda al nuevo Rey con un toque de sentido de la realidad. Considera el autor: "Lo va a tener más difícil que su padre. Aunque parezca mentira, la sociedad española es menos culta y sosegada que en 1975. Quien lo dude que repase, por ejemplo, la calidad de los diputados y senadores del ciclo constitucional y la compare con la de ahora. Los nacionalismos van a acogotar al nuevo Rey con sus incalificables pretensiones, e intentarán desgastar su figura arbitral haciéndole responsable de decisiones políticas que no le competen".

Actualidad local. Como en Barcelona no se sabe si gobierna la alegre muchachada de Can Vies o una estatua humana de las Ramblas, Alberto Fernández Díaz, el dirigente del PP de Barcelona, ha aprovechado para desatascar el asunto de los horarios comerciales en las zonas turísticas. Los comercios podrán abrir más horas, cosa que inopinadamente satisface a los propietarios de los establecimientos, a los clientes e incluso a CiU, aferrada a las viejas reglas comerciales del siglo XIX. Mientras se cocía el acuerdo entre Fernández y el alcalde Trias, los grupos municipales acordaban exigir al Estado la convocatoria de un referéndum sobre la monarquía, cosa que ha estremecido a los analistas de La Zarzuela. Total que el pacto entre CiU y el PP en el Ayuntamiento de Barcelona sólo afecta a los horarios comerciales. Ni el PP acepta la consulta ni CiU cumple la ley.

19 de junio, San Gervasio, San Protasio y San Romualdo.

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