El Ojo Cosmológico

'Solo los amantes sobreviven': El lento crepúsculos de los vampiros ilustrados

Un poco menos de languidez y algo más de hemoglobina quizás hubieran hecho de ella una obra redonda, dentro de su género.

6 min
Juan Pérez
Lunes, 30.06.2014 10:52



Título original: Only Lovers Left Alive
Año: 2014
Duración: 123 min.
País: Reino Unido
Director: Jim Jarmusch
Guión: Jim Jarmusch
Música: SQÜRL
Fotografía: Yorick Le Saux
Reparto: Tilda Swinton, Tom Hiddleston, Mia Wasikowska, John Hurt, Anton Yelchin, Slimane Dazi, Jeffrey Wright

Jim Jarmusch tiene ganada reputación de hacer el cine que él quiere, nunca el que el público pudiera esperar, ni siquiera a partir de películas anteriores suyas. En ese sentido, Sólo los amantes sobreviven es una película muy jarmuschiana y, acaso, sólo para devotos del peculiar director quien, en esta ocasión, se adentra en el mundo de los vampiros, una temática que constituye una sólida tradición fílmica desde los tiempos legendarios de Bela Lugosi, Lon Chaney, Boris Karloff o el relativamente reciente Christopher Lee.

Nada tiene que ver esta película con obras anteriores suyas, ni las lejanas Stranger than Paradise –en la que el look del protagonista, sombrero incluido, es totalmente actual, a pesar del tiempo transcurrido– y Down by Law o las recientes, y magníficas Ghost Dog: The Way of the Samurai, homenaje directo a Le Samuraï, de Jean Pierre Melville, con un impresionante Alain Delon en la obra cumbre del polar francés, y Broken Flowers, con un inspirado Bill Murray en un papel que parece anunciar el muy conseguido de Lost in Translation, de Sofia Coppola.

Haber ido viendo las películas de Jarmusch a lo largo de los años, permite al espectador apreciar la singular variedad de su obra, en la que cuesta lo suyo hallar el sutil hilo conductor que nos permite relacionar todas sus obras con un mismo director. Mientras Almodóvar, por ejemplo, tiene un sello inconfundible que se repite hasta la saciedad en su manera de acercarse a la materia narrativa, Jarmusch elabora una especial poética para cada película, lo cual es de agradecer, aunque no quiere ello decir que siempre el resultado esté a la altura de sus esfuerzos creativos.

Solo los amantes sobreviven toma como pie argumental la situación de reclusión de un vampiro músico y coleccionista que arrastra el cansancio infinito de los siglos a través de los cuales ha ido dejando la impronta de su arte en compositores de muy distintos estilos, desde la música clásica hasta la música actual. Los vampiros alrededor de los cuales construye Jarmusch la historia están al borde de la eutanasia, a fuerza de languidez y acedia, y malviven alimentándose de sangre de bolsa, porque, por la sensibilidad que les ha deparado su elevada cultura, les repugna la faceta cazadora y sanguinaria del vampiro tradicional.

Son vampiros ahítos de cultura y carentes por completo del deseo de sobrevivir. Esa decadencia de la especie se refleja a la perfección en los periplos nocturnos que realiza la pareja protagonista en coche por la ciudad fantasma de Detroit, cuyas ruinas son el escenario idóneo por el que arrastran los vampiros su melancolía extrema. Ambos actores y en especial Tilda Swinton componen dos tipos excepcionales y hechizantes. La morosa cámara descriptiva de Jarmusch, que parece haberse contagiado de la decadencia y flojedad de sus personajes, hace un alarde de técnica descriptiva y logra composiciones de insólita belleza tenebrosa, tanto en el interior de la casa como en los exteriores nocturnos.

Ahora bien, ese alarde estético no está al servicio de ninguna trama, sino del retrato de un 'momento' y una 'atmósfera' especiales, una suerte de adiós a la vida mortecina y eterna que se alarga de forma inmisericorde para con el espectador, al cual le sobra buena parte del metraje. Quienes guarden buena memoria de Déjame entrar, de Tomas Alfredson, acabarán haciendo las odiosas comparaciones, y en ese preciso instante comenzarán a pensar que Jarmusch describe perfectamente, pero que apenas tiene nada que narrar. También Max Ophüls era un maestro de la descripción cinematográfica, pero en modo alguno olvidaba que la esencia del cine es la narración.

Con todo, ya digo que la atmósfera creada por el director norteamericano es magnífica y la figura desengañada del vampiro/artista, una auténtica estrella del rock, nos trae a la memoria aquella incomprendida película de Tony Scott, El Ansia, con un rutilante David Bowie. Son notables los paralelismos entre ambas, pero mientras en The Hunger se nos muestran unos vampiros en plenitud de sus facultades cinegéticas, en Sólo los amantes sobreviven, se nos muestran unos vampiros desamparados y necesitados de descanso auténticamente eterno, sin resurrección posible.

La aparición de la hermana de la protagonista, una especie de vampira gamberra que no puede resistirse a la tentación de acabar con el 'zombie' del protagonista, el que le sirve de mediador con la realidad de los hombres, ni siquiera es capaz de animar el velatorio continuo que es la película. La reacción indignada y airada, poniendo a la hermana de patitas en la calle, tras haber desangrado a su correo, constituye un ejemplo del nivel ético de estos vampiros lletraferits, tan insatisfechos con su propia condición.

A título anecdótico, cuando el vampiro hace la maleta con sus libros de cabecera, porque se desplazan a Tánger, a la búsqueda de Marlowe, la cámara se recrea en un volumen ¡nada menos que de Ramón de Campoamor!, lo que dejó en estado de auténtico schock a este espectador, porque se codeaba con antiguos clásicos de relieve mundial, lo cual le induce a pensar qué extraño tipo de asesoramiento literario habrá tenido Jarmusch, a la hora de escoger a los autores cuando la acción se desplaza a Tánger, donde suele vivir la pareja del protagonista, la película parece cobrar interés, siquiera sea por la presencia de un Marlowe, el autor de Fausto, a quien una sangre contaminada está a punto de acabar con su condena eterna. Ese hecho…, pero el final siempre ha de respetarlo el crítico.

Reitero que el excesivo metraje de la película daña mucho las buenas cualidades fílmicas que atesora la cinta, y que un poco menos de languidez y algo más de hemoglobina quizás hubieran hecho de ella una obra redonda, dentro de su género, porque es difícil encontrar una vampira tan vampira como la Swinton, con una presencia imantadora y, a pesar del título, absolutamente asexuada.