"Algunos están dispuestos a refugiarse en la arbitrariedad, en la búsqueda de soluciones de 'apaciguamiento temporal' [del nacionalismo catalán] que les proporcione una tranquilidad de conciencia que no heredarán sus hijos"

Nicolás Redondo Terreros, ex dirigente del PSE-PSOE y presidente de la Fundación para la Libertad, en un artículo publicado este viernes en El País:

"[...] La crisis económica, los egoísmos autonómicos, el debilitamiento de la legitimidad institucional y el aumento del sectarismo de partida, han provocado grandes grietas en la experiencia de 1978, han hecho reaparecer el cuestionamiento de las leyes, el conocido y despreciable 'porque a mí me da la gana'. Los idearios nacionalistas que sólo tienen sentido en la negación y el rechazo de los otros, la política como un ejercicio sectario en la búsqueda de la satisfacción de los instintos más básicos de la parroquia, la consideración del yo como expresión de un populismo incivil y no de un individualismo positivo, por encima de la comunidad, son otros ejemplos de la crisis política.

Esto es así para desgracia de todos, también para los nacionalistas catalanes porque se han convertido en pertinaces albaceas de una historia que creímos que no volvería a repetirse y creen, sin embargo, representar la modernidad más avanzada; pero también para el resto de los españoles, porque unos están dispuestos a refugiarse en la arbitrariedad, en la búsqueda de soluciones de 'apaciguamiento temporal' que les proporcione una tranquilidad de conciencia que no heredarán sus hijos, y otros porque vemos peligrar una excepcional aventura de concordia social y divergencia política inteligente, que comenzó con la ilusión y la esperanza de la mayoría de nuestra sociedad.

No prescribo que las cosas queden como están. La que ha sido nuestra historia común, que siempre defenderé, no tiene por qué ser cadena para el futuro. Pero lo que tenga que ser, que sea desde el respeto a la ley, sin dar la espalda a las normas aprobadas democráticamente, sin refugiarnos en una arbitrariedad, que, se justifique como se justifique, no deja de ser una vuelta a lo peor de nuestro pasado.

La última garantía de que sigamos el camino iniciado con la Constitución de 1978, que ha sido quien nos ha acercado a los países de nuestro entorno, es que el debate sea público y tolerante en el resto de España, que lo es, pero también en Cataluña; y que los dirigentes respeten la ley sin miedo a aplicarla o a cambiarla y sin buscar ejemplaridad. Pero sobre todas las garantías necesarias para solucionar los problemas que plantea una sociedad en el siglo XXI se erige el derecho de una sociedad a decidir su futuro y hasta ahora no conocemos una sociedad distinta a la española, avalada su existencia por la historia y por la aprobación en el año 1978 de una Constitución que define muy precisamente el sujeto de la soberanía y, por tanto, de la decisión".

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