"La condena al ostracismo social parece ser el modus operandi habitual en el caso de aquellos que optan por intentar ejercer lo que en cualquier país democrático es un derecho reconocido: la educación en lengua materna. Pero, por mucho que insulten y acosen, va a seguir la lucha para que los niños catalanes puedan disfrutar del mismo derecho que los de cualquier otro país democrático"

Sonia Sierra, doctora en Filología española, profesora de Lengua y Literatura españolas en Barcelona y miembro del colectivo Puerta de Brandemburgo, en un artículo publicado este miércoles en Economía Digital:

"[...] Aunque sin duda es legítimo que alguien defienda la inmersión, lo que no parece de recibo es el acoso al que se somete a los padres que deciden optar por otro modelo. Una de las cinco familias de las recientes sentencias decidió comunicar a otros padres su decisión antes de que estallara mediáticamente el caso. Hablaron con doce de las veinticinco familias de la clase de su hijo y en todos casos, la respuesta fue unánime: su total apoyo y felicitaciones por haber dado el paso porque, según decían, no puede ser que toda la educación sea en catalán y algo hay que hacer.

Cuando el caso salió a la luz y de manera mezquina fueron vapuleados en la prensa catalana subvencionada, en la que se llegó a dar los nombres de los menores y datos de los padres, vieron como la gente cambiaba de acera para no saludarlos. El AMPA del colegio se personó como causa contra ellos y recogieron firmas de adhesión al actual sistema. De las 12 familias que les habían mostrado su conformidad, diez firmaron. ¿Qué pasó por el camino para que se produjera esta transformación?

Otro padre me contaba que, de repente, empezó a notar que a sus dos hijas les hacían el vacío. Preocupado fue a hablar con la directora del centro. Al día siguiente, uno de los padres del AMPA se dirigió a él y le pidió disculpas por lo que le habían hecho a las niñas y lo justificó con un “es que pensábamos que erais una de las familias de la sentencia”. Como si fuera lo más normal del mundo. Los dos ejemplos corresponden a dos localidades alejadas así que la condena al ostracismo social parece ser el modus operandi habitual en el caso de aquellos que optan por intentar ejercer lo que en cualquier país democrático es un derecho reconocido: la educación en lengua materna.

Basta echar un vistazo a los medios públicos y subvencionados catalanes para comprobar que se trata a estas familias de manera absolutamente poco respetuosa. De hecho, Muriel Casals, presidenta de Òmnium Cultural ha llegado a acusar a estos padres de maltratar a sus hijos y de usarlos y abusar de ellos.

Sin embargo, pese a la terrible ofensiva pagada con dinero público contra todo aquel que defienda una educación plurilingüe, cada vez son más las personas que se atreven a alzar la voz. Día a día crece la Asamblea por una Escuela Bilingüe y Convivencia Cívica Catalana sigue ganando todos los juicios. Y es que, por mucho que insulten y acosen, va a seguir la lucha para que los niños catalanes puedan disfrutar del mismo derecho que los de cualquier otro país democrático: el de la educación en su lengua materna".

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