Ruiz dice haber convencido a la ministra Ana Mato

Con nuevos consorcios territoriales, el ICS sería engullido rápidamente

La operación de aniquilación sanitaria se acelera. El orden será Tarragona, Lérida, Gerona y Barcelona. La duración, pocos meses. Ruiz dice contar con la colaboración de la ministra Ana Mato, que permitiría consorcios sanitarios territoriales, eliminados por un proyecto de ley estatal. Sería una auténtica barbaridad.

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La ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, y el consejero de Salud, Boi Ruiz
Alfons Quintà
Martes, 15.07.2014 04:03

El consejero Boi Ruiz se complace en afirmar en privado que ha convencido a Ana Mato, ministra de Sanidad, de que admita una excepción legal en la Ley 27/2013 de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local (LRSAL). Ruiz quiere excluir de la ley el hecho, contemplado y clave en el proyecto original, según el cual los entes locales no podrían participar en consorcios con entidades privadas o, como mínimo, quede excluido del ámbito sanitario. Me informan de ello colaboradores cercanos a Ruiz, especie en vías de extinción, víctimas de la vergüenza ajena.

Ruiz está vacunado. ¿Podría ocurrir que la ministra Mato haga caso a Ruiz en un tema tan grave y tan representativo de las peores maldades de la Cataluña, oficial y real, la de hoy y ahora, tan cínica y cruel? Creo que a estas alturas nadie puede alegar ignorancia respecto a Ruiz ni a sus objetivos. Quizás Mato debería hablar con Guindos. Le puede pedir si cree que hay que ahorrar en gomas de borrar o bien "ahorrarnos" consorcios.

¿Perpetuar una de las bases de la corrupción?

Todo esto me cuesta creérmelo. Creía que precisamente el Estado impediría que se perpetuara y reforzara una de las bases de la corrupción existente en la sanidad pública catalana, entrelazada con la corrupción general también muy catalana, tanto en la administración local o donde sea.

La palabra consorcio es una vieja pesadilla para la transparencia, y cosas peores, en la sanidad catalana. Han sido usados para crear confusiones y opacidades monumentales. Han servido para colocar a amigos y llevar a cabo un clientelismo que ha acabado con muchos temas bajo consideración judicial. Han sido la esencia, sobre todo en sanidad, del adagio irónico "liando el lío". También pueden servir para enriquecerse, empeorando todos los servicios.

La privada concertada se quiere comer al ICS

Hasta ahora la sanidad catalana de pago público tenía dos patas. Una era la pública pura, tanto hospitalaria como ambulatoria, centrada en el Instituto Catalán de la Salud (ICS) y la privada o institucional, llamada también concertada. En los consorcios que, sin usar este nombre, está poniendo en marcha la tríada siniestra y aniquiladora (Mas, Mas-Colell y Ruiz) resultaría que la pata concertada, defensora descarada de su parte privada, se zamparía al ICS, que se haría más pequeño y sometido a un poder público político enloquecidamente privatizador. Gracias un juego de manos a cámara lenta, el ICS pasaría a ser accesorio.

No sólo moriría la esencia misma del Estado del bienestar, sino también el Parlamento autonómico, ya que todo se habría efectuado sin que este ni se enterase. Como preludio de lo que sería una Cataluña independiente en manos de Mas, todo ello resulta francamente clarificador.

El olor de corrupción

Como componente opaco, por no hablar del olor de corrupción, recordemos sólo que el caso Innova, que descubrí y revelé al cien por cien en solitario, en 2011, cuando tenía que haber sido muchos años antes, cuenta con 48 imputados y ha generado ocho piezas procesales separadas. Hace menos de una semana, el Tribunal de Cuentas requirió un aval de tres millones de euros a siete ex concejales de Reus.

No se puede escribir honestamente una historia de Cataluña sin mencionar la "CDC de los negocios sanitarios" (Carles Sumarroca, Ramon Bagó, Feliu Sucarrats, Jaume Aubia y muchos otros) Tampoco se puede escribir la historia de Cataluña sin dedicar páginas y páginas a Josep Prat Domingo y a los ex alcaldes socialistas de Reus Josep Abelló y Miquel Pérez. Todo esto es así, ya llueva, nieve o trone.

Las peores cosas comienzan con la creación del entonces llamado "Consorcio Hospitalario de Cataluña", que fue un instrumento inenarrable en manos sobre todo de Josep Abelló. Militantes socialistas que no fueron capaces de reaccionar contra barbaridades que podían pasar a un palmo de su nariz tuvieron la buena pero muy modesta ocurrencia de bautizar ese consorcio de "conxorxi" ("confabulación"). Así estamos, en un infierno sanitario sobrado de "conxorcis" o "conxorxes" ("componendas") y, en consecuencia, de listas de espera, así como con un indecente incremento de la mortalidad del 5,3 en el año 2012.

Documento aclaratorio de la destrucción

La actualidad sanitaria está repleta de dramas irreversibles. Es debido a que, de manera insolente y despiadada, Mas, Mas-Colell y Ruiz, ahora con la finalmente visible colaboración del cínico Oriol Junqueras, están saliéndose con su política de aniquilación final de la sanidad catalana.

Respecto a lo que Ruiz dice haber conseguido de Ana Mato, cabe recordar la creación de lo que ellos púdicamente llaman "alianzas estratégicas" como la ya establecida en Tarragona. Es un eufemismo para azucarar un insólito tipo de consorcios que revelé el pasado día 5 . Encarnan la muerte definitiva del Instituto Catalán de la Salud (ICS). Lo publiqué acompañado de una esclarecedor documento, bien firmado, de nombre "Convenio de Colaboración, Coordinación y Colaboración en Materia de Salud del Sector Sanitario Tarragonès-Baix Penedès".

Fuerzas Políticas calladas

Lo que expuse respecto a las comarcas de Tarragona es el primer acto de una tragedia que tiene cinco actos territoriales. El segundo estará centrado en Lérida. A continuación vendrá el de Girona. La traca final será en Barcelona. Lo están haciendo deprisa, a escondidas y cubriéndolo todo de mentiras, sin ninguna vergüenza, como siempre.

En decenios trabajando de periodista, entre otros lugares, en Afganistán en manos de los talibanes, donde asistí y describí una amputación, efectuada sin anestesia a pocos metros de mí, no había contemplado una operación tan deliberadamente maligna, efectuada en base a toneladas de mentiras satisfechas y, ay, en un marco donde predomina el silencio de las fuerzas políticas y sociales, con las excepciones minoritarias que se quiera.

Para hacer estallar, finalmente, un sistema que puede llevar a recordar la figura del Derecho positivo español de "consorcio criminal", no hay más camino imaginable, a día de hoy, que cambios legislativos a nivel de Estado -los catalanes todos son siempre a peor- y sobre todo acciones del poder judicial. Mi cabeza y mi corazón están convencidos. Ciertamente, la acción ciudadana puede contribuir.

Más manifestaciones pero insuficientes

Últimamente, ha habido un cierto incremento de manifestaciones de personal sanitario. Deben ser bienvenidas, solidariamente, pero no tienen proporción con la extrema gravedad del momento. Un momento que es de inicio de muchas vacaciones. Lo sabe muy bien la tríada responsable de todos los males sanitarios (Mas, Mas-Colell y Ruiz) convertida en un cuarteto, como los Tres Mosqueteros, con el añadido de Junqueras. Este ha admitido recortes sanitarios adicionales después de haber afirmado que los contenidos en el presupuesto de sanidad eran las últimas. Mentira pura.

Ingenuamente, se podía creer que el Gobierno se mantendría firme en su voluntad de suprimir los consorcios entre entes locales y entidades privadas. Todavía querría confiar en que lo hará. En este caso, sólo estaríamos ante una operación de guerra psicológica de Ruiz.

Es una cuestión clave que debe ser aclarada del todo. En cualquier país más democrático todo debería haber sido expuesto en el Parlamento, desde el momento inicial. Recordarlo no parece que, incomprensiblemente, todavíe excite a los partidos políticos a empezar a hacer algo. Parecen estar encantados de estar en la inopia, mirando a la luna de Valencia.

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