Todo para los alumnos pero sin los alumnos

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Martes, 15.07.2014 10:22

Hace un par de semanas estaba en una comida con unos quince familiares. En mi parte de la mesa se encontraban dos chicos. A raíz de la conversación que tenían sobre una palabra en español, uno de ellos, de quince años (Alex) le preguntó a su primo de catorce (Arnau), si sabía hablar castellano. Este chico, Arnau, vive en el centro de Sabadell en un ambiente prácticamente todo catalanoparlante: la familia, la escuela, los vecinos, los amigos y una gran parte de los medios de comunicación. Prácticamente nunca habla castellano y su única interacción con la lengua es de tipo receptivo: ver páginas web, la televisión o jugar a videojuegos.

Arnau le contestó a Alex diciendo que "no, bien, no, no mucho. Ahora algo más al instituto porque hay unos chicos de Torre Romeu (barrio periférico de Sabadell, mayoritariamente castellanoparlante) y nos hemos hecho amigos y hablo con ellos a veces, en castellano". Quise participar en la conversación de los dos chicos, diciéndole a Arnau que estaba muy bien que tuviera la oportunidad de hablar español con amigos, en el patio de la escuela y en la calle. Estuvo de acuerdo; no parecía muy orgulloso de su dificultad al hablar español.

Pocas veces se habla de la privación que supone el no-aprendizaje del español a la escuela para el grupo específico de los alumnos catalanohablantes nativos que viven en entornos donde sólo se habla esta lengua

Yo pensaba que este era el final de la conversación porque no había visto que dos familiares adultos, con simpatías nacionalistas/independentistas, habían seguido la conversación. Y lo que habían oido había sido una sorpresa desagradable: allá estaba un alumno diciendo que no se sentía seguro hablando en castellano.

Inmediatamente, uno de los dos familiares se dirigió a los chicos y a mí y exclamó: "Los alumnos sacan mejores notas en los exámenes de castellano de la Selectividad que en los de catalán". Cuál es la intención de esta frase? La intención es ahogar las inesperadas e indeseadas palabras del alumno y restablecer el dogma: todos los alumnos de Cataluña conocen el catalán y el castellano perfectamente gracias a la inmersión. Y el castellano, incluso mejor que el catalán.

En mi opinión, este es uno de los muchos casos que muestran perfectamente el funcionamiento del orden dogmático que opera respecto a la inmersión. Hay una verdad única. Cuando la realidad desmiente parte de esta supuesta verdad, aunque sea momentáneamente, se recurre al dogma para borrar la realidad. No importa que un alumno haya dicho que se siente inseguro comunicándose en español. No importa lo que digan los alumnos. El dogma dice que el método no falla y si un alumno dice que sí, que falla, el que se equivoca es él.

Esta estrategia contrasta marcadamente con el discurso que sentimos constantemente sobre la inmersión: es un sistema que busca el bien de los alumnos. Pero los mismos que dicen esto son los que nunca han preguntado a los alumnos si efectivamente ellos piensan que dominan el español. Son los mismos que, cuando algún alumno expresa una idea no grata, lo acallan. Podemos observar que el mecanismo empleado es una variante del "Todo para el pueblo pero sin el pueblo".

Ante este intento de silenciamiento, tenemos que decir que escuchar lo qué dicen los alumnos sobre su dominio del español es esencial para entender los efectos de la inmersión tal y como ellos lo experimentan. El caso de Arnau es probablemente extensible a muchos chicos y chicas de las zonas catalanohablantes de la comunidad. El contexto lingüístico en el que nos encontramos es aquel donde el español se ha convertido en una lengua ajena para ellos. Cuando lo tienen que hablar, coloquialmente, con otros de su edad o con adultos, se sienten inseguros porque no lo han hecho prácticamente nunca y sienten que no tienen ni la facilidad ni la fluidez. Tenemos que tener en cuenta que nos estamos refiriendo a hablar una lengua, por lo tanto de su registro coloquial, la habilidad lingüística más básica. No nos estamos refiriendo a un conocimiento del español culto sino sencillamente a saber interaccionar en castellano con otros. Es decir, comunicarse con naturalidad y comodidad en el registro oral coloquial durante un largo rato con otros.

Para llegar a hacer esto, ni siquiera hay que ir a la escuela puesto que el lenguaje coloquial se aprende en la familia y en la calle sin problemas. Pero que pasa cuando ni en la familia ni en la calle está el español? Qué pasa cuando uno no habla nunca en esta lengua y la única interacción con ella es receptiva (Internet, televisión y videojuegos). Lo que pasa es lo que le pasa a Arnau: que lo entiende pero se siente inseguro respecto a su conocimiento del español y su facilidad para expresarse. Esto es totalmente lógico; lo que sería extraño sería que hablara la lengua fluidamente.

Respecto al español oral pero de registro culto, el problema es que este sí que se tendría que aprender en la escuela, y no se aprende. Si estos mismos chicos dentro de unos años tienen que hacer una exposición oral en español probablemente tampoco la sabrán hacer porque también desconocen la vertiente oral formal y culta del español. Harán muy probablemente lo que hizo Marta Rovira en el Congreso de los diputados este año en su discurso en español o el actor Francesc Colomer (13 años) protagonista de Pan Negro en su discurso de aceptación del Premio Goya: tropezarse, vacilar y transmitir inseguridad. Es decir, todo lo que es opuesto a comunicarse con naturalidad y comodidad en la vertiente oral formal.

Pocas veces se habla de la privación que supone el no-aprendizaje del español en la escuela para el grupo específico de los alumnos catalanohablantes nativos que viven en entornos donde sólo se habla esta lengua. Desde los conocimientos académicos que tenemos sobre este contexto lingüístico podemos hacer algunas aportaciones para intentar describir y analizar esta privación. Pero el más importante sería contar con las percepciones de los propios alumnos que viven en estas zonas. ¿Qué piensan ellos? ¿Piensan que dominan el castellano? ¿Cómo se sienten cuando tienen que hablar en castellano -si es que lo tienen que hacer alguna vez- ante un grupo? ¿Piensan que pueden hacer más cosas en catalán que en castellano?

A muchos nos gustaría poder disponer de estudios de las percepciones de los alumnos respecto a su dominio del español y quizás algún día estaremos en posición de llevar a cabo algunos de estos estudios en Cataluña. Hoy por hoy, sin embargo, lo que observamos por parte de los independentistas es sólo su absoluta reticencia a invitar los alumnos a hablar. No quieren saber qué piensan los alumnos de la inmersión. Y si algún alumno, por casualidad, un día dice algo no grata , allá estará siempre uno de ellos para acallar al alumno y restituir el orden dogmático.

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¿Quién es... Mercè Vilarrubias?
Mercè Vilarrubias

Catedrática de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas Barcelona-Drassanes y autora del libro 'Sumar y no Restar. Razones para introducir una educación bilingüe en Cataluña' (Editorial Montesinos). Es miembro del colectivo Puerta de Brandemburgo.

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