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A Jaime Gelada: "Si no sabes aguantar una broma..."

Nadie de la Generalidad o de partido alguno condena la intimidación al concejal del PP en Cardedeu. Silencio absoluto hasta en su propio partido. Trias y León de la Riva, munícipes por antonomasia

4 min
Pablo Planas
Domingo, 24.08.2014 12:58

Es un chiste. Los lugareños prenden al forastero y lo tiran al pilón. El hombre, molesto, se marcha del pueblo jurando no volver jamás. Y el alcalde dice: "Pues si no saben aguantar una broma, que no vengan". La gracia de las bromas está en que se rían las dos partes, el que la hace y el que la encaja, pero España no es un país especialmente dotado para dejarlo estar en el momento justo. Aquí las bromas se estiran como la goma hasta que acaban a navajazos o, a falta de chivo expiatorio, con un veraneante precipitado desde el campanario.

En Cardedeu son de la broma, pero de la broma en plan "Perros de paja" (Sam Peckinpah). Cardedeu, según el censo de 2012, tiene unos 18.000 habitantes, por lo que no es exactamente un pueblo. Tiene de pueblo que todo el mundo se saluda y de ciudad, que nadie conoce a nadie. A Jaime Gelada, concejal del PP en Cardedeu, casi nadie le saluda pero le conoce todo el mundo. Este hombre ha sido la última víctima de la Colla de Trabucaires local, una simpática hermandad reminiscencia de los coros y danzas, pero en versión moderna, a lo "borroka".

La Colla de Trabucaires es lo más chulo de Cardedeu con camisa azul mahón y boina roja. Pero ojo, no confundirse. Son los del "derecho a decidir", lo más granado de ERC, las CUP y Òmnium Cultural. La historia es conocida, se puede leer aquí, en este diario digital. Hace años que ocurría, y aún ocurre, en el País Vasco. A veces, las víctimas eran avisadas. Pintadas en la fachada, anónimos en el buzón, llamadas intempestivas, paquetes sospechosos, malas miradas por la calle...

Aquí, en lo que fue un oasis, plantarse delante de la casa de un edil del PP y liarse a salvas de fogueo es una broma, una gracieta, una cosa que no merece la más leve condena por parte de nadie, ni siquiera del propio partido, que aguanta estoicamente las agresiones y burlas constantes por una mezcla de complejos y miedos, porque muchos de sus dirigentes creen que es mejor no molestar, no hacer ruido, pasar desapercibidos, no provocar.

La historia de Gelada es un "daño colateral" de casi cuatro décadas de nacionalismo, de construcción de una gigantesca pirámide en la que no caben disidencias ni heterodoxias. Y al que se sale del carril, palo y tentetieso. El dedo acusador, ese inquietante "sabemos dónde vives", debería propiciar una reflexión sobre las condiciones ambientales de la democracia en Cataluña, pero no es previsible. Tal vez dentro de unos años se admita la existencia de un contexto de violencia simbólica. Nunca se sabe. Que se hable en voz alta del origen de la fortuna de los Pujol-Ferrusola abre la puerta a que en un futuro se acepte lo que ahora se niega.

Se niega que lo de los trabucaires haya sido una intimidación, un simulacro de fusilamiento, un remake de las noches de cristales rotos y fusilamientos al amanecer. Sí, "Les despertades", una tradición consistente en llegar a las siete de la mañana a casa de un particular, connotado "españolista", y ponerse a pegar tiros de trabuco durante quince minutos. Lo que es una broma. Y eso, que si no sabe aguantar una broma, se vaya del pueblo.

Más actualidad pueblerina. El no alcalde Trias, según la feliz expresión de Arturo San Agustín, continúa en paradero desconocido. La imagen de la ciudad de Barcelona es esta, según The Guardian.

Marca Trias. ¿Puede una fotografía de dos tipos desnudos acabar con un alcalde? Lo mejor que se puede decir de las imágenes de la Barceloneta es que entre los turistas naturistas no consta la presencia del primer edil. Al margen de lo que ocurra en la política catalana, queda menos de un año para las próximas municipales y a lo máximo que puede aspirar Xavier Trias es a facilitar el triunfo de ERC. En el caso de Alberto Fernández, el interlocutor preferente debiera ser el socialista Collboni, con quien seguramente se tenga que entender, en bien de la ciudad, la próxima "legislatura" local.

Los ciudadanos de orden depositan sus esperanzas en un triunfo de Ada Colau que ponga un poco de decoro femenino y urbanidad burgalesa en la ciudad. A eso hemos llegado. Trias, con el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, formarían una pareja excepcional. Ambos son médicos y ambos conservadores. Sólo se diferencian en que Trias se ha hecho independentista y León de la Riva es del PP de toda la vida. ¿Se imagen entrar en un ascensor y encontrarse con ellos?

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