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Elogio de Ada Colau y el "santuario" de la Diputación

El colapso de los partidos tradicionales convierte a la activista antidesahucios en una líder que optará a la alcaldía de Barcelona; Trias y Alfred Bosch (ERC) la temen, mientras la izquierda la corteja sin éxito.

7 min
Pablo Planas
Domingo, 31.08.2014 12:01

El electorado desconfía de los partidos tradicionales. El PSOE no supo ver la crisis a tiempo y el PP afirma que hemos salido de la crisis antes de tiempo. En ambos casos, el cálculo partidista suple al político, de modo que los primeros rindieron homenaje a aquel sistema financiero de "champions league" y los segundos tuvieron que salvar a los de la "champions" con ingentes cantidades de dinero ciudadano. Ha sido tan obsceno el curso de los acontecimientos que ni un sistema mediático como el catalán hubiera conseguido que ambos fenómenos, la ceguera y el agujero en la mano del pueblo, pasaran desapercibidos.

Negar la evidencia de la crisis podría considerarse complicidad con el paro, los desahucios y la desesperanza instalada en amplísimas capas de la sociedad española, abocadas a la economía sumergida en el mejor de los casos. Afirmar que ya estamos saliendo de la crisis es una afrenta para los desempleados de larga duración, para quienes perdieron sus hogares y para quienes han vivido o viven experiencias como la de tener que pedir dinero a la familia, trampear la vida y comer arroz a la cubana, pero sin huevo y sin tomate. Por no hablar de las colas en los comedores sociales, los críos mal alimentados y las casas sin gas.

En el mientras tanto, desde 2007 hasta hoy, la corrupción ha ido pareja a la austeridad, como dos vasos comunicantes, de modo que los recursos que se detraían de los servicios emergían en las cuentas corrientes de los tesoreros y de los testaferros de los partidos. Ninguno ha sucumbido a la tentación de la honradez y todos se han revolcado en sus propios excrementos.

Agitado, no revuelto, el cóctel de crisis y corrupción ha propiciado la floración de "alternativas" a la "vieja" política. El caos semántico es monumental, lo que se refleja en el caso de "Podemos", tal vez el primer partido mediático de España. Pese a sus buenos resultados en las elecciones europeas, esa formación no deja de ser una gran incógnita en la que las luces amplifican las sombras. El discurso de Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero es de una insuficiencia y una puerilidad escalofriantes. Ambos "dan" clases de Ciencias Políticas en la Complutense, en la que los recortes han consistido en sustituir cultura y formación por cultura de masas y televisión. Es aterrador, pero es.

La historia es una hija de puta sin miramientos. El día menos pensado se gira y reinicia la Guerra Fría, pero con una pista americana en las calles de Donetsk y fuego real. En Ucrania, el granero de Rusia, el país de la revolución naranja. Hace una década nadie hubiera dicho que Grecia pudiera estar en el trance de desaparecer o convertirse en una colonia alemana. Puede que dentro de diez años, España sea un país imprevisto en el que se añoren los buenos viejos tiempos, estos mismos de incertidumbres y de vivir al día y con lo puesto. Los felices años diez...

Las guerras van y vienen y se dejan caer donde menos se las espera, cosa que está entre la matemática y el azar, la estadística. Por cierto, la estadística: Carod-Rovira dice que en CiU le reconocieron que las comisiones sistematizadas eran del 5% y no del 3%, como denunciara (en público, está grabado) Pasqual Maragall probablemente en uno de sus últimos momentos de plena lucidez. Lo de Carod-Rovira es de nota, de vuelta al ruedo y de quitarse el sombrero. Demuestra que en esta Cataluña (que en esto y en todo es España) también rebañaba y mojaba pan la oposición. ¿Qué era Carod? ¿Un 2%? ¿Las subvenciones que os daban? ¿Las fundaciones 'catalanistas'? ¿Los puestazos en consejos de administración de cajas, hospitales o las regalías universitarias? Si te acuerdas ya lo contarás en Radio Euskadi.

Por definición, quien dice ERC dice PP y quien dice CiU habla del PSC. Esta semana declaran ante el juez los alcaldes de los sobresueldos, a los que Manel Bustos regaba con dietas que esos munícipes por antonomasia, de la escuela farisaica de Pujol, se creían que era el sobresueldo por sus desvelos. En esto de Sicilia, distrito federal de Barcelona, la Diputación de Barcelona es el gran secreto a voces, el próximo "caso Pujol". Y, como ahora, todo el mundo dirá que ya lo sabía y algún trastornado de CiU, el PP o ICV-Els Verds se asombrará en público de los suculentos sueldos de los múltiples consejos y consejillos de la Dipu, donde reina la armonía y el consenso y políticos de todos los colores bailan la sardana y se lo llevan crudo, a pachas.

La Diputación de Barcelona es la Suiza de la política catalana, un sitio donde la neutralidad es exquisita, se nada en la abundancia y los del PP se llevan de coña con los de CiU. Se hacen curiosas amistades y se palpa la política real, la del acuerdo bajo mano, la de los intereses confluyentes y los favores mutuos. Un santuario.

El Ayuntamiento de Barcelona se conduce por los mismos derroteros. Después de lo de Can Vies, la Barceloneta y el dinero prestado a la Generalidad para montar las mentiras del 1714, Xavier Trias debería parecer el general Custer rodeado por la oposición con el apache Fernández en primera fila del asedio. Y lo está, es la cabeza visible de la oposición municipal, pero Trias no parece precisamente inquieto. Le pone más nervioso Ada Colau, como al candidato de ERC, Alfred Bosch. En realidad, Ada Colau pone nervioso a casi todo el mundo. Será porque se manifestó delante de los bancos o porque se plantó ante la policía para evitar desahucios. Será porque le parece más importante el acento social que el "nacional". Será porque no respeta la ley y va de negro pirata.

Eso de no respetar la ley es lo que más escandaliza de esa mujer a los partidos de orden, con sus comités y sus cómitres, sus primarias y su transparente hipocresía. Tiene bemoles porque si de algo se han jactado formaciones como CiU e instituciones como la Generalidad es de pasarse las sentencias, los fallos y las leyes por debajo del arco del triunfo. Por no hablar de la morosidad administrativa, el no pago y échale guindas al pavo. Y en esta situación, que Colau diga "todos tirios o todos troyanos" y abogue por no pagar las deudas y tabla rasa no es revolucionario, sino sensato, muy sensato, probablemente lo más sensato que se ha oído en la política catalana en los últimos años.

Colau se presentará a las elecciones locales en Barcelona, que serán después del no-referéndum (que puede ser cualquier cosa: una noche de antorchas, una pamema o un espectáculo de la Fura dels Baus en Montjuïc) y tal vez después de las "plebiscitarias". A lo mejor ni sale, pero ya ha ganado: como la mayoría de los políticos no saben respetar a la gente, la temen.

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