Freedom For Frikilonia

Mas teme las salpicaduras del caso Pujol y prepara calendario B

Biafra abre 'embajada' en Barcelona y reconoce a Cataluña como Estado. Es el primer tanto internacional que se apunta el proceso. El 'president' desoye las ofertas de Rajoy e Iceta para salir del atolladero.

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Pablo Planas
Domingo, 17.08.2014 11:37

La estupidez es como la energía, que no se crea ni se destruye, solo se transforma. De tal manera que la estupidez es infinita e inagotable, lo que nos lleva de la primera ley de la termodinámica al segundo principio de la cosa, el crecimiento exponencial del caos. El desorden es de tal envergadura que Jordi Pujol repasa sus memorias y pasea por Queralbs; Mas se exhibe con una banda de soldaditos de plomo (alguno de ellos, por cierto, con antecedentes); los altos cargos de la Generalidad mienten con descaro (en la Cataluña independiente dice Joan Aregio que habría un 10% menos de paro); la ANC infla sus datos mientras se prepara la contratación de figurantes para la V, y Biafra abre su primera embajada en Frikilonia, capital Frikilunya.

¿Biafra? Lo de Biafra es una región del sureste de Nigeria que se independizó en 1967 y fue recuperada por Nigeria tres años después, tras una de esas guerras africanas que constituyeron el paradigma del terror hasta la matanza general de los Balcanes. Se le calcula una población de catorce millones de habitantes y, al parecer, ha resurgido el independentismo. En esas que Cataluña se ha convertido en una referencia global para los separatistas biafreños (o al revés, y Biafra es el nuevo paradigma escocés) y Àngel Colom, a la sazón plenipotenciario de la fundación Nous Catalans, dependiente de CiU y mantenida por la Generalidad, ha acogido con alborozo la apertura de la embajada del primer país que reconoce Cataluña como Estado. Biafra, ahí es nada.

Artur Mas ya no sabe si ponerse extensiones, dimitir o disfrutar del momento y dejarse llevar, que es la línea estratégica con la que afronta la previsión de mar gruesa y fuertes tormentas al regreso de sus vacaciones en Menorca. No consta que el presidente de la Generalidad se haya dado por enterado de dos movimientos tácticos que se han producido a su alrededor: la reorientación de antenas en el PSC de Miquel Iceta y la exquisita sensibilidad con la que Rajoy ha dado curso al papel con 23 peticiones de Mas.

Le han dicho que son cantos de sirena, pero se trata de dos rutas que confluyen en el punto de un cambio de marco: de una consulta cuanto menos difícil a un escenario de negociación, expectativas reales de beneficios y estabilidad institucional y económica. Todo serían ventajas, pero al president le va la épica y es esclavo de sus ardorosos discursos y promesas. Uno de los grandes problemas de Mas es que está rodeado de gente que no le lleva la contraria pero tampoco le hace ni caso, de gorrones cuya austeridad consiste en no dejar propina cuando comen a cuenta de los impuestos del contribuyente y que se van al fútbol o a Roma a ver al Papa (de lejos) con esposas, maridos, "periodistas" amigos y ayudas de cámara.

En el entorno de Mas se actúa como en las últimas horas de Berlín 1945, bajo la impresión de que el desastre es inminente, que cualquier día puede ser el último día y que lo que se haga ahora deberá esperar el paso del tiempo de una generación. El delirio llega al extremo de reforzar la seguridad de Mas porque se le supone objeto de espionaje, una obsesión recurrente del pujolismo con la que se explican todos los males desde 1984, año del caso Banca Catalana. En el contexto de Pujol contra las cuerdas y Mas en el callejón, ambos en manos de ERC, Rajoy ha ordenado a los ministros que repasen la lista de Mas por si se pudiera hacer algún gran gesto, según informaba La Vanguardia esta semana, e Iceta aceptaba el ofrecimiento para asistir a la reunión preparatoria del 9N, en lo que se ha interpretado como una mano tendida a CiU para que deje de depender del respaldo republicano.

El plan de Mas, que dice que es el único, es convocar el referéndum el 24 de septiembre al amparo de una ley de consultas autonómica que se debería aprobar en el Parlamento catalán días antes. Nadie duda de que habrá ley y menos aún de que Mas firmará la convocatoria del 9N. Tal cosa no le compromete en nada porque cuenta con la prohibición cautelar del Tribunal Constitucional. A partir de ahí, la teórica general es que el calendario electoral pasa por unas autonómicas "plebiscitarias", que serían antes de las municipales o ya en 2016, agotando la legislatura. No está claro tampoco si Mas sería el candidato o las salpicaduras del caso Pujol y su propio desgaste político se lo pueden llevar por delante. No sería precisamente difícil de vender un relevo. Pasó con Ibarretxe, que ahora luce una testa a lo Duran Lleida y da charlas y clases muy bien pagadas.

En cuanto a Pujol, la tendencia es a incluir su caso de confesado fraude fiscal continuado a la corrupción generalizada. En ERC dicen que al culpa es del Estado, que se lo permitió para poder hacerle chantaje en caso necesario. Es eso que no se crea ni se destruye. Análisis más serios atribuyen la pasividad del PP y del PSOE ante el escándalo a que sus propias estructuras están tan agujereadas por la corrupción como las de Convergència. Es evidente, pero, de momento, los líderes pasados y presentes de esos partidos no tienen un horizonte judicial tan obvio como el de Pujol. Que se sepa, ni Aznar, ni Zapatero, ni Felipe, ni Rajoy están afectados directamente por acusaciones de corrupción con una sólida base documental.

Tampoco tiene nada que ver lo de Pujol con los EREs de Andalucía que afectan a Chaves y Griñán, dos colegas en apuros. La corrupción en Andalucía registra casos notorios de enriquecimientos sorprendentes, pero estaba mucho más repartida. En Cataluña son los Pujol y unas pocas familias más las beneficiarias del sistema, mientras que una parte residual en porcentaje pero apabullane en números árabes se habría destinado a engrasar el sistema mediático y tejer una red clientelar de agrupaciones folklóricas que ha confluido en la Assemblea Nacional Catalana (ANC).

Duran pasa las vacaciones a bordo de su Ítaca y aparece encantado en la foto de La Vanguardia. El sábado era el turno de Oriol Junqueras, que pasa el verano en su casa de la parte alta de Sant Vicenç dels Horts. Se deja retratar con su hijo de espaldas. Están recogiendo racimos de uva. "Aún están ácidas", sentencia Junqueras con aires de entendido. Es como Pujol en 1980.