Pujol, el hombre enmascarado, desenmascarado (I)

Una vocación precoz de control social total

Jordi Pujol lo fue todo. No solamente durante los 23 años de presidente de la Generalidad. Siempre tuvo una inmensa vocación de dominio y control social. Liquidó fácilmente a quien le podía molestar o llegar a hacerlo. Ha sido un caso extraordinario de capacidad para engañar y destruir. En una serie de artículos, se intentará desmontar una parte de un inmenso engaño. Insólitamente, todavía hay catalanes que no lo tienen claro. Ya sería hora de que despertaran.

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Jordi Pujol Soley, en 1979
Alfons Quintà
Miércoles, 20.08.2014 04:16

Caramba, parecería que no ha pasado nada. "Sólo" ha aflorado un sistema del que todo el mundo podía intuir su existencia. Fue creado deliberadamente con la finalidad de dominio omnímodo del poder y de todo aquello que permite lograrlo o mantenerlo, como es el dinero. Ha sido obra de un Jordi Pujol que es un mediocre -como lo fue Perón y otros como él- pero con voluntad de marcar la historia, con finalidad de vanidad personal.

Jordi Pujol siempre ha creído que era un pensador. Creía ser un personaje que trascendía a la política y a Cataluña. Este país tenía que pasar a ser lo que él determinara y, sobre todo, lo que él decía que tenía que ser, a pesar de que, con sus actos, lo convirtiera en una vergüenza.

Sin embargo, no está mal hasta qué punto lo logró, no por méritos propios, sino por la negligencia de muchas fuerzas políticas y sociales catalanas. Tuvo la capacidad de manipular y controlar -pese a perder mucho dinero durante años- la comunicación social y la producción cultural.

Ocultando los aspectos personales

Pujol ha sido muy hábil en ocultar sus aspectos más personales. Ha expresado muchas ideas vagas, o más bien preocupaciones, en las que sus sentimientos quedaban disimulados. Ciertamente, es un antiliberal. Su preocupación no son los seres individuales, sino su agrupamiento. Para decirlo más cuidadosamente, es un organicista, como todos los tiranos y todos los populistas.

Rascas y rascas sin encontrar nunca lo que algunos entendemos que es el problema básico: el derecho a la libertad individual, en un sentido amplio, es decir que todo lo que haya por encima de esta premisa sea debido únicamente a la necesidad de amparar esa libertad, ciertamente difícil de ejercer cuando las necesidades básicas no están garantizadas.

Destrucción de la libertad de expresión

Vista la cosa pública desde este prisma, resulta reveladora la destrucción feroz de la sanidad pública por parte de la Generalidad pujolista, la también destrucción de la libertad de expresión y la de expresión cultural, y el desprecio respecto a todo este capítulo básico que hay en la tontería independentista. Nos dicen cómo debe ser la Marina de Guerra pero olvidan las libertades y las garantías básicas, o bien las echan a perder. No es excesivo temer un intento de regreso -que fracasará- a un tipo de "democracia orgánica", expresión de tan repugnante recuerdo.

Que yo sepa, no hay mejor prueba de la petulancia intelectual injustificada de Jordi Pujol que una conferencia que pronunció el 8 de octubre de 1996. Me entregó el texto, poco después, Oriol Pujol, sin intermediarios. Su contenido es literalmente ridículo, groseramente contradictorio, del todo instrumental, de pura payasada soberbia. Tiene por título "CDC: propuestas de pensamiento y de acción". Ahora sabemos que detrás sus grandilocuentes y contradictorias frases escondía otra realidad. He conservado aquel texto durante cerca de veinte años para hacerlo público cuando cayera la máscara que siempre ha llevado Pujol. Siempre he creído que esto pasaría. La tomadura de pelo me parecía demasiado grande, como inmensamente insolentes han sido sus pretendidas memorias. Volveremos a hablar de ello.

Sin testigos

Uno de los dramas que ha impuesto Pujol es que ahora ya no queden testigos de sus muchas fechorías. Muchos han muerto y aún más han sido anulados, neutralizados o manchados. Ha habido un exceso de buena fe por parte de un montón de pujolistas originarios. Ahora bien, yo tuve la suerte de conocer a uno de los primeros y más honrados pujolistas: Jaume Casajoana (1930-2001). Sería magnífico que estuviese vivo. Habría visto cómo todos sus presagios -murió siendo profundamente crítico hacia Pujol- se han cumplido.

Jaume fue quien me explicó hechos insólitos. Por ejemplo, que Pujol le había dicho que se convirtió al catalanismo leyendo entradas de topónimos catalanes. Por ejemplo, Puigcerdà (¡qué placer!) o Vic (¡qué éxtasis!). Y qué decir de Poblet o de Montserrat. Por tanto, el ruralismo y el historicismo primitivo de Pujol serían muy reales.

Pujol, magnate vocacional de prensa

Otra confesión hecha por Pujol a Jaume fue que, si no se hubiera decantado por la política, hubiera querido ser un gran empresario de prensa. ¿Un "Ciudadano Kane"? ¿Un Hearst? ¿Un Murdoch? Veía la comunicación social como camino para alcanzar y mantener el poder. Esto reafirma, como lo ha hecho el reciente escándalo de CDC, su pasión totalizadora. No quería servir a la ciudadanía, con más conocimiento libre, sino satisfacer su enloquecida necesidad de poder. Como el final de los teoremas, se puede añadir CQD, "como se quería demostrar".

Esta pasión por el control social que puede otorgar la prensa le costó mucho dinero. Dominó el desaparecido diario ex carlista El Correo Catalán. Fue en el despacho de su director, Andreu Rosselló Pàmies, que conocí a Jordi Pujol, el 12 de junio de 1975. Horas antes había tenido lugar el famoso debate "Las terceras vías en Europa", en el Colegio de Abogados de Barcelona. Él fue uno de los ponentes, y yo asistí como un muy joven periodista, corresponsal de la revista Guadiana. Encontré a Pujol sentado en la mesa de consejo del despacho, llena de galeradas. Tenía un lápiz rojo en la mano, para retocar o censurar la nota periodística del día siguiente, referente al acto en el que él había participado.

Paralelamente, Pujol se había quedado con la revista Oriflama -donde se enfrentó con toda la redacción-, con la editora discográfica EDIGSA (más problemas), con la Gran Enciclopedia Catalana (que llegó a ser ocupada por los trabajadores, entre ellos yo mismo), una distribuidora de libros en catalán y algo más. Más tarde vendría el follón de la revista Destino, que también había comprado.

Banca Catalana

En 1959, Pujol había fundado Banca Catalana, teniendo como mano derecha a Francesc Cabana, su cuñado, el mismo al que, más tarde y durante muchos años, no dijo nada (como tampoco hizo con su hermana y esposa de Cabana) de la herencia de su padre. Como nota de color familiar es significativa respecto a la desvergüenza de Pujol.

El capital inicial de Banca Catalana fue puesto por su padre, Florenci Pujol Brugat, y por el financiero judío sefardí David Tennenbaum. Este era muy sionista. Tanto es así que años después decidió emigrar a Israel, con su familia. Uno de sus hijos ingresó en el ejército israelí.

La relación entre Florenci Pujol y Tennenbaum había surgido por el tráfico de divisas, entonces ilegal, que habían efectuado a través del mercado libre de un Tánger que era una zona internacional. Operaba un banco que dirigía Josep Andreu Abelló. Este también fue accionista fundacional de Banca Catalana, antes de ser el jefe de una facción izquierdista de ERC, contraria a la de Heribert Barrera. Josep Andreu fue más tarde miembro fundador del PSC y senador por este partido.

Es una obviedad afirmar que, desde el primer momento, Banca Catalana sirvió para ir articulando el partido de Jordi Pujol. Me lo explicó con detalle Eduard Tarragona, que entonces era "procurador en Cortes". Un día me invitó a comer en una finca que tenía fuera de Barcelona y me dio detalles, bien precisos. Tarragona y muchos otros, por ejemplo Manuel Ortínez, padre y principal protagonista de la operación de retorno de Tarradellas, me dijeron desde el primer momento que la mezcla de banco y política (entonces hecha en las catacumbas) terminaría en un gran desastre, como mínimo para el banco. Así fue. Este será el tema de un próximo artículo de esta serie.

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