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Entresijos de la fiesta privada de los Mas en Palacio

TV3 convierte a Mas en el presidente de la Generalidad más importante de la historia mientras los pelotas fotografían la firma del conducator. Donan la estilográfica al "Museo de Historia de Cataluña".

6 min
Pablo Planas
Domingo, 28.09.2014 11:32

La noche del 26 al 27 de septiembre, el presidente de la Generalidad, Artur Mas, pernoctó en la "Casa dels Canonges". El 27 se levantó, haría lo que tenga por costumbre a esas horas, y se vistió con el mismo traje con el que casó a su hija Patricia el verano pasado en Fornells. A las 10:35 firmó el decreto de convocatoria del referéndum del 9 de noviembre. Lo hizo en el Salón de la Mare de Deu de Montserrat del Palacio de la Generalidad, engalanado para la ocasión con la señera que preside la sala ordinaria de los consejos ejecutivos. El mástil es del escultor Subirats, recientemente fallecido. La bandera está cosida a mano y coloreada con tintas procedentes de Mallorca. Fue pagada por suscripción popular y entregada a Jordi Pujol en 1982. La pluma con la que firmó Mas es de la marca catalana Inoxcrom y ha sido donada al Museu d'Historia de Catalunya. El decreto lleva el número 129/2014, que coincide con que Mas es el 129 presidente de la Generalidad.

En el acontecimiento estuvieron presentes el Gobierno autonómico en pleno, así como representantes de casi todos los partidos que apoyan el referéndum. Destacaban Oriol Junqueras, David Fernàndez y Quim Arrufat, que lucían para la ocasión sus mejores galas, pantalones vaqueros incluidos. Nada más firmar, la selecta concurrencia prorrumpió en aplausos. Mas, también aplaudía. Todos se aplaudían y no había un señor Lobo que detuviera la autosatisfacción chorreante. Ya complacidos, el grupo se abalanzó sobre la criatura (el papel con el garabato) para fotografiarlo. Tras un discurso dirigido a Cataluña, España y el resto de Europa, Mas, acompañado de Junqueras y de Núria de Gispert, presidenta del Parlament, salió a la plaza, donde una multitud enfervorecida les ovacionó. Por la noche, TV3 emitió una entrevista de hora y media con Mas a cargo de la incisiva, penetrante y perspicaz Mònica Terribas.

Es decir, traje, pluma, bandera, salón, discurso (con la impagable escultura de San Jorge a modo de guardaespaldas), vuelta al ruedo y masaje nocturno. Un día redondo. Fiestón. Llevaban tiempo preparándolo en Can Mas. La esposa del presidente, Helena Rakosnik, lucía una blusa inspirada en los años setenta y pantalones blancos, tal vez demasiado informal para la ocasión. Sin embargo, eso le permitió no desentonar con las otras damas presentes en el evento ni con las animadoras de la plaza de San Jaime, Carme Forcadell y Muriel Casals, que amenizaron el jolgorio banderil.

Esta es la descripción escueta de la primera convocatoria de un referédum independentista en España. La confusión es total. Mas durmiendo en la Generalidad, cosa que no pasaba desde que Marta Ferrusola echó a Pujol de casa. La señora de Mas, primera dama de un país en el que no hay primera dama, como maestra de ceremonias. El traje de la boda, la estilográfica Inoxcrom, la señera... Esta es la "información" que la Generalidad transmite a sus medios y sus medios redoblan y rebotan a la población. Se consuma la convocatoria y el "relato" es el de una boda o un bautizo, con Francesc Homs y Santi Vila haciéndole fotos al recién nacido, al que llaman "consulta no refrendaria" pero es un referéndum de tomo y lomo, o sea, vinculante y pretendidamente legal. Con dos cojones.

Parece inocuo. Una celebración familiar, un acto emotivo, plagado de simbolismos, en el que por abreviar se presenta a Mas como el "president de Catalunya" y la pluma acaba en un museo de las glorias catalanas. No hubo brindis ni saludo desde el balcón porque era muy temprano para empezar a privar y porque lo del balconing vendrá después, de aquí a pocos meses y hay que preservar el icono.

Pero no es inocuo. Es un exceso tras otro. Se asiste a la transformación de Artur Mas en el más importante presidente de la Generalidad de todos los tiempos, se le pone al decreto el número de su presidencia, se reviste el acto de un tono caudillista y los pelotas le hacen fotos al decreto, a un garabato impropio de una persona con un mínimo sentido de la contención. Y todo eso retransmitido en directo, con profusión de detalles tan importantes como que el traje del señor Mas es el mismo que el de tal ocasión. ¿Pero quién puede reparar en algo así? ¿A quién coño le importa realmente? Evidentemente, tan significativo dato sólo puede proceder del entorno de Mas o del propio Mas, que se cree ya parte de la historia.

Y lo es. Mas ha entrado definitivamente en la historia. Pujol engañó a los catalanes, no a todos pero sí a la mayoría que le votaba y le adoraba. Mas no ha engañado a nadie. Ha hecho algo peor: partir Cataluña en dos, abrir una herida, provocar una fractura y revolver en la herida. Se ensaña y no le importa lo que pueda pasar, los efectos sociales, culturales, económicos y políticos de su gestión.

Caso de que se pueda recomponer la situación, será muy difícil y costará mucho tiempo. Si pasa lo que tiene que pasar, las elecciones autonómicas se celebrarán antes que las municipales y en un ambiente de tensión propicio a la movilización independentista. El resultado podría desencadenar una declaración unilateral de independencia, que parece el único supuesto en el que la Moncloa está dispuesta a recurrir al artículo 155 de la Constitución.

En comparación con Mas, Pujol es un tipo entrañable, un maestro gruñón que no predica con el ejemplo, pero nadie es perfecto. Además, ahí está el fiel Mas, el joven apuesto que empezó en Tipel, el hombre de confianza, "conseller en cap", el "hereu", para taparlo todo. Le pides una cortina de humo y te monta un incendio de tres pares. Junqueras no sale de su asombro.

Primer día de la campaña del 9N. Ya hay anuncios en los periódicos. Será una farsa, pero parece que va en serio.

28 de septiembre, Alarico, Ausencio, Eustiquio, Everardo, Fausto, Marcial, Silvino y Wenceslao.

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