La doble farsa del 18 brumario secesionista

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Martes, 2.09.2014 08:39

En el hermoso calendario revolucionario francés, el mes brumario equivalía a nuestro noviembre y el 18 al 9, lo cual nos permite rastrear en un certero texto de Karl Marx, con ese título El 18 brumario, algunas ideas que bien pudieran ser de aplicación, salvando el tiempo y las distancias, pero quedándonos con la farsa grotesca, a este Movimiento Nacional Secesionista que nos ha tenido entretenidos y divertidos va ya para dos años, aunque no parece que la criatura rebelde llegue a cumplir los tres, al menos tal y como hasta ahora ha ido creciendo, porque es más que probable que ahora inicie una fase menguante que la acabe devolviendo a los orígenes ideales en los que nació, una cómoda nube xenófoba, onfalocrática y narcisista desde la que siempre ha llovido una interesada llovizna victimista.

No son pocas las ideas brillantes que Marx dejó en su breve análisis político de una situación muy alejada de la nuestra, pero, en esencia, bien próximas, porque los golpes de estado suelen acabar, siempre, de la misma manera: en dictadura

Al decir de Marx, Hegel se olvidó de añadir, a su teoría de que los grandes hechos y personajes se producen dos veces, que lo hacen una vez como tragedia y otra vez como farsa, a lo cual se ajustan escrupulosamente, por riguroso orden, Companys y Mas, aunque, para ser fieles a la verdad, en el propio Companys, en 1934, ya había mucho de farsa respecto de la proclamación de Macià en 1931. En cualquier caso, lo importante es esa repetición en clave de sainete que ha movido a tantos catalanes desde hace dos años, convocados para una representación que ha provocado una inconmensurable vergüenza ajena en el resto de catalanes, sobrepasados por la temeridad, el aventurerismo y el populismo patriótico de raíz lepenista y padaniesca que aún, muy debilitado por los últimos movimientos dictados por el principio de realidad que ha hecho lo que queda de CiU, pretende llegar a ese 18 brumario para perpetrar el golpe de estado que supone la “obediencia” a la inexistente “legalidad catalana”.

No son pocas las ideas brillantes que Marx dejó en su breve análisis político de una situación muy alejada de la nuestra, pero, en esencia, bien próximas, porque los golpes de estado suelen acabar, siempre, de la misma manera: en dictadura. Por suerte para nosotros, el caudillismo secesionista lo es tan de opereta, desde Mas a Junqueras, pasando por la Casals o la Forcadell, ¡y no digamos ya el sandaliero cupaire o los monaguillos iniciáticos!, que incluso sus propios seguidores son conscientes de su escasa talla política para dar y consolidar ese golpe de estado. Más se les ve, por el contrario, capaces de dar un golpe al estadillo de las cuentas presupuestarias, en la línea del césar pujol –las minúscula se la han puesto sus seguidores, que conste–. En el caso de Movimiento Nacional Secesionista, sin embargo, no se ha cumplido el juicio de Marx, según el cual en un momento en que la misma burguesía representaba la comedia más completa, pero con la mayor seriedad del mundo, sin faltar a ninguna de las pedantescas condiciones de la etiqueta dramática francesa, y ella misma obraba a medias engañada y a medias convencida de la solemnidad de sus acciones y representaciones dramáticas, tenía que vencer por fuerza el aventurero que tomase lisa y llanamente la comedia como tal comedia; porque aquel aventurero del que habla Marx, Luis Bonaparte, en modo alguno es comparable al nuestro, el NHMas, porque éste, ¡infeliz!, se ha revestido de la falsa solemnidad que tan bien describió Augusto Monterroso y poco menos que ha estado a punto de inmolarse en pleno sainete, cometiendo una falta de decoro que da a entender el alcance de sus escasas luces.

Según Marx, la revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado; pero repetidas veces hemos oído por parte de los secesionistas que la República Falorniense a la que prometen llevarnos con su golpe de estado pretende enlazar o con los mil años de historia o con el 10 de setiembre de 1714, y todos asienten, pseudoizquierdistas, antisistema y derechas tartufistas.

Después de la revolución proletaria que acaba con el reinado de Luis de Orleans, la República burguesa, agrupados todos en un Partido del Orden que consigue machacar al movimiento proletario (3000 muertos y 15000 deportados sin juicio), se abre un periodo constituyente que ofrece una constitución presidencialista en la que, según Marx, la Asamblea nacional elegida está en una relación metafísica con la Nación, mientras que el presidente elegido está en una relación personal. La Asamblea Nacional representa sin duda, en sus distintos diputados, las múltiples facetas del espíritu nacional, pero en el presidente se encarna este espíritu. El presidente posee frente a ella una especie de derecho divino, es presidente por la Gracia del Pueblo. He ahí, enunciado, el molde al que se ajustará el golpe de estado de 1851 ejecutado por Luis Bonaparte, una constitución que, curiosamente, parece haber sido el modelo de actuación del pujolismo durante su larga etapa de rancio patriotismo, aun a pesar de ser una autonomía del estado español.

La alianza contranatura forjada por el Movimiento Nacional Secesionista tendía que acabar explotando en un momento o en otro, a causa de sus propias, ¡y flagrantes!, contradicciones internas

El panorama político del Segundo Imperio, dirigido por Luis Bonaparte, lo resume Marx de forma admirable en una descripción que mutatis mutandi se ajusta impecablemente a lo que ha sido, a lo que está siendo, el proceso secesionista: alianzas cuya primera cláusula es la separación; luchas cuya primera ley es la indecisión ; en nombre de la calma una agitación desenfrenada y vacua; en nombre de la revolución los más solemnes sermones a favor de la tranquilidad; pasiones sin verdad; verdades sin pasión; héroes sin hazañas heroicas; historia sin acontecimientos; un proceso cuya única fuerza propulsora parece ser el calendario, fatigoso por la sempiterna repetición de tensiones y relajamientos…(…) Si hay pasaje de la historia pintado en gris sobre fondo gris, es éste. Hombres y acontecimientos aparecen como un Schlemihl* a la inversa, como sombras que han perdido sus cuerpos. Es evidente que punto por punto, empezando por el primero, con esa hiperextraña alianza de separación entre DRC y CiU, y acabando en el último, el del calendario, todo se ajusta a la perfección. No es menos cierto que se me puede achacar que saque la cita de contexto, pero el contexto político marco, el del golpe de estado en uno y otro caso es el mismo. Los juicios de Marx adquieren una trascendencia que va bastante más allá del caso concreto que analiza, como en este ejemplo: Y así como en la vida privada se distingue entre lo que un hombre piensa y dice de sí mismo y lo que realmente es y hace, en las luchas históricas hay que distinguir todavía más entre las frases y las figuraciones de los partidos y su organismo real y sus intereses reales, entre lo que se imaginan ser y lo que en realidad son. De ahí que muchos intuyéramos, para nuestra tranquilidad, que la alianza contranatura forjada por el Movimiento Nacional Secesionista tendría que acabar explotando en un momento o en otro, a causa de sus propias, ¡y flagrantes!, contradicciones internas. Al fin y al cabo, como bien vio Marx también: Ningún partido exagera más ante él mismo sus medios que el democrático, ninguno se engaña con más ligereza acerca de la situación, algo que resulta evidente respecto de los conjurados para la secesión de Cataluña.

Para concluir, podemos hacerlo con un juicio de Marx que a pesar de su radicalidad continúa teniendo una vigencia que asombra: Hacía falta padecer aquella peculiar enfermedad que desde 1848 viene haciendo estragos en todo el continente, el “cretinismo parlamentario”, enfermedad que aprisiona como por encantamiento a los contagiados en un mundo imaginario, privándoles de todo sentido, de toda memoria, de toda comprensión del rudo mundo exterior. Si a eso le añadimos la condición de supervivencia de un movimiento golpista -a juicio de Marx: Un gobierno fuerte e impuestos fuertes son cosas idénticas-, tendremos una razón de peso añadida al clamoroso fracaso del golpe de estado que el Movimiento Nacional Secesionista lleva preparando –al menos públicamente– desde hace dos años, y al que los más alienados aún no han renunciado. Ya lo harán.

*Personaje de la inquietante novela de Adelbert von Chamisso, La maravillosa historia de Pedro Schlemihl, de amena lectura.

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¿Quién es... Juan Pérez?
Juan Pérez

Catedrático de Instituto jubilado y crítico de cine en CRÓNICA GLOBAL. Es autor del blog 'Provincia mayor que el mundo eres...'.